Los buenos recuerdos logran borrar las letras chicas de los malos recuerdos, en algunos casos, y a olvidarse de que uno no percibió esa letra chica mala, en los mismos casos. Me refiero al concierto que en el 85 dio Miguel Mateos en Pacífico cuando presentó "Rocas Vivas". ¿Qué pasó allí? Sinceramente, lo único que recuerdo es que estaba hasta el poto de gente (por suerte casi todos los mendocinos conservamos este modismo para expresar cosas exageradas) y salté como el Chapu Nocioni ante Lituania durante dos horas seguidas. Luego pasaron los años y empecé a ir menos a Pacífico, por culpa del eco metálico de las chapas del techo, que hicieron de ese lugar un escenario rockero con sonido jodido (el único concierto con sonido como la gente fue uno de Manu Chao porque colocaron los parlantones uno al lado de otro y no arriba del otro, del modo que con eso se logró sonar bien, diría otorringo con buen olfato, tras revisar su pañuelo humedecido).
Ese concierto de Zas arrancó con "Dulce Ana" y cuando todos los ñatos empezaron a saltar como muerciélagos ante una ráfaga de luz de linterna, mi 1,96 metros no me sirvió ni para cantar el aleluya, por lo que también tuve que empezar a saltar para poder ver lo que tendría que ver naturalmente por mi agrandada estatura.
Para mí todos los temazos sonaron como temazos: "Extra", "Un gato en la ciudad", "Perdiendo el control", "Sólo una noche más", "Mujer sin ley", "Tirá para arriba", "Mundo feliz" y "Tengo que parar" (qué temazo era "Tengo que parar"). Seguro que ese sonido no fue el mejor, te diría casi seguro. Pero esa letra chica seguramente fue demasiado chica.
Con el tiempo reconozco que anduve tonteando por varios recitales (dos veces Rolling Stones y Aerosmith, cinco veces Soda Stereo, qué se yo, otros como INX, Duran Duran, Living Colours, Los Aguirre (callate Mario), Midgnith Oil, Eletric Light Orchestra, Paul Mc Cartney, Keith Richards, Sting, U2, el famoso Amnesty en el Estadio, Paralamas, Los Redonditos de Ricota, Los Fabulosos y qué se yo, otros no muchos más). No voy a dejar de lado al rock mendocino: cómo no recordar a La Jarillera cuando presentó Rupestre en el teatro Universidad, por decir uno de los tantos que fui.
Pero como que la cosa cambia, porque o vas a divertirte o vas como periodista-director-técnico y te convertís en un crítico de espectáculo, una suerte de pseudo periodista que tiene la fortaleza de seguir un concierto recaliente con absoluta frialdad racional y dentro de esa personalidad de hielo, lograr rescatar las fibras más sensibles de los artistas sobre el escenario, del mensaje de las canciones y del estado febril del público.
Conclusión: por pensar con esta mente perfeccionista muchas veces perdí la capacidad de divertirme porque sí en un concierto. Y eso me jugó mucho en contra en aquellos días en que hacía radio en la 100.9 (perdón, en la Emisora del Sol) y Rock And Pop Cusho. Sobre todo cuando iba a Pacífico con la idea fija de que lo primero que tenía que decir sobre ese recital a la hora de escribir o relatar una crónica era que "con el pésimo sonido con el que estamos acostumbrados a escuchar en Pacífico, anoche Spinetta demostró su talento (y no sé cuánto otros más discursos) ...".
En fin, he vivido conciertos realmente emotivos, como el Gracias Totales de Soda en la primavera cero del 97 o aquel que dio ante 150 mil personas en la 9 de Julio de BsAs, pero ese Rocas Vivas de Mateos tuvo tres cosas que lo diferenció de los otros: 1) las ganas de ir al recital a ver a Zas, 2) las ganas de vivir por dentro lo que es ir a un recital con audiencia full papa y 3) olvidarme que el sonido de Pacífico era similar al que se escucharía adentro del tacho-hogar del Chavo del 8.
