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domingo, 17 de abril de 2011

Una luz en el prostibulo

15 de enero de 1988. ¿Qué hacemos? Ese día cumplía 18 años y con Charles Rubens, compañero del Martín Zapata, que tres años antes –cuando empezaba el día y lo terminaba sólo escuchando “Rocas Vivas, se mueven las sillas, te quiero ver bailar” me había enseñado una ingeniosa técnica de estudio para aprobar los tormentosos y complicadísimos exámenes de Contabilidad- nos lanzamos a la calle para hacer lo que legalmente ya se podía a partir de los 18: ir al cabaret. Si bien desde hacía dos años que ese colegio se había convertido en mixto, la amistad con las chicas del curso era demasiado formal y respetuosa como para pasarlas a buscar (en colectivo, porque de autos, ni ahí), llevarlas a bailar, pagar la entrada del boliche, el trago, el taxi que la llevara a su casa y de ahí la limousine o lo que me arrastrara lo más cerca posible de mi domicilio. Salía más barato comer un pancho en Aruca, frente al Normal. y arrimar al boliche bizarro de la galería Caracol, o lo que por ahí cerca estuviera perfumado por delicioso sexo opuesto. Así fue que caímos a un cabaret chanta de la calle Las Heras, llegando a Mitre. Tan chanta que no tenía nombre.

Entre que entramos y no entramos, más los cinco mangos que se esfumaron con los panchos, miramos para arriba y sin pensar abrimos la puerta y entramos: veinte pesos (para lo que era ese entonces, más o menos). Negociamos. 18,5. Listo, nos sentamos en un sillón con amplia vista al escenario. Las muchachas ojos de video tape porno vinieron por nuestros tragos para ellas. Dos moneditas que valían cero pesos. Nos fuimos así como entramos, sin terminar de escuchar la canción de 9 semanas y media, que en esa época ponían hasta en la Fiesta del Melón y la Sandía, en Costa de Araujo. Al cohete, si bien Charles Rubens me enseñó a sacarme 9 en Contabilidad, en esa noche los dos fuimos un 3,5. Es el único caso en que podés elevar la nota poniendo más dinero, por lo que suponemos que la conciencia de ambos estaba configurando un código fácil de interpretar pero difícil de aceptar. Tal cual era la primera vez que aterrizábamos en un cabarute y seguramente no volveríamos a pisar uno hasta el día en que nuestros bolsillos se emanciparan y comenzáramos a ganar como escribanos. ¡Qué gente de principios éramos? Sin dudas que si cerré esta exclamación con una interrogación fue porque teníamos muchos principios pero muy pocas veces finalizábamos. Fue por eso que decidimos juntar el doble de plata e ir el sábado siguiente a Tiffanys, el mejor cabarute céntrico -calle España, entre Rivadavia y Peatonal- que había en la Mendoza de los ochenta. 


Y llegó ese sábado a la noche (¡qué rápido pasó!). Nos vestimos mejor. Esta vez, con los bolsillos asegurados. Llegamos a la puerta de Tiffanys. Oscuridad hasta en el color del traje del engominado vigilante de la puerta. Faltaba el bulldog. No nos pidieron el DNI porque yo ya medía casi un metro noventa, aunque el acné me daba menos de 18. ¿A cómo la entrada? "Cuarenta pesos, muchachos". Era todo lo que teníamos. Poniendo estaba la gansa. Bolsillos vacíos otra vez. Entramos y la primera escena mostraba el claroscuro de la conciencia que describe ciertas escenas de noches con mujeres exuberantes en los films mafiosos de Scorsese. La misma situación que siete días atrás: bolsillos en default para el micro de vuelta. Decí que Charles Rubens traía el abono del colectivo 30 que cada amanecer lo llevaba de la Paso de los Andes de Godoy Cruz hasta el Martín Zapata.


