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martes, 31 de mayo de 2011

Encuesta incompleta

Imagen: la-adopcion.com
La conciencia no siempre te da la razón en el instante presente, aunque siempre deja indicios de cuándo se hace la acción correcta. Y ahora les cuento por qué.

¿Se acuerdan que este blog nació como parte de la web de Diario Uno? Quizás nadie se dio cuenta de que una vez desapareció de esta web uno de los links relacionados llamado Aborto, holocausto underground. Si bien este sitio formaba parte de los links relacionados, la verdad fue que una vez me ordenaron sacarlo de allí cuando esta web integraba el staff de blogs del Uno. En ese entonces pasó algo que hace menos de un mes me confirmó que yo había actuado bien.

Todo comenzó por una noticia de una menor embarazada, cuya mamá reclamaba a la justicia un aborto.

Trabajaba como jefe de noticias y colgué la siguiente encuesta: ¿Tiene que hacerse un aborto?, con tres opciones de respuestas: sí, no y no, debe tener el bebé y darlo en adopción. Esta última opción arrancó ganando la encuesta por goleada, hasta que desde las altas esferas me convocaron. Allí me dijeron que sacara la opción "darlo en adopción" y que quedara sólo el sí o no. Desde ese momento el rumbo de la encuesta cambió y pasó a ganar el sí, es decir, la opción  a favor del aborto. Yo sabía que ésto iba a ser así y efectivamente, así ocurrió.

Dos años después, ya fuera del diario, con mi mujer nos dirigimos al Registro de Adopción, en la calle Patricias, para inscribirnos. Mientras hacemos cola allí veo un afiche pegado a la pared. ¿Qué decía? Que si alguien conoce a alguna mujer desesperada y con ganas de abortar, que llamara a un teléfono específico para que un cuerpo profesional la asista para que tenga el bebé y lo dé en adopción. Al finalizar, ese afiche expresaba que hace falta difundir esta alternativa que muchas mujeres desconocen.

Qué casualidad. Justo yo tuve una buena oportunidad de difundir esa opción...pero bueno, no todos los medios de comunicación trabajan por el Bien Común y la paz, como nos enseñaron en Deontología Periodística, en la Austral.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Medifé y la barbarie

Medifé Mendoza
¿Por qué? Es una historia larga (y arranca así): Hace 10 años, cuando trabajaba en negro en Los Andes Online, quise afiliarme a OSDE, Medifé u OMINT. Ninguno me dejó porque tengo diabetes. Las telefonistas de esas empresas no sabían cómo responderme. “Soy monotributista, ¿igual no puedo?” era uno de los tantos peloteos que hacía en busca de una buena salida.

La prepaga me cayó encima al mes de trabajar en Diario Uno. Como todos entramos en blanco, para este tipo de empresas fuimos un buen bocado, porque igual se llevaban unos buenos mangos extras: la obra social por sueldo me cubría 160 pesos y el resto, para llegar a los 800 pesos de la cuota salía de mi bolsillo. “¿Por qué mi mujer figura con 40 años si ella tiene 34”, pregunté. “Es que por ser matrimonio la edad se ajusta al más grande de los dos, por lo tanto ella paga (más) como si tuviera 40 años”, me respondió el promotor de Medifé.

Yo me encargué de apagar la enorme sonrisa que traía el vendedor de Medifé cuando fue a vender su paquete en la flamante redacción de diariouno.com.ar, en abril de 2008: le dije que tengo diabetes. “Bueno, hagamos una cosa: vos te anotás y dentro de un año declará tu diabetes. Así se hace en estos casos”, me aconsejó. Dentro de todo el tipo me caía bien. “¿Si OSEP (que lo tenía gracias a mi mujer) me cubre lo más caro de la diabetes, que es la insulina y las tiras radiactivas para medir la glucemia (hoy estimo en más de 2.000 pesos al mes), qué objeciones puede ponerme Medifé?”. No. Igual me sugirió inscribirme y declarar mi enfermedad un año después.

Meses después, mi mujer empieza a padecer otosclerosis y le hace falta un audífono. Teníamos OSEP y Medifé. El primero puso 1.000 pesos y el segundo, 1.500, para ese dispositivo de 2.500 pesos. Pero quien puso las condiciones fue Medifé: nos obligó a escoger el audífono más barato y por ende, el más peor. Hoy ese audífono no funciona, gracias a los pocos mangos que quiso ahorrarse Medifé. Es que yo iba sacando las cuentas: pagaba por los dos entre 800 y 900 pesos al mes y ¿cuánto de esa suma gastábamos nosotros? En algunos meses ni siquiera fuimos al médico. Toda la guita para Medifé.

Llegamos al clímax de la obra. Presten atención.

equinoxio.org
A mediados de junio me dan de baja de Diario Uno. Por ley, la obra social tenía que durar hasta septiembre. Justo el primero de ese mes voy a reumatólogo, afectado por una reciente hernia de disco. La secretaria del médico, que atiende en la calle Perú de Ciudad, me informaba que Medifé me dio de baja. No pude atenderme y con el cuerpo dolorido fui a la oficina de 25 de Mayo y Espejo. Efectivamente, me confirman que me dieron de baja. “¿Por qué no me avisaron por teléfono con tiempo?”, les dije. Sin respuestas del otro lado. “¿Y ahora cómo sigue esto, si yo venía bien, con la cuota al día?” (y por dentro pensaba “a estos tipos les debe convenir porque son 900 pesos al mes”). La simpática chica de atención al público me hizo llenar un nuevo formulario de inscripción. “¿Por qué otra vez este papel, si ustedes ya tienen mis datos?”. No recuerdo qué me respondió, pero lo último que me dijo fue “cuando tengamos novedades nos comunicamos con usted por teléfono”. La llamada llegó un mes y medio después para decirme que “usted no fue admitido”. “¿Por mi diabetes?”. “No, en realidad es un tema multicausal y complejo, se analizan muchas cosas”. “Pero yo tengo capacidad económica para pagar esa cuota”. “No, no lo podemos admitir”. "Bueno, quiero que me lo exprese por escrito". "No podemos comunicárselo por escrito". "¿Por qué?" "Porque es política de la empresa no expresar por escrito los rechazos a los que quieren inscribirse". “¿Y qué hago con mi señora?”. “Que venga a la oficina y que llene la planilla de inscripción”.