Sinceramente yo creo que todos hemos experimentado esta primera vez mágica. Porque en aquellos tiempos no existían TV plasmas, ni MTV, ¡ni siquiera videoclips onda MTV!, ni sonido cuadrafónico; es decir, no había forma de imaginárselo sino estando frente al escenario.
viernes, 29 de agosto de 2008
miércoles, 27 de agosto de 2008
"No tengo para zapatillas" (pero uso una Nike)
No seamos hipócritas: gran parte del problema de la inseguridad tiene como punto de partida la renuncia indeclinable de muchos padres a su función como padres, fortalecido con la muerte definitiva de la responsabilidad con el hijo y el olvido, también definitivo, a ponerle límites a los hijos, al punto de no saber o mejor dicho, no entender el asunto de poner límites.
Esto pasó la semana pasada en un rancho de Colonia Segovia.
Una docente de una escuela pública de la calle Mathus Hoyos de Guaymallén fue a hacer una visita a la casa de los padres de una alumna, al parecer, con problemas de aprendizaje y muchas cosas más que ella fue detectando.
"Mire, mi hija no tiene zapatillas para ir a la escuela", fue una de las primeras respuestas del padre de la adolescente, que miraba escondida y con miedo desde su habitación. "¿Usted dice que mi hija tiene depresión? Ella se ha acostumbrado a estar encerrada en su cuarto y a no ver a nadie nunca. No creo que eso sea algo grave". "Usted sabe que somos pobres. A veces no tenemos para comer".
Al retirarse de esa casa, la docente después me contó que ese hombre -el padre de la chica- tenía puestas unas zapatillas Nike de las más caras (de esas que vos sabés que jamás podremos comprarla), un televisor de por lo menos 29 pulgadas y... una antena de Direct TV que sobresalía de las chapas del techo.
La misma docente sintió impotencia al ver que los padres inventan excusas fantásticas y que en realidad se desconciertan cuando uno les plantea que le tienen que poner límites a sus hijos. Y para peor, algunos ven como normal las conductas tristes y confusas causadas por la revuelta hormonal de la adolescencia y sinceramente jamás van a saber si sus hijos se meterán en la droga, porque directamente prefieren no meterse en las vidas de ellos.
"Yo le decía a la nena que fuera a la escuela porque sin la secundaria terminada hoy es muy difícil meterse en la vida laboral", explicó la docente.
Un caso me alarmó: una chica no mayor de 16 años que está faltando a la escuela porque está bajo tratamiento psiquiátrico. La chica se duerme siempre en la escuela y decidió no ir (¿el médico no podría cambiarle la medicación?). Pero lo peor fue un dato que ella largó: ya no hay turnos para el área de psiquiatría para el sector infanto juvenil del hospital de El Sauce hasta por lo menos fines de octubre. Una cosa es un adulto que necesita hacerse un tratamiento y otra cosa es un adolescente hipermedicado, con la droga y el alcohol a pocos centímetros de él porque sus padres decidieron "respetarlo demasiado".
Creo que la generosidad es incompleta cuando uno no se deja ayudar. Esto lo digo porque nos gusta reclamar políticas de fondo y cuando se empieza a hacer algo, algunas de las víctimas mismas -que reclamaban inclusión social- son las que primero cierran la puerta. Entiéndase que no me refiero a todos los que reclaman inclusión social, pero reconozcamos esta anécdota para entender que los argentinos -muchos argentinos- queremos ser así de mediocres y decadentes.
Esto pasó la semana pasada en un rancho de Colonia Segovia.
Una docente de una escuela pública de la calle Mathus Hoyos de Guaymallén fue a hacer una visita a la casa de los padres de una alumna, al parecer, con problemas de aprendizaje y muchas cosas más que ella fue detectando.
"Mire, mi hija no tiene zapatillas para ir a la escuela", fue una de las primeras respuestas del padre de la adolescente, que miraba escondida y con miedo desde su habitación. "¿Usted dice que mi hija tiene depresión? Ella se ha acostumbrado a estar encerrada en su cuarto y a no ver a nadie nunca. No creo que eso sea algo grave". "Usted sabe que somos pobres. A veces no tenemos para comer".