"Hola muchachos", rugió la primera leona, cuarentona y pico special, nomás. No fue esa gran cosa de un cabaret que cualquiera te cuenta con voz narradora de campeón del mundo cuando en los recreos había que contar una experiencia ganadora que jamás había hecho en la vida. Ella me miró como si su conciencia, bien cubierta por su cuerpo, tuviera una carta escrita con el alma para mi. La escuché:


"Mirá, yo soy madre de tres hijos y tengo que hacer este trabajo porque no alcanza con lo que trabaja mi marido. Una al final se acostumbra pero, ¿sabés qué? Vos sos un muchacho (ojo: no dijo "creo que vos sos un muchacho") que tenés que ganarte las minas en la calle. Los hombres que vienen acá son perdedores. Vos sos joven y este lugar no es para personas como vos. Macho es el que enfrenta a la mujer cara a cara y no a las escondidas y con dinero y poder, como es acá, ¿me entendés?".


Para zafar se me ocurrió preguntarle si allí caían los diputados o senadores de la Legislatura y ella no sólo me contestó que sí, sino que agregó que sus clientes también eran esos hombres de poder que jamás cualquier mendocino imaginaría. Está claro que esto último no fue lo más importante que me dijo. Nos fuimos (sí, más vale, vimos un show, para decir luego que tuvimos la experiencia de ir a un cabaret y listo).


El regreso a la plaza Independencia para tomar el colectivo fue silencioso. Madrugada del domingo, día del Señor, con un ángel de la guarda que nos acompañaba con las manos en los bolsillos, imitándonos. Alguien dijo que cuando hay palabras de amor es porque Jesús está en medio de nosotros. Y quizás esta señora, que sinceró su cruz ante nosotros, vio a Jesús en nuestras miradas y su mensaje, desde ese infierno ricotero y rico de placer, fue directo a esa persona que sabe que la ama en forma incondicional. Fue una luz donde menos los esperábamos.


Ninguno de los dos jamás regresamos a un cabaret y como ella dijo, finalmente el amor de mujer nos llegó a la vuelta de la esquina. 

jueves, 7 de enero de 2010

Arrancó el 2010 hablando de Perón con su suegra

El que lee este título dirá "seguro que pasó después del brindis de la medianoche y nada más". No fue exactamente eso: empezó -como bien dice usted- a las 0 pero concluyó ... a las 6. Resultados totales: las primeras seis horas del 2010 hablando de Perón. Es para que Moyano le dé un subsidio mensual de por vida equivalente a 800 planes trabajar.

Sin embargo lo que hay detrás de esta cosa es la historia de un talento mendocino que deja la provincia porque aquí no consigue trabajo.

Así como mi cuñado Pepe dejó Mendoza hace 20 años para hacer un master en agronomía y un doctorado en bioconservación de especies en Estados Unidos y su mujer, Titi, mi hermana, lo mismo para hacer un master en vivienda social, mi amigo Toribio (usaremos un apodo vacuno para referirnos a él y a su mujer, en este caso, Aurora) se fue hace dos años a San Luis -otro país se puede decir también en este caso- para hacer un doctorado en bioquímica. Cuando yo lo conocí era un tipo apolítico y su ahora mujer, Aurora, una mina simpática y de familia radical. Toribio está becado por el Conicet y afirma que lo único positivo de la era Kirchner fue el aumento de sueldo a los científicos argentinos y a los jubilados.

Pepe y Titi se las arreglaron solos, con las reglas de juego de allá, y se puede decir que recién ahora están empezando a cosechar lo que fue su larga siembra. Ambos trabajan en la universidad de Illinois, uno como docente universitario y científico y la otra, en el área de eventos. Para llegar a tales puestos, hace 20 años ambos se proyectaron y habrán visto hasta dónde podían llegar. El caso de Toribio y Aurora fue distinto. Estando en San Luis hicieron el ejercicio de proyección de vida: ya nos casamos, ahora queremos un laburo y crecer económicamente también. Pero soy científico y ella, docente de personas con capacidades especiales. ¿Qué hacemos? Click, respuesta: ¡metámonos en política!. Y en ese otro país que queda cruzando el Desaguadero, meterse en política significa ser PJ adolfista. Antes, él era apolítico y ella radical. Hoy, ambos se hicieron peronistas para ganar un poco de plata y crecer ¡¡dentro de su propia profesión, no recibiendo la guita subsidiada de arriba!!