Como dice este aviso, más que espectadores es más que
un curro
Graciela y yo fuimos a la oficina de 25 de Mayo y Espejo (en la imagen de arriba). La chica le hizo completar ese formulario, en el que tenía que detallar qué enfermedades padecía. Puso lo de la otosclerosis. Y al final la muchacha le preguntó cuándo había sido su última menstruación.  Ahí yo no entendí un pomo (luego mi mujer me aclaró que era para saber si estaba embarazada. Se entiende: una mujer que espera un bebé sale más caro). Esto último fue hace más de dos meses. Es decir, ella -pagándolo del bolsillo de su propio sueldo, tampoco fue admitida por Medifé.

Publicidad de Medifé en Salta
Hace poco me enteré de que un directivo de una prepaga decía que era imposible “para el sistema” admitir a enfermos crónicos. Intenté comprenderlo, pero no pude cuando vi el afiche luminoso de Medifé en las calles de Mendoza: la médica bella y rubia, el paciente lindo made in Chacras de Coria, el ejecutivo que representa a la iniciativa privada y al que llegó arriba por méritos propios, tras título universitario, máster y doctorado. Y sí, yo nunca era de prestarle atención a esos detalles, pero el mensaje me llegó.

bureaudesalud.com
Mi mujer, como buena trabajadora social, me dijo con gran sinceridad que la salud para ellos es un negocio. Y a mi se me ocurre comparar esta situación con la estructura del pecado al que se refiere la Doctrina Social de la Iglesia, cuando sostiene que se trata de formas corruptas en las que estamos acostumbrados a funcionar y que muchas veces ni nos damos cuenta. En este caso, con empresas que juegan con la salud y dejan de lado a los que más los necesitan, que son los enfermos crónicos y los mayores de edad. Las prepagas deberían ser exactamente al revés: poner el negocio en quienes más los necesitan. Pero creo que la solidaridad y el bien común no son en sí negocios rentables, ya que exigen que el dinero sea un medio para llegar a un fin y no el fin en sí. Y esto los da vuelta totalmente, porque de la cultura de la vida pasan a ser integrantes de la cultura de la muerte.

Gracias a que en las prepagas el dinero (que debería ser el medio) está por encima de la salud (el fin) es que son una estructura de pecado y barbarie en este país, a tal punto que discriminan a las mujeres que estando embarazadas quieren asociarse para que sus hijos lleguen bien al mundo..

jueves, 11 de marzo de 2010

Guitarreros

"Mi sobrina nunca escuchó una tonada. Es de Buenos Aires. Cuando yo era chico, aquí en el barrio Bancario era pura viña. Y todos andábamos en carreta. Todos nos parábamos en la esquina cuando pasaba un automóvil. Era la gran cosa. En la época de los Beatles yo también tenía el pelo largo. Pero nunca olvidé mis raíces. Antes, desde las siete de la tarde hasta la noche en casa caía un guapo con una guitarra y ahí arrancaba la tonada, con mate y luego con asado. Éramos un montón. Sí, en Carola Lorenzeti y Beltrán era por donde vivía. Hoy no encontrás un pibe que sepa tocar la guitarra. Y en la radio pasan toda música en inglés...".

Allí tuve que interrumpirle:

"Amigo, eso era hace mucho. Ahora casi todas las radios pasan música en español. ¿Música? Bué, digamos que un poco de ruido con dos notas, en casi todos los casos (¿cumbia, nena?)".

Después, cuando regresé caminando a casa entendí lo que me quiso decir: el sonido de la música extranjera no difiere mucho del sonido de la música argentina, a simple oído. Desde Technotronic y Jazzy Mel (¿así se escribía? en adelante nos globalizamos todos.

A los 12 años -cuando fue la guerra de Malvinas- lo primero que distinguía de las canciones de la radio era si el tema que pasaban tenía guitarra eléctrica, guitarra acústica o guitarra criolla. De allí a si esa canción iba a ser aburrida o no escucharlo. Después, con el tiempo, se borraron esos prejuicios.

El hombre que me contó la historia también me habló de algo que jamás escuché: de paisanos de Nueva California, San Martín, que se han perdido y han muerto en el campo por largarse a caminar sin una brújula. Admitió que un día andaba tan desesperado que caminó 80 kilómetros y allí empecé a no creerle, pero...

Eran (y aún los deben haber) hombres que desafiaban a la naturaleza que los acompañaba. Y se metían al desierto. Y se hacían machos así. Horas y horas castigados por el sol y sin agua porque creían que a ese cerrito se llegaba en dos horas y no en ocho o nueve. Algo que suele pasarnos cuando vamos a subir un cerro en Potrerillos, que creyendo que por esa lomada llegamos más rápido, a la larga terminamos haciéndole carrera a la puesta del sol para que no nos gane la oscuridad. A mí me pasó un par de veces...estando solo y sin Coca Cola para cubrirme de una hipoglucemia.