Al retirarse de esa casa, la docente después me contó que ese hombre -el padre de la chica- tenía puestas unas zapatillas Nike de las más caras (de esas que vos sabés que jamás podremos comprarla), un televisor de por lo menos 29 pulgadas y... una antena de Direct TV que sobresalía de las chapas del techo.
La misma docente sintió impotencia al ver que los padres inventan excusas fantásticas y que en realidad se desconciertan cuando uno les plantea que le tienen que poner límites a sus hijos. Y para peor, algunos ven como normal las conductas tristes y confusas causadas por la revuelta hormonal de la adolescencia y sinceramente jamás van a saber si sus hijos se meterán en la droga, porque directamente prefieren no meterse en las vidas de ellos.
"Yo le decía a la nena que fuera a la escuela porque sin la secundaria terminada hoy es muy difícil meterse en la vida laboral", explicó la docente.
Un caso me alarmó: una chica no mayor de 16 años que está faltando a la escuela porque está bajo tratamiento psiquiátrico. La chica se duerme siempre en la escuela y decidió no ir (¿el médico no podría cambiarle la medicación?). Pero lo peor fue un dato que ella largó: ya no hay turnos para el área de psiquiatría para el sector infanto juvenil del hospital de El Sauce hasta por lo menos fines de octubre. Una cosa es un adulto que necesita hacerse un tratamiento y otra cosa es un adolescente hipermedicado, con la droga y el alcohol a pocos centímetros de él porque sus padres decidieron "respetarlo demasiado".
Creo que la generosidad es incompleta cuando uno no se deja ayudar. Esto lo digo porque nos gusta reclamar políticas de fondo y cuando se empieza a hacer algo, algunas de las víctimas mismas -que reclamaban inclusión social- son las que primero cierran la puerta. Entiéndase que no me refiero a todos los que reclaman inclusión social, pero reconozcamos esta anécdota para entender que los argentinos -muchos argentinos- queremos ser así de mediocres y decadentes.
domingo, 24 de agosto de 2008
Morir por los demás
"Amar, amar, morir por los demás y así vivir", decía una canción en misa. A las 12 colgué en el último momento la noticia sobre el crimen en la Cuarta Sección. Pasadas las 17.30 me entero de la muerte del cura Contreras. Y lo primero que sentí fue un vínculo de lo que fue la vida de Contreras y la respuesta a la gran pregunta que todos nos hacemos: ¿para qué vivo yo? ¿qué sentido tiene la vida, y más hoy con la inseguridad y el consumismo? La respuesta la encontré en ese fragmento de la canción que inicia este párrafo. ¿Y cuál es esa respuesta? Es la siguiente: vivir por los demás, olvidarse de uno mismo, y todo por Amor, pero no un amor sentimental idealista, sino que un amor concretado en acciones, en hechos.
Tengo la sensación de que el cura Contreras no murió pobre, sino más bien todo lo contrario. Es lo mismo que se siente cuando uno empieza a cosechar tras haber trabajado toda la vida para enriquecer el corazón de los demás. Si todos los que hoy viven confundidos y desesperados entendieran este mensaje podríamos hacer un diario con menos noticias policiales. Reconozco que es tan difícil como imposible hacerlo, porque no seamos hipócritas: esto de vivir para los demás no lo hace nadie que tenga hoy trascendencia en los medios. Pero el sólo hecho de pensar en esta posibilidad me tranquiliza y me hace sentir paz.
Me da la impresión de que darlo todo y vivir para otros (y no vivir "de" otros) es la fórmula más completa de la vida. Pero qué difícil, ¿no? (pero en el fondo qué bueno, porque hay que estar realmente loco para hacerlo).
