lunes, 1 de junio de 2009

Memoria social de elefante


Mi vieja es de la generación de aquellos que leían del diario sólo el Evangelio y los fúnebres. Para el resto bastaba con Noticiero 7 ó 9. Creería que una buena parte de los mendocinos que nacieron entre la Primera y Segunda Guerra Mundial aún son así. ¿Acaso fuimos educados por seres desinformados? Quizá un poco sí, porque muchos de ellos aún entienden (o no aceptan) cosas como la droga y la homosexualidad, pero si analizamos por qué se fijaban en los que se despedían de la Tierra esa jornada y en la publicación del texto más importante de la misa del día, allí tenés dos mensajes: ser (pueblo-mendocino-argentino) y (tradición- raíz-historia-lo que nos une). Todo eso se reflejó en tres ítems-valores: familia, cultura y educación.

Familia
Como mendocino, uno se sentía bien integrado de acuerdo a la cuna en que venía. La clave era ser de “buen familia”. Eso significaba tener algún ancestro que haya participado en alguna batalla importante del país, descendiente de algún comerciante o empresario que haya sido fundador de alguna fábrica pujante de Mendoza o dueño de terrenos donde hoy se asientan grandes comercios, que sea pariente aunque sea lejano de algún prócer o que haya sido protagonista de algún hecho que haya sido importante para la Provincia en los tiempos de la Generación del 80 (esa Argentina pujante y primermundista que se derrumbó en el post-irigoyenismo).

Si ese mendocino, además de un ancestro por decirlo así pipícucú, vivía en la Quinta Sección (más cerca de la avenida Emilio Civit que de Juan B. Justo), en el barrio Bombal o Chacras de Coria, allí la integración social se afirmaba más. Y el pack cerraba llevando a los hijos de esa familia se educaban en Maristas, Misericordia o Claret. Así se podía sacar el ticket de pertenecer a una “buena familia”. Regla número uno: el dinero no tenía que faltar. En ese contexto, si eras de clase media fue porque los hijos se gastaron toda la fortuna del abuelo.

Recuerdo una vez que un hombre respetable y mayor me dijo, con toda la sinceridad de su alma, que mejor me iba a ir si me casaba con una mujer de buena familia y que en lo posible viviera en la Quinta Sección, barrio Bombal o Chacras. Terminé casándome con una mujer del barrio UJEMVI. Y allí sí que hay mujeres de buena familia. Seguro que éste hombre habría hecho lo mismo que yo, en su momento. Prejuicios de la época, que algunos aún los mantienen.

Cultura y educación
A partir de conocer toda la trama familiar ancestral se teje la historia de Mendoza, su cultura y la educación. Con esa base se logra una sociedad unida en una patria próspera, pujante y de bien común. Esa era la idea. Y hay que admirar a quienes vivían con estos ideales. Hay que situarse en la época para entenderlo. Claro, seamos sinceros, hoy ni en pedo compartimos eso de tener historia familiar épica para ser de buena familia.

Si hoy todos nos tomáramos un tiempo para navegar por las redes sociales familiares del pasado nos llevaríamos más que una sorpresa.

En mi caso, gracias a un tío que tiene memoria social de elefante, no hace mucho descubrí que una ancestra de mi apellido se casó con un hijo con el hombre que lleva la calle Pedro Molina (que según tengo entendido, tuvo como 10 u 11 hijos). También descubrí que el abuelo de mi abuela paterna fue quien trajo la Virgen de la Carrodilla a Mendoza, y que la farmacia que está enfrente de la iglesia de esa localidad pertenece a los descendientes de la familia de mi abuela. Por otra parte, hilando fino por una pariente también de mi lado paterno, me encuentro con que hubo alguien (hombre o mujer) que se casó con un Guevara pariente de los Guevara Lynch de San Isidro, Buenos Aires, la familia del Che Guevara.

