domingo, 15 de junio de 2008

El otro Día del Padre

Cuando sos un recién casado es normal que de vez en cuando te pregunten para cuándo el bebé. Uno responde "vamos a disfrutar un poco el estar juntos y después vendrán los hijos" y todos consienten en favor de esa respuesta, porque después los hijos "te roban todo el tiempo".

Va pasando el tiempo y quienes están más cerca de vos más o menos conocen tu historia, así que no te dicen nada. Así no resulta difícil enfrentar la respuesta a esa pregunta (sobre todo para la mujer) cuando alguien te lo pregunta por atrás (en forma sorpresiva y sin una respuesta fabricada en mano). Suelen ser las abuelas, tías abuelas u otro familiar mayor el que en el fondo espera que vos echés un poco de onda a la reproducción.

Y sigue pasando el tiempo, entonces la pareja decide tener un hijo (por fin no nos van a joder más con la pregunta).

"Yo no esperé: en el primer mes quedé embarazada", "Nosotros estuvimos un año buscando". "Cuando dejés de preocuparte ya vas a ver que el bebé va a aparecer". Y otros muchos más. Por esas cosas de las casualidades del empleo (sobre todo en el empleo público), esas chicas que fueron compañeras de pasantía, ahora efectivizadas, empiezan a quedarse embarazada como por goteo: una a la vez, mes a mes. Entonces el diálogo cambia: pañales, estados de ánimo de la mujer y otros se convierten en el tema a charlar todo el tiempo.

Muy bien, todo esto es el Lado A.

Vamos al Lado B.

Querés ser mamá ( y papá). Lo están intentando con todo. Vas a tu trabajo y todas las del grupo de las embarazosas invaden con preguntas embarazosas. Una sonrisa diplomática y decir que "lo seguimos intentando". Al día siguiente se repite el mismo escenario y esas mismas amigas retrucan la misma pregunta embarazosa y empiezan a cargar contra el marido ("quedate tranquila que a mi marido también le costó mucho...¡decidirse!") y así, unos dosciento ochenta y siete argumentos más o menos iguales. Para el colmo, la crisis ya no es una reacción de una pregunta embarazosa, sino que comienza a hervir desde adentro de esa mujer: la contemplación de una mamá con un bebé + la contemplación serena y ansiosa de otra mamá con un bebé y así sucesivamente. Todo parece una cuestión psicológica hasta que esa persona a quien amás con todo tu corazón empieza a llorar, dolida porque no puede ser mamá. Luego, el papá empieza a preguntarse "no te pongas así, quizás soy yo" y aparece una sensación de terror en volumen mínimo. Acto seguido, un momento extenso de desconsuelo.

Es muy común en Mendoza creer que el 100 por ciento de las mujeres son aptas para tener hijos naturales. Y el 100 por ciento de quienes hacen las preguntas embarazosas no son conscientes de que hay parejas que lo intentan con todo pero que prefieren mantener un perfil bajo. Quizás tiene que ver esa idea de que "nos merecemos todo" por lo tanto "todo tiene que salir bien" porque sí.

Si en Mendoza es común sentir vergüenza porque tenés un hijo down o una mamá con Alzheirmer es por esa idea absolutista de que "la gente de bien y de buena familia" tiene la obligación de tener hijos perfectos (y que no salga medio negrito porque o sino cuando vaya a comer a un restaurante de lujo le van a pedir el DNI, por más que la Ley ahora prohíba eso).

1 comentario:

carina dijo...

hola, me identificio mucho con lo q has puesto, a nosotros nos pasa, y aunque todos saben la situacion igual preguntan esas boludeses, la gente a veces es cruel y quiere meter el dedo en la yaga, saludos