domingo, 13 de noviembre de 2011
domingo, 1 de mayo de 2011
Viaje a la unidad vía México
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| Imagen: Aci Prensa |
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| Imagen: static.aztecanoticias.com.mx |
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| Homenaje a Juan Pablo II en el estadio azteca Imagen: Telediario.mx |
domingo, 17 de abril de 2011
Una luz en el prostibulo
15 de enero de 1988. ¿Qué hacemos? Ese día cumplía 18 años y con Charles Rubens, compañero del Martín Zapata, que tres años antes –cuando empezaba el día y lo terminaba sólo escuchando “Rocas Vivas, se mueven las sillas, te quiero ver bailar” me había enseñado una ingeniosa técnica de estudio para aprobar los tormentosos y complicadísimos exámenes de Contabilidad- nos lanzamos a la calle para hacer lo que legalmente ya se podía a partir de los 18: ir al cabaret. Si bien desde hacía dos años que ese colegio se había convertido en mixto, la amistad con las chicas del curso era demasiado formal y respetuosa como para pasarlas a buscar (en colectivo, porque de autos, ni ahí), llevarlas a bailar, pagar la entrada del boliche, el trago, el taxi que la llevara a su casa y de ahí la limousine o lo que me arrastrara lo más cerca posible de mi domicilio. Salía más barato comer un pancho en Aruca, frente al Normal. y arrimar al boliche bizarro de la galería Caracol, o lo que por ahí cerca estuviera perfumado por delicioso sexo opuesto. Así fue que caímos a un cabaret chanta de la calle Las Heras, llegando a Mitre. Tan chanta que no tenía nombre.
Entre que entramos y no entramos, más los cinco mangos que se esfumaron con los panchos, miramos para arriba y sin pensar abrimos la puerta y entramos: veinte pesos (para lo que era ese entonces, más o menos). Negociamos. 18,5. Listo, nos sentamos en un sillón con amplia vista al escenario. Las muchachas ojos de video tape porno vinieron por nuestros tragos para ellas. Dos moneditas que valían cero pesos. Nos fuimos así como entramos, sin terminar de escuchar la canción de 9 semanas y media, que en esa época ponían hasta en la Fiesta del Melón y la Sandía, en Costa de Araujo. Al cohete, si bien Charles Rubens me enseñó a sacarme 9 en Contabilidad, en esa noche los dos fuimos un 3,5. Es el único caso en que podés elevar la nota poniendo más dinero, por lo que suponemos que la conciencia de ambos estaba configurando un código fácil de interpretar pero difícil de aceptar. Tal cual era la primera vez que aterrizábamos en un cabarute y seguramente no volveríamos a pisar uno hasta el día en que nuestros bolsillos se emanciparan y comenzáramos a ganar como escribanos. ¡Qué gente de principios éramos? Sin dudas que si cerré esta exclamación con una interrogación fue porque teníamos muchos principios pero muy pocas veces finalizábamos. Fue por eso que decidimos juntar el doble de plata e ir el sábado siguiente a Tiffanys, el mejor cabarute céntrico -calle España, entre Rivadavia y Peatonal- que había en la Mendoza de los ochenta. Y llegó ese sábado a la noche (¡qué rápido pasó!). Nos vestimos mejor. Esta vez, con los bolsillos asegurados. Llegamos a la puerta de Tiffanys. Oscuridad hasta en el color del traje del engominado vigilante de la puerta. Faltaba el bulldog. No nos pidieron el DNI porque yo ya medía casi un metro noventa, aunque el acné me daba menos de 18. ¿A cómo la entrada? "Cuarenta pesos, muchachos". Era todo lo que teníamos. Poniendo estaba la gansa. Bolsillos vacíos otra vez. Entramos y la primera escena mostraba el claroscuro de la conciencia que describe ciertas escenas de noches con mujeres exuberantes en los films mafiosos de Scorsese. La misma situación que siete días atrás: bolsillos en default para el micro de vuelta. Decí que Charles Rubens traía el abono del colectivo 30 que cada amanecer lo llevaba de la Paso de los Andes de Godoy Cruz hasta el Martín Zapata.