Tengo la sensación de que el cura Contreras no murió pobre, sino más bien todo lo contrario. Es lo mismo que se siente cuando uno empieza a cosechar tras haber trabajado toda la vida para enriquecer el corazón de los demás. Si todos los que hoy viven confundidos y desesperados entendieran este mensaje podríamos hacer un diario con menos noticias policiales. Reconozco que es tan difícil como imposible hacerlo, porque no seamos hipócritas: esto de vivir para los demás no lo hace nadie que tenga hoy trascendencia en los medios. Pero el sólo hecho de pensar en esta posibilidad me tranquiliza y me hace sentir paz.
Me da la impresión de que darlo todo y vivir para otros (y no vivir "de" otros) es la fórmula más completa de la vida. Pero qué difícil, ¿no? (pero en el fondo qué bueno, porque hay que estar realmente loco para hacerlo).
sábado, 23 de agosto de 2008
Edipos de un choque fashion
Viernes a las 20, más o menos (para ver la hora tengo que sacar el celular). Un coche cotizado en euros viene subiendo por Montevideos vs. un coche cotizado en pesos argentinos o mexicanos va por la arteria (como le gustan decir a los de Noticiero 9) Mitre = ¡Pum! (¡crash!, in english). Una piña, como decíamos en los tiempos que aprendimos a manejar, haciéndonos los Meteoros con el coche de papá.
Como es habitual en las piñas céntricas, los conductores de cada vehículo se bajaron ahí nomás...con sus respectivos celulares. Nada de histeria e insultos a lo G. Moreno. Charly podría haber compuesto allí la segunda parte de Total Indiferencia. Ellos siguieron hablando. De lejos parecía un monólogo con un tubo con celulitis, o sea.
¿Qué significa ésto? Se me ocurrió que evidentemente existe una dependencia con los celulares, por lo que no estaría mal analizarlo desde la óptica de los complejos de edipos. Veamos la siguiente clasificación.
1. Edipo telefónico
Abarca muchísimo. Es cuando uno apenas choca, agarra el teléfono y llama a su mujer para atajarse el primer pelotazo de los garrotazos verbales que sin dudas ella disparará como estrategia para ajustar las cuentas por una vieja discusión, en la que seguramente él ganó por poquito y ella perdió mal: es el momento de que ella meta cinco goles-kilogramos en la mochila de las culpas de su ser amado.
2. Edipo absoluto
El hombre chocó y no se siente capaz de afrontar la realidad: su novia será su protectora porque se entiende que su madre o su padre jamás lo podrán hacer, porque le quitarán el coche para siempre.
2. Edipo ministerial
Otra hipótesis froidiana para estos casos es que los dos conductores chocados, acostumbrados a ver al ministro Ciurca en todas noticias policiales, sean absorbidos por los "superyo" respectivos y los haya conducido sin querer a marcar el teléfono del titular de Seguridad, para que se haga presente en el lugar, a la espera de que algún periodista o blogger le haga una nota para la sección policiales.
3. Edipo superministerial
Tampoco descartemos que el mismo Ciurca tenga un GPS en todas las zonas ruidosas de los coches del modo que ante el menor impacto de chapas, automáticamente pegue un telefonazo a los protagonistas del delito. Es una buena manera de hacer catarsis, porque se entiende que ante un choque lo primero que uno hace es maldecir lo que venga, ya sea la pelotita que va colgada en el espejo retrovisor o a la abuela de Wilfredo y La Ganga. Hacer catarsis con alguien acostumbrado a escuchar los lamentos del pueblo puede evitar un eventual cruce de puños.
4.Edipo consumista
Puede pasar que también justo en el momento del choque llame esas típicas promotoras que te agarran a las 9.00 am cuando tenés un franco, justo cuando ese día vos querías levantarte a las once. Muchos pueden caer en la trampa consumista de dejarse ser carnada. Es un edipo muy extraño, pero se puede dar.
5. Edipo empresarial
También puede pasar que la secretaria lo llame por decimonovena vez al conductor. Así se entiende que ante cada cambio de situación, como lo es un coche, un jefe puede llamar a su secretaria para recriminarla porque "el estudio de probabilidades falló" o bien, para que le envíe un gráfico explicando la situación.