Algún día ya no escucharemos largas historias de vida y tradición, como la que me contó aquel buen hombre mientras hacíamos la gimnasia que la kinesióloga nos había dejado para recuperarnos de la espalda en un consultorio de Godoy Cruz. Esas historias sólo quedarán en los libros. Y aún pocos más en Google Books.

Tuvimos historia y eso me enorgullece. Quizá, como dijo este señor de 60 años, antes un cumpadre del Gran Mendoza vivía frente a una viña y tocaba la guitarra para compartir horas con los amigos. Y nuestras madres (o abuelas), por lo general aprendían piano (así fue el caso de mi vieja en San Rafael y de mi suegra en Montecomán).  Quizá por el guión de la vida se escribía con romanticismo.

Cuando Ricardo Mur nos recuerda al cierre del noticiero que comparte con Laura que seamos felices, el mismo Sui Generis inconsciente que todos reproducimos cada 21 de setiembre en el Parque o en algún camping nos musicaliza en la cabeza ese "hubo un tiempo que fui hermoso y fui libre de verdad", y lo primero que se me viene es la ganas de agarrar la viola y listo, lo que salga de adentro, una canción propia o una versión de algo que ya está, qué se yo.

Como dijo el flaco Spinetta, "toda la vida tiene música", gracias a Dios mucho antes de que un desafinado  pronunciara "¿cumbia nena?

viernes, 6 de noviembre de 2009

Huérfanos

Hoy, a las 11.20, José Vicente Zapata, a la altura de Salta, ya estaba congestionada. Colas de vehículos como en los tiempos de doble mano. Algunos que otros bocinazos e impaciencia desbordada. Resignación. Un mediodía de furia, nomás. Voy por Zapata, a pie, rumbo al oeste. Cruzo San Juan, también congestionada, tanto por el norte como por el sur. Un coche usado enciende el electroventilador, por suerte, y me hizo recordar que un tiempo antes de que me robaran el Senda, una mañana a esa hora volví rapidísimo por esa avenida a casa porque el motor de ese vehículo estaba calentando con todo. En aquella ocasión el tránsito -naturalmente, a esa hora- no me ayudó pero al menos pude salvar al coche de que se fundiera. Miré para Zapata, vi las decenas de autos esperando avanzar dos metros y me proyecté en la temperatura de los motores de todos esos coches. Y sí, ¿a cuántos mecánicos darán de comer los gremialistas que cortan las calles? se me ocurrió pensar.

A la altura del Policlínico de Cuyo el escenario se hizo evidente: la argentinidad al palo. ¿Por qué argentinidad? Por lo siguiente: enfoqué la mirada hacia el norte y luego, hacia el noroeste. ¿Qué vi? Lluvia de bocinazos y de automovilistas hartos de esperar que el tránsito recobre la normalidad. Bocinazos y puros bocinazos. La clásica impotencia de los ciudadanos que se portan bien vs el poder ilimitado de los ciudadanos que se portan mal. Huérfanos, al fin y al cabo, porque nadie contenía a estos mendocinos que iban del trabajo a sus casas para seguir trabajando por la tarde.

Luego enfoqué la mirada hacia el noroeste, es decir, mirando hacia la iglesia de Jesuita y el Parque. Unos 50 empleados del Hospital Central abrazándose como si acabaran de recibir un doctorado en la Universidad de Hardvare. Muy emocionados, como si acabaran de salvar una vida y de realizar el acto patriótico más grande de la historia argentina. Me costó entenderlo y posiblemente nunca en mi vida entienda eso. Huérfanos, al fin y al cabo también, porque hace rato que el Estado dejó de contenerlos porque les cerró la puerta.

Crucé a Jesuita, entré un rato a la iglesia y efectivamente, no estaba la atmósfera tranquila para que el cura diese la misa de las 12. No tanto por los bocinazos que sí se escuchaban. Sino más bien porque justo frente a  esa iglesia...un automóvil despedía desde un parlantón la música de Karamelo Santo, enfocado más hacia esa parroquia, que hacia la esquina conflictiva.

Mendocinos tristes; empleados y gremialistas alegres. Uno manda sobre el otro de una forma violenta, porque el violar las leyes ya es violencia.

Por suerte el rocanrrol te deja con una sonrisa reflexiva. Esa canción de Karamelo Santo que sonaba en los parlantones gremialistas en realidad estaba autorretratando lo que en ese momento sucedía en los dos bandos:

"No tengo papá, no tengo mamá, no tengo papá, no tengo mamá".

martes, 27 de octubre de 2009

Película previa a la película

Sábado, 21.15. Antes de que nos robaran el coche, a esa hora recién decidíamos si íbamos al cine o a otro lado, luego cenábamos a las apuradas a las 23 y nos volábamos en el Senda hasta el Shopping o Palmares –según las opciones “entradas con descuento” (para el primero) o “quiero un apoyacabezas y relajar la columna” (el segundo). Pero en este caso arrancamos la cena a esa hora para no llegar tan tarde a la parada del colectivo de la línea T Villa Nueva –trole sin cables, señor turista, así como suena - de España y Rivadavia. Pasaron unos largos 40 minutos y llegó el bondi, con la vertiginosa velocidad de esas carretas que hace 150 años hacían el tramo Mendoza – Buenos Aires en tres meses, como nos dicen ahora los documentales de nuestra historia que pasan el 7 y el 9.