"Hola muchachos", rugió la primera leona, cuarentona y pico special, nomás. No fue esa gran cosa de un cabaret que cualquiera te cuenta con voz narradora de campeón del mundo cuando en los recreos había que contar una experiencia ganadora que jamás había hecho en la vida. Ella me miró como si su conciencia, bien cubierta por su cuerpo, tuviera una carta escrita con el alma para mi. La escuché:
"Mirá, yo soy madre de tres hijos y tengo que hacer este trabajo porque no alcanza con lo que trabaja mi marido. Una al final se acostumbra pero, ¿sabés qué? Vos sos un muchacho (ojo: no dijo "creo que vos sos un muchacho") que tenés que ganarte las minas en la calle. Los hombres que vienen acá son perdedores. Vos sos joven y este lugar no es para personas como vos. Macho es el que enfrenta a la mujer cara a cara y no a las escondidas y con dinero y poder, como es acá, ¿me entendés?".Para zafar se me ocurrió preguntarle si allí caían los diputados o senadores de la Legislatura y ella no sólo me contestó que sí, sino que agregó que sus clientes también eran esos hombres de poder que jamás cualquier mendocino imaginaría. Está claro que esto último no fue lo más importante que me dijo. Nos fuimos (sí, más vale, vimos un show, para decir luego que tuvimos la experiencia de ir a un cabaret y listo).
El regreso a la plaza Independencia para tomar el colectivo fue silencioso. Madrugada del domingo, día del Señor, con un ángel de la guarda que nos acompañaba con las manos en los bolsillos, imitándonos. Alguien dijo que cuando hay palabras de amor es porque Jesús está en medio de nosotros. Y quizás esta señora, que sinceró su cruz ante nosotros, vio a Jesús en nuestras miradas y su mensaje, desde ese infierno ricotero y rico de placer, fue directo a esa persona que sabe que la ama en forma incondicional. Fue una luz donde menos los esperábamos.
Ninguno de los dos jamás regresamos a un cabaret y como ella dijo, finalmente el amor de mujer nos llegó a la vuelta de la esquina.
martes, 22 de febrero de 2011
Gracias a la guitarra
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| guitaracordes.com |
Tres mamás de alumnos vinieron a pedirme explicaciones. Las recibí en el aula y en menos de tres minutos ya estaba todo dicho: “Nunca tomó apuntes y nunca estudió. ¿Se acuerdan cuando nosotros íbamos a la secundaria? Al menos, hasta el peor de los alumnos tomaba apuntes. Su hijo, ni eso. Si lo dejo pasar a noveno, la profesora que vendrá tendrá el doble de trabajo”. Las respuestas de ellas tenían que ver con la necesidad de confesar problemas familiares, de miedos al futuro y de la impotencia de que su hijo no reconozca el esfuerzo que hoy hacen sus padres para llegar a fin de mes. ¿Nosotros no éramos así, acaso? Puede que sí, pero intentábamos evitar meter mucho la cabeza en la realidad. Es la Edad del Pavo. Así se lo llama en la vida real.
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| Toco y Canto, junto a Cantarrock fueron las revistas que me enseñaron a tocar la guitarra. |
La experiencia de tocar la guitarra al cierre de un trimestral le había cambiado el rostro a un curso de alumnos de primero del Polimodal. Poniéndome en el lugar de ellos, y sí, rendir es feo. Entonces cerremos el examen con una guitarra y buena música. No sé si iba a resultar en un octavo. Pero la sorpresa fue que Tomás entró al aula con la guitarra, luego de rendir su espantosa prueba.