6. Edipo game over
No hay que descartar que quienes chocaron pudieron creer que estaban adentro de un videogame, disputando una carrera. O quizás una suerte de Second Life. En este caso, el chocar (¡sí, justo chocar!) con la realidad equivale a que se corte la electricidad o se cuelgue la máquina. Para ello, el teléfono es la única vía de escape hacia el mundo ficticio y virtual, por lo que el conductor llamará para reclamar una ficha para seguir jugando, o bien, para llamar a un técnico o analista de sistemas que tenga un programa TuneUp, para así limpiar la máquina de bichos y archivos inútiles y de paso, hacerla más rápida (sí, pero Mendoza es una ciudad limpia, pero...).
Todo para evitar el miedo de enfrentar la realidad ("game over fiction").
Como es habitual en las piñas céntricas, los conductores de cada vehículo se bajaron ahí nomás...con sus respectivos celulares. Nada de histeria e insultos a lo G. Moreno. Charly podría haber compuesto allí la segunda parte de Total Indiferencia. Ellos siguieron hablando. De lejos parecía un monólogo con un tubo con celulitis, o sea.
¿Qué significa ésto? Se me ocurrió que evidentemente existe una dependencia con los celulares, por lo que no estaría mal analizarlo desde la óptica de los complejos de edipos. Veamos la siguiente clasificación.
1. Edipo telefónico
Abarca muchísimo. Es cuando uno apenas choca, agarra el teléfono y llama a su mujer para atajarse el primer pelotazo de los garrotazos verbales que sin dudas ella disparará como estrategia para ajustar las cuentas por una vieja discusión, en la que seguramente él ganó por poquito y ella perdió mal: es el momento de que ella meta cinco goles-kilogramos en la mochila de las culpas de su ser amado.
2. Edipo absoluto
El hombre chocó y no se siente capaz de afrontar la realidad: su novia será su protectora porque se entiende que su madre o su padre jamás lo podrán hacer, porque le quitarán el coche para siempre.
2. Edipo ministerial
Otra hipótesis froidiana para estos casos es que los dos conductores chocados, acostumbrados a ver al ministro Ciurca en todas noticias policiales, sean absorbidos por los "superyo" respectivos y los haya conducido sin querer a marcar el teléfono del titular de Seguridad, para que se haga presente en el lugar, a la espera de que algún periodista o blogger le haga una nota para la sección policiales.
3. Edipo superministerial
Tampoco descartemos que el mismo Ciurca tenga un GPS en todas las zonas ruidosas de los coches del modo que ante el menor impacto de chapas, automáticamente pegue un telefonazo a los protagonistas del delito. Es una buena manera de hacer catarsis, porque se entiende que ante un choque lo primero que uno hace es maldecir lo que venga, ya sea la pelotita que va colgada en el espejo retrovisor o a la abuela de Wilfredo y La Ganga. Hacer catarsis con alguien acostumbrado a escuchar los lamentos del pueblo puede evitar un eventual cruce de puños.
4.Edipo consumista
Puede pasar que también justo en el momento del choque llame esas típicas promotoras que te agarran a las 9.00 am cuando tenés un franco, justo cuando ese día vos querías levantarte a las once. Muchos pueden caer en la trampa consumista de dejarse ser carnada. Es un edipo muy extraño, pero se puede dar.
5. Edipo empresarial
También puede pasar que la secretaria lo llame por decimonovena vez al conductor. Así se entiende que ante cada cambio de situación, como lo es un coche, un jefe puede llamar a su secretaria para recriminarla porque "el estudio de probabilidades falló" o bien, para que le envíe un gráfico explicando la situación.
6. Edipo game over
No hay que descartar que quienes chocaron pudieron creer que estaban adentro de un videogame, disputando una carrera. O quizás una suerte de Second Life. En este caso, el chocar (¡sí, justo chocar!) con la realidad equivale a que se corte la electricidad o se cuelgue la máquina. Para ello, el teléfono es la única vía de escape hacia el mundo ficticio y virtual, por lo que el conductor llamará para reclamar una ficha para seguir jugando, o bien, para llamar a un técnico o analista de sistemas que tenga un programa TuneUp, para así limpiar la máquina de bichos y archivos inútiles y de paso, hacerla más rápida (sí, pero Mendoza es una ciudad limpia, pero...).