Con esta introducción y nudo comprenderán por qué el desenlace fue Toribio hablando de Perón con su suegra radical toda la noche del nuevo año.

Toribio se recibió de bioquímico hace tres años en San Luis. Vino a Mendoza y pasó 12 meses tirando currículums debajo de las puertas. Ni el gato se percató de que estaba ante un científico brillante, que en estos días está patentando en el Conicet su primer invento: un detector de bacterias en las manzanas, para agarrarlas a tiempo antes de que maduren averiadas. Según me dijo, en Europa el modelo más parecido y por ende, menos actualizado, al que hizo él se pagó 500 millones de dólares por la patente para su comercialización. Y lo que Toribio hizo para las manzanas también servirá para las uvas y ésto puede ayudar a evitar una mala cosecha por culpa de los bichitos de campo, tardíamente detectados.

La cuestión es que acá no le dieron bola y se fue a San Luis. Le salió el doctorado y para hacer carrera en la universidad estatal de esa provincia, sí o sí debe incursionar en la política. Y lo mismo su mujer de origen radical si quiere conseguir un buen laburo de docente para personas con capacidades especiales.

Así como a mis amigos puntanos les fue bien el contacto con la política, todo lo contrario sucedió con Pepe y Titi. El primero siempre soñó con volver a Mendoza. Un día, en Denver, Estados Unidos, se encontró con un sanrafaelino que acaba de ser electo gobernador de Mendoza. Lo invitó a volver a la provincia. Pepe hizo el doctorado y fue a probar suerte a Mendoza. Nada. Yo lo acompañé a Casa de Gobierno para hablar con ese gobernador que se encontró allá y nada, a otra cosa. Allá le va bien y eso se entiende.

Conclusión: Sería erróneo decir que por culpa de Perón muchos mendocinos dejan para siempre nuestra provincia. Aunque dejar Mendoza implique ciertos episodios extraños como el que titula este post.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Una historia bizarra del 31


Después del brindis sólo hay dos formas de pasar el Año Nuevo: en casa o bailando. No existe un término medio, como lo es el cine, tomar algo o jugar al pocker con amigos. Es probable que nadie vaya a la Arístides, por ejemplo, salvo para hacer escala de un viaje cuyo punto final será un boliche o salón de fiestas.

Alguna vez Las Heras tuvo el eslogan “Puro futuro” porque el superclásico bolichero lo disputaban El Challao vs Chacras (Luján de Cuyo). Este último vendría a ser la Primera A respecto del anterior, que sería la B Nacional. De allí viene el “Puro futuro”, aunque hasta el momento Chacras sigue convocando más. Por otra parte se sumó un tercer equipo que desde hace años viene jugando la Promoción a la A, que es la avenida San Martín Sur de Godoy Cruz y sus boliches.

La cuestión es que en la última semana del año la mente proyecta la gran noche del 31 en los caminos que conducen a estos tres equipos nombrados, más otros que se incorporan esa madrugada, como las fiestas en el Hípico del Parque o en clubes de la Puntilla u otros del estilo. La cuestión es que muchos deciden ocuparse del tema después del brindis y allí arranca una nueva aventura que no necesariamente transita en la Panamericana a Chacras, la San Martín Sur de Godoy Cruz o la super autopista que conduce al majestuoso Challaolandia.


Alguna vez soñamos que Mendoza llegaba al año 2000 subida en los coches voladores de los Supersónicos. No fue así para un grupo de amigos de la parroquia San Nicolás, de la Peatonal Sarmiento. Era la clásica de los que tienen entre 20 y 30 en Mendoza, clase media categoría “sin un mango hasta que consiga un trabajo formal”. Con un superávit por bolsillo de $5, Sonia decidió contratar a una traffic para celebrar la llegada del nuevo milenio en una fiesta casera en Maipú. Sabiendo que los taxis y remises desaparecen el 1 a la madrugada, lo más óptimo y económico sería que una traffic pasara a buscar a cada uno de los 8 amigos del grupo, novedad que enfermó al chofer de ese transporte cuando supo adónde tenía que pasar a buscar a cada uno. Dos en los extremos de Las Heras, otro en un barrio escondido de Godoy Cruz, otro en Kilómetro 8 y otra en Corralitos, ambos de Guaymallén. Y así más. Hubiera sido más fácil contratar a un helicóptero o a un tren subterráneo de Buenos Aires, porque además de los 8 ñatos, la traffic tuvo que llevar a una pareja de ancianos desde Maipú -donde cenaron y brindaron-  hasta Las Heras, para luego volver nuevamente a Maipú, previa escala en los puntos descriptos. Si alguno era de Santa Isabel, límite de General Alvear con La Pampa, seguro que lo buscaba también.