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| guitarraparatodos.com |
Se me escapó la pregunta difícil: ¿qué canción sabés tocar? Cuando tenía 13, en el Zapata, aprendí a tocar guitarra en la coprogramática del sábado. Si me preguntaban qué canción sabía tocar mi deseo hubiera sido “Del 63”, del primer disco de Fito, pero tenía tantas notas imposibles que prefería decir “Del 63, pero todavía no aprendí a tocarlo bien”. Mi respuesta de fondo era “yo quiero tocar rocanrrol, pero no conozco una canción que sea fácil de tocar porque recién estoy aprendiendo”. Un tiempo después, en la Toco & Canto, salían los acordes de “La rubia tarada” de Sumo: todo en MI mayor. Pudo haber sido mi primera canción, pero bueno, tenía la cabeza puesta en Charly y Fito, como casi todos. Volviendo a Tomás él se atrevió a intentar tocar una canción. Lo intentó, pero ese intento fallido fue mucho más que ver a un guitarrista que la descose con un tema que no le sacuden las fibras.
Le pedí la guitarra (está mal: en el aula los protagonistas son los alumnos, no el profesor) y toque dos temas míos. Se acercaron los revoltosos y revoltosas. Me miraban distinto. Parecía que recién allí tenían ganas de aprender. También parecían experimentar lo que se llama recibir amor a través de la expresión musical. Tenían ganas de quedarse allí. El peor alumno y más callado del curso se puso a filmar con el celular (sonamos). Terminé los dos temas y le devolví la guitarra a Tomás. No recuerdo qué pasó después.
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| taringa.net |
Lo que sí pasó es que a la semana siguiente aprobó Lengua. No se la tenía que llevar a marzo. Y después de rendir volvió con la guitarra. Y después me dijo que quería formar una banda conmigo y con otro de los alumnos más revoltosos. La temperatura de la brújula de la vida se elevó al punto que sus fibras se removían al punto de querer gritar “mi primera canción será una canción mía, quiero que sea ya”.
Un regalo de la vida fue para mi. Contagiar a alguien de lo más lindo que uno ha vivido y en el momento justo para contagiarlo, porque al ver cómo muchos alumnos le gritan y hasta le pegan a sus compañeras de curso, que alguien encuentre una buena forma de expresarse, que le abra la cabeza y el corazón, es una bendición, sobre todo, porque ya comienza a encontrarle sentido a la vida. (Aclaración: Tomás no es su nombre verdadero).
viernes, 5 de noviembre de 2010
La musiquita
Ahora estoy escuchando la radio online “80 Nacional” de Cienradios.com.ar. Dentro del paquete de radios online de esa web es la que más se escucha. Por suerte, dentro de su paquetón –que incluye a Calamaro, Soda, Charly, The Police, Pink Floyd, lo mejor de los 70 y no sé cuántos más- no incluye una radio online que suene semejante a un lavarropas (concretamente, no hay cumbias villeras ni nada de eso).
El domingo pasado la Mona Jiménez se despidió de Mendoza para siempre en la cancha del Lobo del Parque. Fue gente, sí, es cierto. Pero es la Mona Jiménez. ¿Y el Videlazo que se hacía en el estadio? Por suerte que “se hacía”. En fin, a lo que voy es que la música….
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| http://www.infojardin.com/foro/showthread.php?t=122241&page=2 |
En los 80 y los 90 la música leía el alma y te pintaba el momento más felíz que querías vivir en la vida. A tal punto fue mi caso que tuve la suerte de armar dos bandas de rock, La Tripa en Buenos Aires y La Cachorra en Mendoza. Y parecía que el hecho de tocar un tema propio en una banda se aproximaba a lo que más quería en la vida. No sé por qué lo sentía así pero lo que estaba comunicando con esas canciones tenía mucho que ver conmigo, con esas cosas que justamente no logro comunicarlas con palabras, pero que sé que son cosas buenas y comunes a todos.
¡Y ahí está la diferencia: música vs….musiquita! Soñar porque es posible vs no soñar porque todo huele a cementerio. Soñar porque me esperan muchos años de amar y recibir amor vs soñar con nada porque hoy la sociedad te lo sirve todo en bandeja, inclusive la tentativa oferta de no hacer nada porque siempre porque nada vale la pena.