Yo creo que si exploráramos más años para atrás, seguramente me encontraría con que el escritor Dostoiesky o Pedro El Grande fue pariente de mi. Y si metemos quinta y aceleramos con todo para atrás, quién dice, por ahí me cruzaría con Carlomagno, El Greco, Aristósteles u Aarón, el hermano de Moisés.

En el fondo, todos somos parientes, porque vinimos de Adán y Eva, así que mejor reconocerlo ahora.

Si no fuera por ese tío con memoria de elefante no me enteraba de todo ésto. Y seguro que él debe tener otras historias de parentescos ocultos.

Ayer mi cuñada me comentó que cuando ellos llevaron a mi tío a nuestro casamiento, que fue en una capillita escondida, situada a tres cuadras de El Cortijo, en Chacras, mi tío soltó la lengua y empezó a unir las redes sociales-familiares de quienes vivían allí.

“Don ..., que era dueño de este terreno y de la mitad de Chacras de Coria, se casó con un....que era hija de un...que tenía once hermanos, que....”.

Estoy totalmente seguro de que mi tío nunca pasó por allí en toda su vida. Entonces, ¿cómo lo sabía? (porque no dudo que esa vez dijo la verdad). Porque seguramente para saber de familias y redes sociales familiares tenía que conocer mucho de geografía, de historia y de cultura general.

Pongamos Facebook en 1930
Hoy ya escasean ese tipo de personas. Mendoza ya es un No-Lugar. ¿Te imaginarías si el boom de Internet hubiera sido en aquellos años? No existirían los apodos ni los nicks, sino que todo lo contrario: a todo el mundo le gustaría usar su nombre, apellido y doble apellido, si es posible, para andar por las redes sociales. Los árboles genealógicos online serían una locura. ¿Te imaginás en Facebook una muchacha conociendo a un pretendiente, y en vez de preguntarle qué estudia o qué trabaja, se la pasaran horas y horas narrando las redes familiares que en algún punto de la descendencia humana los unen? Porque convengamos que todos somos descendientes de Adán y Eva, así que en cierto modo todos somos parientes de todos.

Sería un Internet raro, porque todos se conocerían en la calle y también adentro de la red. Como en esa época no había cámaras digitales, todo sería puras palabras. ¿Qué poeta obligado a estudiar ingeniería para heredar la fábrica del padre no aprovecharía la Red para meter sus textos? ¿Cuántas solteronas sin consuelos recibirían poemas gratis provenientes de un don juan que vive en Dinamarca y que nunca verá en su vida porque el viaje en barco es muy caro? ¿Cómo juzgarían las mujeres a los hombres que les envían ramos de flores de verdad y a los que sólo se los hacen llegar a través de una foto capturada en el celular? ¿Acaso sería mal visto por la sociedad alguien que escribe con errores ortográficos?

Si nos vamos a un extremo estaríamos en condiciones de ver a personas hablando de los parentescos de todos los seres hacedores del mundo, lo cual no sería imposible si tenemos en cuenta la capacidad infinita de esa memoria social de elefante que estos ancestros nuestros disponían.

Todo ésto me hace suponer que Facebook, al fin y al cabo, termina siendo el viaje de vuelta de un bumerang que partió hace casi 100 años, se perdió cuando aparecieron los "no lugares" y regresa en estos tiempos de absoluto anonimato para animarnos a recuperar la memoria social de elefante.

1 comentario:

Elian Femia dijo...

Que cierto Mario!
Estas redes sociales, cada vez nos despiertan má neuronas del pasado. Sin ir má lejos, viejas anécodtas aparecieron en la red social de mi colegio de la primaria.
Si bien no soy un amante de facebook ni nada por el estilo (Soy de los que aun disfrutan del ruido de una maquina de escribir), lo cierto es que facebook se mete en nuestros correos y nuestras vidas, obligándonos a manotear ese viejo boomerang lleno de recuerdos.
Abrazos
Elian
http://alotroladodeldivan.blogspot.com