Contar cómo fue el recorrido de esa traffic durante la madrugada del 1 sería un embole. Sólo les puedo anticipar lo obvio: que mientras media Mendoza celebraba la llegada del nuevo milenio en una pista de baile, estos muchachos hacían un city tour apretujado por el Gran Mendoza, con viajes ida-vuelta-ida-vuelta-ida-vuelta, a modo de ovejero alemán que se muerde la cola todo el tiempo en un pasillo estrecho.


Finalmente llegaron a las ¡¡6 am!! a la fiesta hogareña de Maipú, que nunca pudo ser fiesta.  “En una hora nos pasa a buscar”, le indicó Martín al chofer de la Traffic. El tipo se quiso cortar las partes iguales que protegía su calzoncillo, obviamente. A esa hora, los muchachos jugaron al “teléfono no se qué”, que consistía en decirse un mensaje al oído, uno a uno, sin levantar la voz, hasta que escuchar la barbaridad que terminaba expresando el último de la fila. A las 7 llegó la traffic y otra vez el interminable rally Dakar por el Gran Mendoza hasta dejar a cada uno en sus casitas.

Sacando cuentas por el tiempo que les llevó cada recorrido, les hubiera salido igual un viaje ida-vuelta a Carlos Paz desde Mendoza si partían todos juntos desde la Terminal. Conclusión: cuando no tenés un mango a veces igual te termina saliendo más caro.


Por más anuncios televisivos que veamos de fiestas de año nuevo, algunos que otros bizarros posiblemente le den la bienvenida al 2010 arriba de una traffic, o tratando de ubicar la casa de una chica que le dio mal la dirección a un tipo que la pasó a buscar por primera vez en un barrio que jamás fue, o –en último instancia, si no hay guita ni mujeres- bailando con su "sombra en la pared”.

martes, 22 de septiembre de 2009

Preguntas profundas para salvar parejas

No tener cable es uno de los límites económicos que te ponés en la vida de casado. Y cuando ya pasó la medianoche no queda otra que el 7 o el 9. Saquemos cuentas: 2.30 am (fuimos a tomar algo a la Arístides, volvimos, aún no tenemos sueño). En un canal, esa película que reparte balazos y noticias policiales a medio camino. En el otro, "Alguien a quien querer", de la española Lola Cordero. Ideal para verlo de a dos cuando te queda media hora de quedarte apolillado hasta que el despertador del celular a la fuerza te arranque de la garganta un "maldición, va a ser un día hermoso".

Ella tiene 25 años y en media hora deberá decidir entre tres muchachos para la primera cita. Los elegirá por su pinta -aunque todos ellos lo nieguen- y por las respuestas a las no más de tres preguntas que puedan contestar cada uno de estos jóvenes. Una astróloga y una psicóloga ayudarán con un excelente diagnóstico de "primera impresión" de todos los participantes.

El primer candidato es cinco años menor que ella; el segundo, un año más y el tercero, cuatro olds years más. Los tres coinciden en que son divertidos y que quieren una relación sincera. Tienen escasos quince minutos para conocerse: "play the game".

Ella arranca: "¿Usás boxers o slip?". Ellos siguen: "¿Qué posiciones en la cama te gustan más? ¿Sos creativa en la cama? ¿Preferís un orgasmo de cinco minutos o de cuarenta minutos?" y así más.

Se acaba el programa. Queda una pregunta para hacer. Hay que jugársela. Algo que describa lo que es la persona por dentro y por fuera. Vamos. Es la oportunidad...

"¿Adónde me llevarías en la primera salida?", dispara ella.