La música te puede llevar a lo más alta y eso sí que uno se da cuenta. Pero la música también puede decirte lo chato que estás y eso sí que uno no se da cuenta.
La música es el alma. La musiquita es apenas una descripción del cuerpo. Ahí está la diferencia.
jueves, 7 de enero de 2010
Arrancó el 2010 hablando de Perón con su suegra
Sin embargo lo que hay detrás de esta cosa es la historia de un talento mendocino que deja la provincia porque aquí no consigue trabajo.
Así como mi cuñado Pepe dejó Mendoza hace 20 años para hacer un master en agronomía y un doctorado en bioconservación de especies en Estados Unidos y su mujer, Titi, mi hermana, lo mismo para hacer un master en vivienda social, mi amigo Toribio (usaremos un apodo vacuno para referirnos a él y a su mujer, en este caso, Aurora) se fue hace dos años a San Luis -otro país se puede decir también en este caso- para hacer un doctorado en bioquímica. Cuando yo lo conocí era un tipo apolítico y su ahora mujer, Aurora, una mina simpática y de familia radical. Toribio está becado por el Conicet y afirma que lo único positivo de la era Kirchner fue el aumento de sueldo a los científicos argentinos y a los jubilados.
Pepe y Titi se las arreglaron solos, con las reglas de juego de allá, y se puede decir que recién ahora están empezando a cosechar lo que fue su larga siembra. Ambos trabajan en la universidad de Illinois, uno como docente universitario y científico y la otra, en el área de eventos. Para llegar a tales puestos, hace 20 años ambos se proyectaron y habrán visto hasta dónde podían llegar. El caso de Toribio y Aurora fue distinto. Estando en San Luis hicieron el ejercicio de proyección de vida: ya nos casamos, ahora queremos un laburo y crecer económicamente también. Pero soy científico y ella, docente de personas con capacidades especiales. ¿Qué hacemos? Click, respuesta: ¡metámonos en política!. Y en ese otro país que queda cruzando el Desaguadero, meterse en política significa ser PJ adolfista. Antes, él era apolítico y ella radical. Hoy, ambos se hicieron peronistas para ganar un poco de plata y crecer ¡¡dentro de su propia profesión, no recibiendo la guita subsidiada de arriba!!
Con esta introducción y nudo comprenderán por qué el desenlace fue Toribio hablando de Perón con su suegra radical toda la noche del nuevo año.
Toribio se recibió de bioquímico hace tres años en San Luis. Vino a Mendoza y pasó 12 meses tirando currículums debajo de las puertas. Ni el gato se percató de que estaba ante un científico brillante, que en estos días está patentando en el Conicet su primer invento: un detector de bacterias en las manzanas, para agarrarlas a tiempo antes de que maduren averiadas. Según me dijo, en Europa el modelo más parecido y por ende, menos actualizado, al que hizo él se pagó 500 millones de dólares por la patente para su comercialización. Y lo que Toribio hizo para las manzanas también servirá para las uvas y ésto puede ayudar a evitar una mala cosecha por culpa de los bichitos de campo, tardíamente detectados.
La cuestión es que acá no le dieron bola y se fue a San Luis. Le salió el doctorado y para hacer carrera en la universidad estatal de esa provincia, sí o sí debe incursionar en la política. Y lo mismo su mujer de origen radical si quiere conseguir un buen laburo de docente para personas con capacidades especiales.
Así como a mis amigos puntanos les fue bien el contacto con la política, todo lo contrario sucedió con Pepe y Titi. El primero siempre soñó con volver a Mendoza. Un día, en Denver, Estados Unidos, se encontró con un sanrafaelino que acaba de ser electo gobernador de Mendoza. Lo invitó a volver a la provincia. Pepe hizo el doctorado y fue a probar suerte a Mendoza. Nada. Yo lo acompañé a Casa de Gobierno para hablar con ese gobernador que se encontró allá y nada, a otra cosa. Allá le va bien y eso se entiende.