Calle Lavalle, carril Godoy Cruz, largo, tranquilo, oscuro, silencioso, pastoril, vacío, aburrido, inseguro, misterioso, fin de mes. Nos bajamos en Bandera de los Andes dos paradas antes –los despistados somos así- y 15 minutos después llegamos al Shopping. Pasa que cuando no tenés el coche bajás unos kilos y las piernas recuperan fuerza muscular. Esa noche invitamos al cine a una amiga de Graciela, que desde que tiene coche pareciera manejar las distancias de su vida con control remoto desde su asiento de conductor y por eso no vino: había aparcado en el sillón del living de su casa, evitando contar los minutos de soledad frente al plasma y el DVD. Al parecer, todos queríamos ver una película ¿Por qué?

La tragedia de la familia de San Martín; un motociclista que perdió la vida en la calle Perito Moreno de Godoy Cruz –a la vuelta de donde vive mi hermana. Y así muchos casos más. Recuerdo una chica que editaba videos en el diario, que al final del día se sentía tocada por las noticias policiales y le dije que eso nos pasaba a muchos de los periodistas también, porque no somos estudiantes de medicina acostumbrados a visitas turísticas en la morgue de la Facultad de Medicina de la UNCuyo.

Elegimos ver la comedia romántica “Mi vida en Grecia”. ¿No tiene más estrellitas la de Darín y Soledad Villamil? Sí, pero…era un contingente de turistas que nos hizo recordar al de nuestra Luna de Miel en Brasil. La protagonista, una griega solterona quien el único que silenciosamente comprende su trauma laboral y existencial es el chofer de un colectivo sin aire acondicionado. Allí lleva a esos turistas bizarros –muchos de ellos, vejestorios quinceañeros- , interesados en el sourvenir coreano más que en la historia de la filosofía y la democracia, en boca de la guía griega. El muchacho la conquistó así: le confesó que él se siente como el director de una orquesta, que con la varita dirige la música del aire y de la vida, con toda la sensibilidad encendida y esparcida en el espectro de la belleza de lo cotidiano. Claro, se lo dijo en un acantilado rocoso frente al Mediterráneo. Así y con helado de dulce de leche granizado y cerezas a la crema de la heladería Joselín de San Rafael cualquiera puede improvisar una bella poesía de Isabel Allende.

Ella se sintió atraída y los pasajeros celebraron ese romance. Y el viaje empezó a sumar más horas de playas, fogones y brindis, que de todo lo que aprendimos de historia del arte en nuestras vidas.

Salimos del cine y cuando llegamos a casa parecía las 5.00 am, pero recién eran las 2.00. Fue una noche larga que –al igual que el concierto de Charly en Vélez - había arrancado temprano.

Nos quedó la imagen del personaje que encarnó Richard Dreyfus: un jubilado lleno de vida y de pícardía, y además campeón con las mujeres. La mirada de “maestro” agradecido, que lo había vivido todo fue el tipo de persona que anhelé encontrar en las calles mendocinas desde ahora en adelante. ¿Por qué hoy escasean personas así? No sé si escasean. Yo creo que están.

Una película termina siendo una mirada de la vida. Vos elegís una comedia romántica porque allí se vive lo que muchos quisieran experimentar permanentemente: amor, bienestar y mujeres lindas, o mujeres no tan lindas pero que se dejan amar. Y se me viene algo que decía en la adolescencia: un hombre que no sabe hacer feliz a una mujer no sirve como hombre.  La razón de fondo de todo esto no es más que las ganas de amar. Y como el amor es un “bien escaso” –de hecho, prácticamente no aparece en las noticias que nosotros publicamos- , creo que en estos días el amor grita ¡auxilio! en la intimidad de esos mendocinos consternados por las noticias policiales que nosotros mismos les damos como servicio informativo.

Y sí, quisiera observar a los mendocinos de la misma forma en que el personaje de Richard Dreyfus miraba la vida y a sus compinches turistas. Hay que darle poder a la experiencia y al amor.


martes, 13 de octubre de 2009

¿A qué nos hubiéramos dedicado los mendocinos hace 500 años?

Ante la inseguridad y la humillación cívica por parte de los K, muchos mendocinos 30 y pico Special multiplicado por 2 apelan al pasado para recordarnos que alguna vez las cosas funcionaron bien en Mendoza.

Leyendo el fascículo 2 de “Historia de Mendoza para chicos y no tan chicos”, que publica UNO los miércoles y domingo, el siguiente párrafo me hizo parar la pelota a la hora de analizar si todo pasado fue mejor: “El reparto de indígenas y tierras entre los primeros pobladores posibilitó el desarrollo agrícola de Mendoza, donde inicialmente se cultivaba trigo, cebada y vides. En las huertas de las casas crecían verduras y árboles frutales y en sus corrales se criaban gallinas y cerdos, para el consumo familiar”.

El texto no aclara dónde se compraban los fósforos para prender la fogata y asar el chancho y el pollo. Tampoco dice dónde vendían el helado de dulce de leche granizado. ¿Acaso en esa época se podía fabricar helado, aunque sea durante las dos semanas más frías del invierno?

Seguro, me lo imaginaba: el problema no era la ausencia de cerveza fría, sino que directamente no existía allí cerveza. Ni siquiera habían heladeras. A brindar con aguardiente se ha dicho.

Primera pregunta: ¿a qué se dedicarían en la Mendoza colonial los que hoy son heladeros, cerveceros, fabricantes de fósforos?

Ese texto dice que los vinos y otras bebidas “se guardaban vasijas, botijas y tinajas de barro cocido”. También que los indígenas pehuenches comerciaban mantas y telas. Conclusión: a los artesanos de hoy no les habría ido tan mal en aquellos tiempos. A los músicos folcloristas, tampoco, y mucho menos a las profesoras de baile, que podrían haber enseñado y expuestos toda clase de danzas indígenas y flamenco from España en “Talento argentino” versión 1562.