Del primer ladrillo al 19º

Pasó la primera cita. Se armó una linda historia. Pero no nos animamos a decirnos todo.

Aquí les dejo algunas preguntas (de un taller que viví con mi mujer), que ayudan mucho a la hora de plantearnos el "por qué pasa ésto" y "qué vamos a hacer". ¡Suerte!. Todo sea por el amor (y por el rocanrrol, vamos!):

- ¿Cómo me hace sentir tu trabajo o la actividad que vos hacés?

- ¿En qué forma vos sos un misterio para mí?

- ¿Qué importante son las cosas materiales para mi y para vos? ¿Cuáles son mis límites para conseguirla?

- ¿Cómo me siento cuando te tengo que pedir dinero?

- ¿Cómo me siento cuando nos peleamos y no respetamos las reglas que establecimos para discutir nuestras diferencias? ¿Hemos elaborado una forma sana para hablar de nuestras diferencias?

- ¿Me veo yo mismo como alguien especial para vos?

- ¿Qué cosas de mi vida aún no compartí con vos?

- ¿Cuáles son tus sentimientos acerca de mi familia?

- ¿Qué siento cuando tardo en perdonarte?

- ¿Cómo me siento cuando me decís que me necesitás?

- ¿Cómo me siento cuando no comparto lo que vos me decís?

- ¿Qué actitud tomo para devolverte la confianza cuando yo te he herido?

- ¿Doy vuelta con mil excusas para evitar pedirte perdón?

- ¿Cómo me siento cuando negué perdonarte?

- ¿Qué temas de sexo aún no me atreví a charlar con vos?

-¿Qué me resulta difícil aceptar de vos?

- ¿Acepto la relación que tenés vos con tu familia?

- ¿Tengo clara conciencia de que el vínculo con tu familia continuará después de nuestro casamiento?

- ¿Frente a qué actitud tuya me cuesta ser abierto con vos?

- ¿En qué temas me encierro y rechazo escucharte?

- ¿Qué es lo más atractivo que encuentro en vos?

- ¿Cómo me siento cuando pienso que vos alguna vez decepcionaste a otras personas?

- ¿Somos conscientes de que si nos casamos es para toda la vida?

- ¿Te escucho con atención o estoy a la defensiva por si me atacás?

- ¿En qué aspectos me cuesta confiar plenamente en vos?

- ¿Cómo me he sentido cuando en nuestra comunicación vos pusiste toda tu confianza en mi?

- ¿Cómo vivimos nuestras ansias de seguir juntos en medio de una de nuestras crisis o ante
problemas que afectaron nuestra relación?

- ¿Te acepto como sos, sin pretender cambios en busca de nuestra unidad?

- ¿Cómo hemos contagiado nuestro amor a otros? o... ¿como pareja transmitimos felicidad y amor?

- ¿Todas mis actitudes nos lleva a nuestra unidad como pareja?

- ¿Es más importante nuestro éxito personal o el éxito de nuestro matrimonio/pareja/noviazgo?

- ¿Cómo me siento a punto de comenzar una discusión o pelea? ¿Me pongo a la defensiva, susceptible y miedoso? ¿Por qué?

- ¿Qué desearías vos que yo cambie porque te produce daño?

- ¿Los celos y las sospechas inciden mucho en nosotros? ¿Por qué?

- ¿Qué acciones concretas hago para construir la unidad en nuestra pareja?

- ¿En qué casos difíciles me sentí unido a vos, aún sin felicidad?

lunes, 20 de julio de 2009

El día que los argentinos hicimos historia

“Risotadas entre el auditorio. Cuando se izó la bandera norteamericana en la Luna, los periodistas aplaudieron. 'Neil y Buzz, estoy hablándoles desde la Sala Oval de la Casa Blanca. Y esta llamada es, justamente, la más histórica que se ha hecho jamás'. Risotadas en el auditorio. ¡La llamada telefónica más cara que se había hecho jamás! Estentóreos aplausos”.


Timbre. Voy al portero. “El afiladorrr. ¿Tiene cuchillo para afilar?” (aparecen otras voces que dicen “no señor”, “por ahora no señor”, “no”, “no”…).