Conclusión: Sería erróneo decir que por culpa de Perón muchos mendocinos dejan para siempre nuestra provincia. Aunque dejar Mendoza implique ciertos episodios extraños como el que titula este post.
martes, 15 de septiembre de 2009
Último momento: ¡Se puede vivir sin Google!
miércoles, 26 de agosto de 2009
Remiseros

martes, 18 de agosto de 2009
Videojuego vs fulbito

martes, 23 de junio de 2009
El taxista

lunes, 25 de mayo de 2009
Para qué me sirvió ir al Martín Zapata

martes, 23 de septiembre de 2008
Médicos residentes
jueves, 18 de septiembre de 2008
Un cierre polémico
domingo, 24 de agosto de 2008
Morir por los demás
Tengo la sensación de que el cura Contreras no murió pobre, sino más bien todo lo contrario. Es lo mismo que se siente cuando uno empieza a cosechar tras haber trabajado toda la vida para enriquecer el corazón de los demás. Si todos los que hoy viven confundidos y desesperados entendieran este mensaje podríamos hacer un diario con menos noticias policiales. Reconozco que es tan difícil como imposible hacerlo, porque no seamos hipócritas: esto de vivir para los demás no lo hace nadie que tenga hoy trascendencia en los medios. Pero el sólo hecho de pensar en esta posibilidad me tranquiliza y me hace sentir paz.
Me da la impresión de que darlo todo y vivir para otros (y no vivir "de" otros) es la fórmula más completa de la vida. Pero qué difícil, ¿no? (pero en el fondo qué bueno, porque hay que estar realmente loco para hacerlo).
jueves, 21 de agosto de 2008
Mentiras en casa
Ella se sintió medio estúpida por haberle confesado a su amiga que nunca le miente a su marido, aunque tenga que decirle la verdad mucho tiempo después.
"Claro, la mentirita se ha institucionalizado", se atrevió a comentarle otra amiga. "Además no pasa nada, o te creés que ellos tampoco lo hacen", agregó.
Recuerdo cuando en agosto de 2006 viví el fin de semana de novios del movimiento Encuentro Matrimonial (un taller de comunicación católico) que aprendimos que "el amor es una decisión" y esa decisión implicó entregarme del todo a ella y ella del todo a mi, como más tarde aprendí de las innumerables charlas de Guillermo y Graciela Martínez, de los Focolares.
Suena muy lindo decirlo. Pero la peor decepción es cuando lo ponés en práctica y tropezás. A veces me he preguntado si conviene compartir todo o no, o bien, ocultar cosas que sé que pueden caer mal en mi pareja. Siempre está esa idea porque se trata de pensar con estrategia, pero confieso que cuando lo he hecho terminé sintiéndome muy mal, porque descubrí que ella igual te entiende y que se sentirá mejor si no le ocultás la mentira, por más pequeñita que sea. Es verdad que a veces son cosas tan estúpidas que ni siquiera tienen sentido (como lo puede ser ver algo sensual y desnudo en Youtube) pero cuando lo hacés una vez y se te ocurre pensar cómo sería la cosa si a vos te estuvieran ocultando algo, realmente no me sentiría para nada bien, y lo entiendo así, siempre y cuando se entienda que nada de todo esto altera la decisión de amar.