“Los productores de Mendoza vendían vino, aguardiente, pasas y frutas secas a las ciudades del norte y del Litoral. A Chile se enviaba yerba mate y ganado vacuno, comprado en las pampas. Los comerciantes aprovechaban el viaje de vuelta para traer madera, azúcar, tabaco, sebo, grasa y cobre, y productos de Europa como papel, ropa, seda, hilos, encajes y esclavos negros originarios de África”.

¿Vos hoy te ves haciendo algo de esto? A un egresado del Universitario Central, fanático de Phil Collins y Alcohol Etílico, ni ahí. Ahora te pongo el caso de tres amigos:

Marcos trabaja en un pozo petrolero cerca de El Carrizal y Sergio, un misionero radicado en Mendoza, instala caños de gas y de agua de Industrias Plásticas Saladillo. ¿En que habrían estado? ¿Haciendo pozos de aguas y construyendo acequias y canales de riesgo, respectivamente? Peor es el caso de Mariano, que hizo la carrera de abogacía en una estatal. En 1562 tenía que hacer esa carrera en España. ¿Cómo hubiera sido? Un mes y medio para ir de Mendoza a Buenos Aires. Tres meses para cruzar el Atlántico y llegar a España. Cinco años para estudiar allí y cuatro meses y medio para regresar a Mendoza. ¿Vos te creés que eso lo podría haber hecho un tipo de clase media, como es mi amigo Mariano? Y peor sería el caso de un técnico que hace un par de semanas nos enseñó a periodistas del diario a cómo posicionar nuestras noticias en Google. Nombró muchas veces al robot de búsqueda. ¿Qué huevada podría haber posicionado este excelente profesional hace 500 años?

Los que hoy trabajan en ONGs seguramente en la Mendoza colonial, su mejor salida laboral habría sido hacerse cura jesuita y evangelizar en la selvas de Chaco y Misiones. Allí podrían haber ayudado a miles. Ahora que nombro esa zona se me viene a la cabeza el español que "descubrió" las cataratas del Iguazú, Alvar Núñez Cabeza de Vaca: con ese nombre en esas circunstancias te habrías ganado el derecho automático de presidir la Sociedad Rural, Coniagro y hasta la Mesa de Enlace. Pero, ¿qué gobernante de esa época se habría puesto en contra del campo, cuando esto último era lo único que generaba trabajo y guita en Mendoza y el país?

Mar del Plata recién empezó a ser algo cuando llegó el ferrocarril allí en 1886. Entonces, ¿adónde habrías ido a veranear en los años 1560 en adelante? Si, como dije recién, el viaje de Mendoza a Buenos Aires tardaba un mes y medio, y de allí calculale unos 20 ó 25 días para descender hasta Mar del Plata, prácticamente el viaje de ida y vuelta sin estadía eran cuatro meses y medio. Así, para ir de vacaciones a Mar del Plata tenías que juntar las vacaciones no tomadas de 20 años de laburo seguido. Como las expectativas de vidas no eran muy elevadas como hoy, te habrías muerto en la mitad de esta cuenta. Y si se optaba ir a las playas chilenas, bueno, un poco mejor: 8 días para llegar hasta Santiago, calculale 2 más para aterrizar en Valparaíso o Viña del Mar y otros 10 días más para volver. Es decir, si tenías 15 días de vacaciones terminabas destinando 20 días sólo a los viajes. Conclusión: nada de playa ni de minones tomando daikiri a la hora de la puesta del sol en el Pacífico, ni mucho menos bailar en el célebre boliche Topsi, de Reñaca. Ni siquiera existía la opción de ir al Carrizal ni mucho menos, al lago del Parque, por ausencia de todo lo nombrado.

Me imagino que no te quedaba otra más que laburar o sumarte al Ejército para frenar los malones de ranqueles en el sur provincial, que dejaban vacíos de ganados los fuertes y tiendas. En ese caso, ¿por qué no armar una bandita de cumbias con los ranqueles? Sin dudas que habría sido una forma menos violenta de robar.

Lo veo a J.P. Inzirillo, el diseñador multimedia de DiarioUno.com.ar, que también es bajista de una banda heavy metal. ¿en qué habría andado en aquellos tiempos? No quiero ir muy lejos, pero ¿qué era el diseño en esa época?

Sin dudas que laburo había porque o te bancaba el comercio o el ejército. Pero, ¿lo ves a un administrador de bases de datos Oracle llevándole su CV a Pedro del Castillo? “Seguí participando” habría sido su respuesta, antes de reenviarlo al corral a alimentar los caballos de la tropa española.

Un odontólogo de hoy seguramente estaría lleno de laburo, pero al mostrarle cómo sus herramientas de trabajo asusta a sus pacientes, el fundador de Mendoza, sin pensarla dos veces, lo pondría al frente de sus tropas.

Te imaginás vos, como alumno de una escuela pública, llegando a tu casa e informándole a tu viejo que el papá y la mamá de un compañerito huarpe “acaban de ser vendidos y enviados a Chile como esclavo”. ¿Acaso los de Ciencias Políticas de hoy habrían hecho un piquete en el Acceso Sur de aquella época para impedir que trafiquen a los humildes y habilidosos huarpes?

Pero seamos más realistas, ¿a qué se habrían dedicado en aquel entonces los hoy revoltosos estudiantes de Ciencias Políticas?

Y las preguntas siguen.