Todo para evitar el miedo de enfrentar la realidad ("game over fiction").
jueves, 21 de agosto de 2008
Mentiras en casa
"Ayer le dije a mi esposo que la semana pasada metí la rueda del coche a la acequia". "¿Te retó?". "Sí y no, se enojó un poco por no haberle avisado en su momento". "Yo directamente le miento. Siempre le miento en estupideces que puedan ocasionar una discusión".
Ella se sintió medio estúpida por haberle confesado a su amiga que nunca le miente a su marido, aunque tenga que decirle la verdad mucho tiempo después.
"Claro, la mentirita se ha institucionalizado", se atrevió a comentarle otra amiga. "Además no pasa nada, o te creés que ellos tampoco lo hacen", agregó.
Recuerdo cuando en agosto de 2006 viví el fin de semana de novios del movimiento Encuentro Matrimonial (un taller de comunicación católico) que aprendimos que "el amor es una decisión" y esa decisión implicó entregarme del todo a ella y ella del todo a mi, como más tarde aprendí de las innumerables charlas de Guillermo y Graciela Martínez, de los Focolares.
Suena muy lindo decirlo. Pero la peor decepción es cuando lo ponés en práctica y tropezás. A veces me he preguntado si conviene compartir todo o no, o bien, ocultar cosas que sé que pueden caer mal en mi pareja. Siempre está esa idea porque se trata de pensar con estrategia, pero confieso que cuando lo he hecho terminé sintiéndome muy mal, porque descubrí que ella igual te entiende y que se sentirá mejor si no le ocultás la mentira, por más pequeñita que sea. Es verdad que a veces son cosas tan estúpidas que ni siquiera tienen sentido (como lo puede ser ver algo sensual y desnudo en Youtube) pero cuando lo hacés una vez y se te ocurre pensar cómo sería la cosa si a vos te estuvieran ocultando algo, realmente no me sentiría para nada bien, y lo entiendo así, siempre y cuando se entienda que nada de todo esto altera la decisión de amar.
Ahora, supongamos que aceptemos que las mentiras pequeñas son saludables para evitar los despelotes, ¿cómo podría transmitir autoridad moral a mis hijos cuando yo sea padre? Como aún no lo soy zafo por poquito, pero eso es ser hipócrita, porque o sos un mentiroso o no definitivamente no lo sos. No tengo hijos pero sí tengo muchos sobrinos y realmente me da vergüenza cuando sé que puedo darles un buen consejo pero no se los doy porque no tengo autoridad moral dara darlo (ésto significa ser coherente con lo que decís, algo que quien lo escucha lo entiende porque alcanza a detectar la tonalidad de tu conciencia). Podrás decir que "la sociedad está acostumbrada a la mentira", sobre todo después de escuchar a Cristina cuando en su conferencia de prensa dijo que no se arrepentía de nada de lo que había hecho. Ahora, ¿institucionalizando la mentira zafamos de los que nos dice la conciencia? Supongamos, que en definitivamente sea así (un ateo inteligente te diría que la conciencia es una construcción cultural), ¿nos sentiríamos tranquilos si la mentirita se institucionaliza?
Creo que todos estamos de acuerdo con que preferimos que nos traten como a nosotros nos gustarían que nos traten, así que no creo que la mentirita institucionalizada tenga vía libre aquí. Pero parece, por lo que veo, (y vos también lo ves, supongo) que está muy institucionalizado en Mendoza.
Creo que la solución consiste en aceptarse uno tal como es y reconocer esas debilidades, saber detectar lo negativo que resulta esto a largo plazo (muchos, muchísimos divorcios se iniciaron a partir de pequeñas mentiras) y desde allí trabajar el diálogo hasta el fin, ya que si los dos aceptaron el amor como una decisión y la entrega mutua, el diálogo se hace sabiendo que siempre habrá momentos de ganar y momentos de perder.