Ahora, supongamos que aceptemos que las mentiras pequeñas son saludables para evitar los despelotes, ¿cómo podría transmitir autoridad moral a mis hijos cuando yo sea padre? Como aún no lo soy zafo por poquito, pero eso es ser hipócrita, porque o sos un mentiroso o no definitivamente no lo sos. No tengo hijos pero sí tengo muchos sobrinos y realmente me da vergüenza cuando sé que puedo darles un buen consejo pero no se los doy porque no tengo autoridad moral dara darlo (ésto significa ser coherente con lo que decís, algo que quien lo escucha lo entiende porque alcanza a detectar la tonalidad de tu conciencia). Podrás decir que "la sociedad está acostumbrada a la mentira", sobre todo después de escuchar a Cristina cuando en su conferencia de prensa dijo que no se arrepentía de nada de lo que había hecho. Ahora, ¿institucionalizando la mentira zafamos de los que nos dice la conciencia? Supongamos, que en definitivamente sea así (un ateo inteligente te diría que la conciencia es una construcción cultural), ¿nos sentiríamos tranquilos si la mentirita se institucionaliza?
Creo que todos estamos de acuerdo con que preferimos que nos traten como a nosotros nos gustarían que nos traten, así que no creo que la mentirita institucionalizada tenga vía libre aquí. Pero parece, por lo que veo, (y vos también lo ves, supongo) que está muy institucionalizado en Mendoza.
Creo que la solución consiste en aceptarse uno tal como es y reconocer esas debilidades, saber detectar lo negativo que resulta esto a largo plazo (muchos, muchísimos divorcios se iniciaron a partir de pequeñas mentiras) y desde allí trabajar el diálogo hasta el fin, ya que si los dos aceptaron el amor como una decisión y la entrega mutua, el diálogo se hace sabiendo que siempre habrá momentos de ganar y momentos de perder.
Éste no es un tema lindo ni tampoco me gusta dar consejos; sólo es una opinión. Pasa que tengo la impresión de que no le damos bola cuando pasa porque, al igual que nos sucede cuando manejamos sin cinturón y a velocidad alta, creemos que no nos va a pasar nada.
jueves, 3 de julio de 2008
¿Qué tal sos como amante?
1. “…no estamos hablando sólo de amor, un sentimiento tan complejo como para reflejarlo con pocas palabras. En este caso nos referimos sólo a lo sexual”.
¿Por qué hay que separar el amor del sexo? ¿Por qué no pueden ir juntos? Para eso hacemos un test para seres humanos y otro test para muñecas inflables. En fin, es contradictorio y ridículo que yo vea a mi mamá y hermanas como un tipo de mujer y al resto de las mujeres como sólo objetos sexuales.
2. Velada social en un salón, invitados, copas y buena música. Vos:
- charlás con tus amigos y de vez en cuando buscás al otro/a con la mirada
- no te separás ni un minuto y seguís a tu pareja a todos lados
- permanentemente estás susurrando cosas al oído del otro
- mientras tu pareja va de aquí para allá, vos te quedás en un rincón
Ok, muy buenas las opciones, pero ¿por qué tiene que ser así? Por ejemplo, en el primero dice “copas y buena música” y la verdad es que la buena música ya no existe en ningún escenario de la noche mendocina, salvo que sea el bar irlandés de la calle Colón o uno nuevo que pusieron en una ex playa de estacionamiento en la calle Arístides. Con un “¿cumbia nena?” lo primero que hacés es contar cuánto tiempo resta para volver a casa. La opción segunda (charlar con amigos y pispear un poco) en realidad lo que sucede es que con la misma pareja compartís la charla con amigos, por lo tanto no es necesario mirarla si la tenés a 20 centímetro de distancia. La última opción (quedarse en un rincón) no le pasa a uno, sino a los dos, ya que si ponen música kitch, automáticamente te marginás a la mesa de los morfis y ella te va a seguir siempre, y como mucho te dirá “saludo a las chicas y en 20 minutos nos vamos”. Vamos a otro punto del test.
3. Viajan largo tiempo en un auto en una ruta desierta:
- a veces buscás la mirada de tu acompañante
- buscás tocar temas que tengan que ver con el sexo
- aunque el momento pueda parecerte erótico, dejás que tu pareja haga o diga algo al respecto
- hacés continuas alusiones sensuales.