Conclusión: digamos que no está mal la vida de hoy.

martes, 1 de septiembre de 2009

Velocidad para ver cualquier cosa

En Mendoza el tiempo lindo es cuando estás con remera corta, caminás y no pasa nada. Y el tiempo es caluroso cuando, estando con remerita corta, empezás a chorrear gotas sudorosas. Bien, empecemos, después del tremendo calor de la semana última, el lunes por la mañana salí a la vereda como si fuese pleno enero. Fresquito se sentía. ¡Maestro, el tiempo suele cambiar! Solución: a caminar rápido. Ponés todos los caballos de fuerza en las piernas y te convertís en el ejecutivo, moderno titán: cajero automático, zapateo en la cola del cajero mientras la doña juega al tatetí con los dedos por primera vez en esa cápsula millonaria; punto muerto, primera y derechito a la plaza Independencia; cerebro invadido por la agenda laboral y doméstica del día y lo que la mirada: una suerte de clips comerciales de Coca Cola y no es que no me interese la industria local, pero si Guadalupe Gómez hubiera revivido en un afiche haciendo talca igual aceleraba. Aclaro que lo del clip comercial que circula en la mente a la misma velocidad de tus pasos en velocidad con la quinta puesta es para explicar que en esas ocasiones la cabeza abre las alas y se va, se va, se va y chau, te olvidaste hacia adónde se fue, salvo cuando llegás a la esquina de Montevideo y Mitre y se te ocurre frenar de golpe, porque allí sí o sí los coches siguen de largo como si jugaran al ring raje desde la avenida San Martín hasta la Boulogne Sur Mer.

De repente, la plaza Independencia. En la esquina de la panchería que iba en la época del Zapata si no son estudiantes, son obreros, pero siempre alguien con el pancho y la cerveza, con todo el tiempo del mundo para leer detenidamente la nueva guía telefónica.

Mientras sigo acelerado con la escritura de este texto, oyendo a Gun's Roses en Internet, paso por la Legislatura y encaro por España hacia Espejo. Lo veo, lo identifico y no lo identifico. ¿No tendría que estar en la Redacción? Sí, pero no. No siempre. Bueno. "¿Qué hacés culiau? ¿No tenés frío?", me pregunta el cumpadre. "Estoy acelerado", le respondí y seguí de largo, como si tuviese la obligación de dar dos vueltas al Lago sin dejarme llevar por la tentación de frenar para saludar a alguien, como algunas veces pasa ante esas personas que no entienden que el ejercicio físico se echa a perder cuando cortás el trote.

Sí, los ojos necesitan más fertilizantes. Una minita. Un sueñito de cinco segundos. Otra minita y su respectivo sueñito. Ya está. Sigamos. Llegué a San Martín y Lavalle, y encaro hacia San Juan. De la puerta de Las Tinajas sale una mujer.... ¡con medio choclo en la boca, hacia afuera!!!

Pará. Pará. Sí. Tuve que frenar y empezar a sentir un poquito de frío.

Ufff, vaya, transpiré un poco. ¿Por qué no te das vuelta y mirás un poco bien?

Veamos.

Claro, a esas chicas de sueños breves las había visto más lindas de las que eran. A una la alcancé a ver otra vez y me di cuenta de que había puesto al máximo el volumen de la imaginación. Y la señora del choclo... pues no era un choclo. Por suerte tenía una dentadura ideal para cortar madera y cobre, y viéndola de perfil se podía decir que era pariente no tan lejana de César Banana Pueyrredón. Per sólo eso, una señora común y corriente.

Cara de velocidad es una canción de Serú Girán. No tiene letras. Porque no puede tener letras. La velocidad y el estrés no pueden ser contenidos por la poesía porque requiere un mínimo de atención para captar la belleza.

Es verdad: con la velocidad mirás lo que querés ver e imaginar. ¿No pasa lo mismo acaso con los coches?

Puede ser que la causa de fondo de los accidentes automovilísticos sea -por parte de quienes ocasionan los desastres- el darle prioridad a mirar lo que se quiere mirar (una autopista o calle 100% para mí, vacía de conductores y peatones) y no a lo que en realidad hay (una autopista o calle llena de seres humanos adentro y afuera de los coches).

Igual se puede disfrutar la velocidad de una manera más copada y también viendo huevadas: escuchando e soñando con la siguiente canción:



lunes, 4 de mayo de 2009

La Vuelta al Lago


“Llegué a dar tres vueltas al Lago”, dije. El interlocutor aún esperaba una respuesta. Su mirada expresaba aquel “What?” del Ross despistado de “Friends”. Sin darme cuenta respondí nuevamente lo que para él nunca fue una respuesta: “generalmente doy una vuelta, a lo sumo dos. Prefiero hacer la vuelta de los cinco o ir por la bajada del cerro de la Gloria por el Estadio y de ahí por Libertador hasta los Portones”.

Demasiado. Muy inentendible para un porteño admirador de Mendoza que sólo había visitado dos veces nuestra provincia. Era 1993, cursaba segundo año de Comunicación en Buenos Aires y la pregunta que tenía que contestar en el buffet de la universidad, situado en el sexto piso del edificio de Juan de Garay y Azopardo, frente al diario Crónica, era “¿cuánto corrés?”.