Éste no es un tema lindo ni tampoco me gusta dar consejos; sólo es una opinión. Pasa que tengo la impresión de que no le damos bola cuando pasa porque, al igual que nos sucede cuando manejamos sin cinturón y a velocidad alta, creemos que no nos va a pasar nada.
Ella se sintió medio estúpida por haberle confesado a su amiga que nunca le miente a su marido, aunque tenga que decirle la verdad mucho tiempo después.
"Claro, la mentirita se ha institucionalizado", se atrevió a comentarle otra amiga. "Además no pasa nada, o te creés que ellos tampoco lo hacen", agregó.
Recuerdo cuando en agosto de 2006 viví el fin de semana de novios del movimiento Encuentro Matrimonial (un taller de comunicación católico) que aprendimos que "el amor es una decisión" y esa decisión implicó entregarme del todo a ella y ella del todo a mi, como más tarde aprendí de las innumerables charlas de Guillermo y Graciela Martínez, de los Focolares.
Suena muy lindo decirlo. Pero la peor decepción es cuando lo ponés en práctica y tropezás. A veces me he preguntado si conviene compartir todo o no, o bien, ocultar cosas que sé que pueden caer mal en mi pareja. Siempre está esa idea porque se trata de pensar con estrategia, pero confieso que cuando lo he hecho terminé sintiéndome muy mal, porque descubrí que ella igual te entiende y que se sentirá mejor si no le ocultás la mentira, por más pequeñita que sea. Es verdad que a veces son cosas tan estúpidas que ni siquiera tienen sentido (como lo puede ser ver algo sensual y desnudo en Youtube) pero cuando lo hacés una vez y se te ocurre pensar cómo sería la cosa si a vos te estuvieran ocultando algo, realmente no me sentiría para nada bien, y lo entiendo así, siempre y cuando se entienda que nada de todo esto altera la decisión de amar.
Ahora, supongamos que aceptemos que las mentiras pequeñas son saludables para evitar los despelotes, ¿cómo podría transmitir autoridad moral a mis hijos cuando yo sea padre? Como aún no lo soy zafo por poquito, pero eso es ser hipócrita, porque o sos un mentiroso o no definitivamente no lo sos. No tengo hijos pero sí tengo muchos sobrinos y realmente me da vergüenza cuando sé que puedo darles un buen consejo pero no se los doy porque no tengo autoridad moral dara darlo (ésto significa ser coherente con lo que decís, algo que quien lo escucha lo entiende porque alcanza a detectar la tonalidad de tu conciencia). Podrás decir que "la sociedad está acostumbrada a la mentira", sobre todo después de escuchar a Cristina cuando en su conferencia de prensa dijo que no se arrepentía de nada de lo que había hecho. Ahora, ¿institucionalizando la mentira zafamos de los que nos dice la conciencia? Supongamos, que en definitivamente sea así (un ateo inteligente te diría que la conciencia es una construcción cultural), ¿nos sentiríamos tranquilos si la mentirita se institucionaliza?
Creo que todos estamos de acuerdo con que preferimos que nos traten como a nosotros nos gustarían que nos traten, así que no creo que la mentirita institucionalizada tenga vía libre aquí. Pero parece, por lo que veo, (y vos también lo ves, supongo) que está muy institucionalizado en Mendoza.
Creo que la solución consiste en aceptarse uno tal como es y reconocer esas debilidades, saber detectar lo negativo que resulta esto a largo plazo (muchos, muchísimos divorcios se iniciaron a partir de pequeñas mentiras) y desde allí trabajar el diálogo hasta el fin, ya que si los dos aceptaron el amor como una decisión y la entrega mutua, el diálogo se hace sabiendo que siempre habrá momentos de ganar y momentos de perder.
Éste no es un tema lindo ni tampoco me gusta dar consejos; sólo es una opinión. Pasa que tengo la impresión de que no le damos bola cuando pasa porque, al igual que nos sucede cuando manejamos sin cinturón y a velocidad alta, creemos que no nos va a pasar nada.
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