Con el mayor de los respetos, ¿cómo va a ser erótico andar en una ruta desierta mientras manejás un coche que sabés que es un arma letal, a la velocidad que vas?
Pongamos como escenario la Ruta 40, en La Tosca, a 60 kilómetros al norte de San Rafael. Si estoy manejando, mi mujer o estará leyendo una revista o estará apolillando (o como mucho preparando el mate). Y más que en huevadas eróticas, lo único que estás pensando es llegar rápido a San Rafael, pero sin exceder la velocidad máxima y además, rogar para que no se te aparezca un camión con damascos, que te obligue a reducir la velocidad a 40 kilómetros por hora. No podés manejar con el bocho en paños interiores. Eso es lo que sucede en realidad. No conozco a nadie que haya hecho los juegos eróticos de Alexandra, la sexóloga, en un Fiat Spacio, en el medio de la parte más desértica de la ruta 40, a 110 km por hora. Otro bochazo para el test.
4. Comenzás a desabotonarle la blusa, ella se resiste:
- vos no insistís
- le sujetás las manos y continuás
- fingís aceptar para volver a la carga
- aunque interiormente dolido, hacés como si nada hubiera pasado
La verdadera respuesta es que vos llegás fulminado a la cama (porque manejaste mucho y llevaste a todas las amigas de tu mujer a sus respectivas casas, porque los taxis estaban de paro y no había colectivos a esa hora), te ponés el pijama y prendés el televisor o agarrás la revista Selecciones (¡qué viejo!).
Y lo que hace ella es desvestirse sola, porque a vos ya te está agarrando el sueño. Ahí la mirás un poco y encendés una luz de alarma con el siguiente mensaje: si te sacás el maquillaje en menos de diez minutos, yo aguanto; si tardás diez años, me duermo. Y la verdad es que ellas siempre escogen la segunda opción. Así es que cuando ella sale del baño, ya lista para acostarse, si no pusiste el despertador del celular, habrá que esperar para otra ocasión.
En fin, este tipo de test suelen olvidar algunas respuestas que sólo te lo da la experiencia de la vida que no todos viven. Por ejemplo, no conozco algún test de pareja que incluya como opción “ella me transmite paz y confianza” a la hora de calificar por qué te enamoraste o por qué hay amor. Es que este tipo de respuesta la encontrás por sorpresa cuando te llega el momento y te da a entender que en el fondo (tanto de lo sexual como de lo amoroso), lo que vos querés es una solución y no un problema, y también alguien que esa transmita paz que silenciosamente te conquista para siempre y ayude a que los dos sean uno.
Las veces que he charlado de este tema con este tono pareciera que la gente se aburre (porque estos casos no hay razones para reírse de alguno de los dos).
martes, 1 de julio de 2008
¿Y la experiencia?
Cuando llegaba a Mendoza, si bien todos me preguntaban por cómo eran las mujeres –siempre con el mito de que es más fácil afuera que en Mendoza- lo primero que hacía era contarles esas experiencias, que parecía fantástico que aún aquí nadie las aplicara. Por ejemplo, la campaña contra los accidentes viales en Brasil.
Vas por la ruta hasta Paso de los Libres, Corrientes. Cruzás a Uruguayaza, Brasil y en la ruta, hasta Porto Alegre, para dar un ejemplo, cada trescientos metros tenés un cartel que te dice “¿Duda? No pase” o “¿Bebeu? Nao conduzca”. Bien clarito, parece. Cuando les contaba esto a mis amigos quizá esperaba de ellos una reacción del tipo “¡Qué bueno, movámoslo para ver si alguna ONG nos da bola!” o algo así. Sé que estoy exagerando, pero cuando ves esas respuestas tan sencillas que aquí nunca encontramos porque todo tiene que pasar por el filtro de la ideología (“si eso lo hacen en Estados Unidos no sirve porque es capitalista”, en el fondo me querían decir , cuando les explicaba que allá los jóvenes se divertían y escuchaban rocanrrol, pero iban a clases respetando a los profesores y a todo tipo de autoridades).