Exagerado y bendecido

Con amigos o cuando el tema se daba, si sos sincero decías que tu cuerpo no daba para una vuelta (“antes lo hacía, pero ahora con la cerveza...”). Si querías mostrarte discreto, como sumo afirmabas que podías aguantar una vuelta y media. Si te considerabas un tipo normal, de esos que cada 20 días asiste a una picadita de fútbol cinco, la que más se escuchaba era “como mínimo, dos vueltas”. Así era cuando practiqué algo de remo en 1988: dos vueltas corriendo y dos vueltas en bote o batea. Los sábados a la siesta subíamos corriendo el cerro de la Gloria o el Llorón. “¿Alguna vez subiste el cerro de la Gloria?”, era la pregunta-prueba-final, para medir el verdadero estado atlético de la persona. “Un montón de veces, con mi bicicleta”. Entonces quedabas bien diciendo "no, o sea".

Posiblemente muchos mendocinos mentimos un poco cuando tenemos que afirmar cuánto corremos. El medidor más usado es la vuelta del Lago. ¿Cuánto es eso? Decían que 2.600 metros, aunque tengo dudas. Además, todo depende de dónde empecés a correr. Una cosa es arrancar desde la fuente de las Américas, otra desde el puestito de helados en la rotonda del Rosedal y otra donde confluye la calle del Rosedal con la avenida de las Tipas, cerca de la calesita que acompaña al Mendoza Tenis Club. Otros se van en coche hasta Regatas, estacionan allí y dan la vuelta partiendo y terminando en ese lugar.

Reconozco ser de los mendocinos que dio mil veces la vuelta al Lago corriendo. Había un tramo molesto: la calle y la vereda de Regatas. Allí muchos concluyen la vuelta para elongarse. Lo que caía de arriba no eran proyectiles del Space Invaders, pero parecía ser teledirigido desde el control remoto de la Providencia. El sábado último pasé por Regatas, leí la revista del club y me enteré de que en el gigantesco techo del club pusieron una plataforma metálica para evitar que los tordos y otros pajarracos garcas dejaran de enviar misiles fabricados en sus intestinos. Es que aquella vez tenía 16 años, terminaba de dar la vuelta al Lago y a punto de entrar al club para ir al gimnasio ... ¡booom!, en el hombro derecho y el marote.

La sorpresa fue la réplica de cuando, con mucha vergüenza, alguna vez conté esta historia. “Sí, a mí también me cagó una vez un tordo en el Rosedal”. “A mi hermano una vez una paloma le enchastró todo el bolso”, ... y así, sucesivamente. Por suerte que ahora los pajarracos cambiaron de caja de ahorro y harán sus depósitos en otro lugar, porque ya volaron de allí. Aunque, por esas cuestiones de la inseguridad, quién no desearía que un tordo lanzara su misil intestinal en la cabeza de algún delincuente que se apreste a meter mano en el carestereo de algún 0 Km allí estacionado o en el marote de un macho cabrío que acosa a una cuarentona de joggins que circula en rollers. Hablando de los rollers, ¿cuántas vueltas al Lago dan esas bellas damas que patinan como bailarinas? ¿cuántas vueltas dará el planeador de la imaginación del pobre solterón mientras ignora que su choco lo está haciendo quedar mal por todos los neumáticos que riega?

El que va a correr al Lago también va a ver minas. Y los chocos nos también nos imitan, aunque ellos son más frontales y no se reprimen. Y nos hacen quedar mal cuando coinciden la dupla hombre con buzo desgastado Adidas – mujer con joggins rojo en rollers vs. hombre con ... dueño de un perro – mujer con ...dueña de una perra. Uno de los dos avanza más rápido que el otro. En este sentido cobra verdad eso de que “un perro es parecido a su dueño” (aunque más atrevido).

Será por ésto que a la hora de responder cuántas vueltas das al Lago, la respuesta más exacta sea el clásico mendocino “Aáhhh???”.

viernes, 1 de mayo de 2009

Radiografía del fin del mundo


La actual encuesta para Así Opinamos (en la home del diario) dice que si ante el dengue y la gripe porcina estamos frente a las plagas que preanuncian el fin del mundo?

Sólo el 34 por ciento, por el momento, dijo que Sí.

Anoche me acuesto y como le pasan a muchos, agarré la Biblia (sigue siendo el libro más consultado de la actualidad, junto a la guía teléfonica) y lo abrí al azar. Encontré lo siguiente, de San Pablo (segunda carta a Timoteo 3-4), y me di cuenta de que las verdaderas señales del fin del mundo no son tanto el dengue y la gripe porcina, sino que ésto:

"En los últimos días vendrán momentos difíciles; los hombres serán egoístas, amantes del dinero, farsantes, orgullosos, chismosos, rebeldes con sus padres, ingratos y sin respeto a la religión; no tendrán cariño ni sabrán perdonar; serán calumniadores, desenfrenados, crueles, enemigos del bien, traidores, sinvergüenzas, llenos de orgullo, más amigos de los placeres que de Dios; ostentarán apariencias de piedad, pero rechazarán sus exigencias. Esta clase de gente son los que se meten por las casas engatusando a mujeres infelices, llenas de pecados, movidas por toda clase de pasiones, que siempre están aprendiendo y nunca llegan al conocimiento de la verdad. Los hombres de mente pervertida, descalificados en cuanto a la fe, no irán muy lejos, pues su locura será desenmascarada a la vista de todos".

Qué tal. Sin palabras.

lunes, 23 de marzo de 2009

Conciencias


Si todos los mendocinos hacemos un examen de conciencia, ¿acaso nos puede informar por qué cada vez hay más asesinatos, más matrimonios disueltos y más hijos huérfanos; en síntesis, más miseria y falta de felicidad?

Vamos por parte. Primero leamos lo publicamos ayer a las 23.26: "Un Falcon mató a un motociclista en Maipú y se dio a la fuga". 