Por alguna razón ( 2 razones, en realidad ) digo todo esto: una, porque cuando intercambio opiniones con amigos o colegas de otras provincias, sobre todo Buenos Aires, a ellos les interesa el tema porque de algún modo muchos de ellos han también han vivido esa experiencia o se la han contado. Y dos, porque cada vez que aparece un conflicto de moda, como lo es el de la salud y el de los taxis en Mendoza, lo que siempre veo en televisión, tanto de parte del gobierno como de los jefes gremiales, es que se aplican soluciones primerizas, es decir, empezando de cero, como si nada sobre eso se hubiera hecho alguna vez en el mundo.
¿Por qué rechazamos la experiencia del mundo para solucionar nuestros problemas? Un sociólogo diría que cada país tiene su idiosincrasia, por lo tanto el origen de los problemas siempre va a ser otro. “Está bien”, le contesto al sociólogo (que aquí en Mendoza, en su gran mayoría, tienen el defecto de mirar las cosas a medias por culpa de esa ideología demasiada crítica y escéptica, que los obliga a contemplar las cosas así). Pero ahora le pregunto al sociólogo (y a todos los que no se animan a aplicar en Mendoza una solución exitosa en el mundo): “Vos me decís que no sirve aplicar aquí eso que se hace en Estados Unidos, Chile o Brasil, porque el origen social de la raíz, bla, bla, bla, es otro, ¿pero realmente no sirve nada de nada, es decir, porque por una cuestión sociológica somos distintos de ellos eso significa que NADA de lo exitoso que se aplica en otro país sirve aquí?
Este tipo de mentalidad nos hace mediocres a los (creo que muchos) mendocinos, a tal punto de que ya ni nos entusiasman las respuestas “exitosas” porque de antemano ya la condenamos, lo que no nos queda otra que acostumbranos a escuchar y a decir que la inseguridad no se soluciona cumpliendo la ley, sino “equiparando la inequidad social” y así, un montón de cosas (que se vienen diciendo desde hace muchísimos años) que nunca lo van a ser, porque la realidad es que si un pobre empieza a trabajar (supongamos de plomero o electricista, dos oficios que se gana muy bien) y ve que otro, por el sólo hecho de viajar en colectivo a los actos kirchneristas en Plaza de Mayo, empieza a vivir mejor, ese plomero o electricista, cuando pase algo va a estar del lado de las cacerolas (oligarcas o golpistas para el gobierno), simplemente porque para salir de la inequidad hizo un esfuerzo y resignó horas de alcohol, droga y boliche. Y además porque se dio cuenta de que así podía ser verdaderamente libre y soñar con tener un hijo que pueda ir a la universidad, por decir algo.
En fin, lo que quiero decir es que ese tipo de mediocridad se traduce en un miedo a no ser prácticos o a implementar soluciones que vengan “de la otra vereda (hoy es la oligarquía de los países capitalistas desarrollados, mañana será otra razón o excusa)”, cuando en realidad ni a mi ni a nadie nos importa de dónde viene ni quién lo inventó (si vino de una democracia socialista europea o de un capitalismo sin rostro humano estadounidense), sino que lo que nos importa es que esa huevada sirve y además es simple y fácil de hacerlo.
domingo, 8 de junio de 2008
La fanática que Chayanne jamás imaginó
Ella vive en una villa de emergencia, quizá la más peligrosa de Mendoza. Pero pertenece a la gente que trabaja, no a los que más difundimos los periodistas en los policiales. Trabaja como empleada doméstica en tres lugares distintos y siempre se la ve tranquila y agradecida en la vida. Alguna vez me dijeron que eso significa tener experiencia en la vida.
Pero siempre aparece una anécdota que rompe los esquemas: esta vez fue mientras planchaba en mi departamento, me comentó que la última vez que vino Chayane a Mendoza lo fue a ver. Todo bien pero…