El del Falcon venía a las 5.30 del domingo, es decir, volvía del sábado a la noche, por Castro Barros, cuando de repente, al cruzar Perito Moreno -una calle más importante y con mayor circulación que Castro Barros- no frenó y se llevó por delante una moto que conducía un hombre de 25 años. Y tras atropellarlo, lo arrastró una media cuadra. En vez de asistirlo, directamente huyó.

¿Cuántos hechos parecidos a éste han ocurrido en Mendoza en los últimos años?

Ahora entremos en un escenario imaginario, con sensaciones reales.

El tipo del Falcon llegó a su casa. Estará pensando si la policía lo identificó o no. Guarda el coche. Va a la cocina. Come algo. Su conciencia ya la tiene colapsada. ¿A quién se lo va a contar? Díficil, ¿no?, porque podría mandarlo en cana. No lo tiene que saber nadie. 

¿Alguna vez un amigo tuyo te llamó y te dijo: "mirá, no aguanto más: maté a un tipo con el coche"? Entonces, ¿el hombre que lo atropelló y mató habrá dormido bien? ¿Qué habrá pensado al enterarse por los diarios digitales que su crimen fue publicado en los diarios, que incluso identificaron su coche? Y eso pasó en la madrugada del domingo. Ya pasaron dos días. Y es probable que no lo agarren, como pasa siempre en estos casos. Y...

¿Y la familia del motociclista de 25 años? Imaginemos verlo desde una web cam. Domingo triste. Toda una familia no cae en lo que está viendo: el hijo, el hermano, en fin, allí en el féretro. Hasta anoche estaba de lo más bien. Tenía 25 años. Toda una vida por delante, diría cualquiera. ¿Y el hombre del Falcon, acaso creés que pudo dormir una siesta el domingo mientras en la casa del atropellado se vivió un velorio?

Y van a pasar los días. Y la conciencia no lo va a borrar. Ese hombre del Falcon, supongamos el día que empiece un laburo nuevo, no podrá ser sincero y amplio con sus nuevos compañeros de trabajo porque estará ocultando un tremendo agujero negro. Todo pinta para que termine siendo un tipo resentido y miedoso, sin las cuentas cerradas de su alma.  

Cerremos este caso y vamos por más:

¿Acaso una mujer que abortó puede ponerse un vestido blanco de novia?, ¿un tipo que abandonó a su esposa apenas ella parió a su segunda hija puede decirle "te amo" a esa mujer que ayudó a quebrar ese matrimonio?, ¿un tipo que maltrata a sus empleados en el trabajo puede decirle a alguien "ojalá que te vaya bien"? (¿quién le va a creer?). Un tipo que agarró un revólver y asaltó a un taxi o remis, ¿tiene autoridad moral para considerarse un "macho", un "hombre trabajador"? Por culpa de tipos como él, el gobierno de Mendoza destinó ¡¡40 millones de pesos!!! Digo yo, ese delincuente habrá pensado alguna vez que esos 40 millones para Seguridad se podría destinar a becar a estudiantes pobres en la UNCuyo, por ejemplo?, o a proveer mejor a todos los centros de salud de la Provincia.  Se me ocurre decirte lo siguiente: ¿qué tienen adentro de la conciencia? ¿son personas realmente transparentes? Estas dos últimas preguntas también se las hago a los fanáticos abortistas, que a pesar de que el Gobierno destina fortunas para condones y métodos para no tener hijos, igual insisten con el crimen de los bebés por nacer. ¿Realmente qué tienen en sus conciencias para que también muchas de esta misma gente sean acérrimas defensoras de los derechos humanos del pasado reciente? ¿En sus conciencias no se les pasó por la cabeza las 700 familias mendocinas que esperan una criatura para adoptar? O que el Gobierno podría destinar toda esa bocha de guita que derrocha para impedir el crecimiento de la poblaciones y aún no ha puesto un mango en las parejas que necesitan un tratamiento complejo para tener hijos. Estas últimas, parejas íntegras que realmente merecen plata por parte del Estado. 

Por último, entiendo que un abogado tiene que defender a criminales. ¿Pero no sería más sincero que un abogado defensor, que sabiendo con certeza que su cliente realmente fue el asesino, le diga al juez lo que sabe y evite inventar una estrategia para que ese criminal vuelva a la calle? ¿Qué puede tener un abogado así en la conciencia? Yo, si fuese abogado, no me daría para defender a alguien que asesinó o violó. La conciencia te lo marca.

En fin. En el tema conciencia, como ven, casi todo empieza y termina en nosotros. 

La conciencia se puede cambiar. El perdón existe. La posibilidad de rectificar, también. Pero nadie quiere hacer el Vía Crucis. Ahora que estamos llegando a las Pascuas, ¿qué cara vamos a poner cuando veamos el cuerpo ensangrentado de un Dios que se hizo hombre para entender mejor al ser humano, sobre todo en las sombras de su conciencia? 

Mentalmente vamos a estar pensando en algo que nos haga zafar. O minimizando las culpas. O directamente, borrando las culpas, como si no existiera esa señal de alerta de la conciencia (la culpa) para que empecemos a hacer las cosas bien.

En lo personal, creo que por más libertad, dinero y poder que uno tenga, todo queda a la luz cuando mirás a una persona a los ojos: por más que su ideología o criterios diga que está bien todo lo que hace, si hay ausencia de paz es porque no pudo tapar un agujero negro gigante. Y entonces, esa libertad, dinero y poder apenas serán una sensación leve y efímera.

Aunque la sociedad te condene de por vida, igual se puede rectificar y estar en paz con la conciencia.