Estaba leyendo el artículo “La gran hazaña” que cuenta el minuto a minuto de la llegada del hombre a la Luna, hace ya exactamente 40 años, en una brillante narración del escritor y periodista Norman Mailer para la revista Life. Lo del afilador, en términos lunáticos, me cambió de órbita.


Si bien ayer fue el Día del Amigo, lo que en realidad se celebra es -como describe Mailer- el día más importante de la humanidad después de la muerte de Cristo, mientras que el afilador seguramente regresará a casa con las manos vacías, luego de que cientos de vecinos de edificios negaran su servicio.


Se me ocurrió pensar en el próximo objetivo de la NASA (y ya que estamos, de la humanidad): el planeta Marte. Todo bien, pero ¿acaso ése será el próximo hecho en el que alguien pronuncie la frase de Neil Amstrong “un pequeño salto para el hombre y un gran paso para la humanidad”. A esta altura, ya creo que no. Pero sí reconozco que muchos periodistas soñamos ser un Norman Mailer que alguna vez escriba la siguiente historia:


“Por fin hoy terminó el hambre en el mundo”


“Los alimentos estaban ante ellos, tan visible, por fin, como la tierra del horizonte en las noches de media luz. La tierra con alimentos, un cuerpo sumamente misterioso, único en el sistema solar, cuyas propiedades y dimensiones resistían todas las categorías de clasificación entre ricos y pobres. Frente a ellos, el mundo alimentado yacía desnudo en su multiplicidad de diseño. Allí giraba una realidad aún oscurecida por las injusticias, con lagunas de holocaustos aún temiblemente luminosos a la vista. Era un espectáculo sumamente extraño, extraño como una presencia sobrenatural, extraño como una ciudad viva que surgiese a través de un sueño de cielo y cristalina superficie de viñas robustas, rosadas y maduras. ¿Cómo respirar en una nación alegre y a la vez humana que mostraba todos los indicios de haber parecido en alguna angustia del cosmos, en alguna angustia de Apocalipsis, un rostro tan cruelmente puntuado como un acné habría dejado a un hombre cuya piel hubiese muerto, permaneciendo vivo el corazón? La Tierra mostraba huellas de agujeros, torturas, cicatrices, quemaduras, divisiones y fusiones de gritos interminables de desesperación”.


“Infinito orden. Infinito estallido de verdes oliva en los campos. Infinita paz. Infinitas voces curadoras de las heridas cicatrizadas de lo que fueron las torturas, quemaduras, divisiones, noches de frío helado en las plazas y gritos encadenados de desesperación”.


“Cataratas de minerales azules al azar, parrales de 150 kilómetros rodeados de montañas circulares que conforman cientos de miles de pequeños valles soñados, con largas e inexplicables y misteriosas redes de caridad. Sí, esta tierra alegre era un centrífugo del sueño, acelerando toda idea nueva hasta la satisfacción misma. Hay que contener el aliento cuando se está por aterrizar en la tierra sin hambre”.


“Pasaron pocos minutos. La impaciencia se cernía en el aire. Durante estos primeros minutos cada revelación iba a ser un milagro. Llegaba la respuesta a la primera o segunda pregunta más grande formulada en la conciencia del ser humano. El infinito del Bien Común los abrazó. La caridad desborda en un río creciente, lleno de perfectos banquetes de peces vivitos y coleando. La humanidad vive su momento más iluminado por una verdad que ya no duele y que sana. El cielo en la tierra y la tierra casi en el cielo. La justicia se extiende sin fin en una tierra plegada de almas encendidas, radiantes y unidas. El mejor momento de la historia de la humanidad”.


“No encuentro palabras para expresar lo orgullosos que nos sentimos los argentinos y el mundo entero, porque estoy seguro de que también el mundo se une a los argentinos ante una proeza tan grande – dijo el presidente, ante una cámara seguida por miles de millones en todas las televisiones, celulares y computadoras que se hayan fabricado desde la revolución tecnológica hasta ese día”.


“Lo que han hecho en la tierra ha pasado a formar parte del cielo y a los argentinos esto les redobla el esfuerzo para traer la paz y la tranquilidad al país. Durante un momento inapreciable de la historia del hombre, todos los habitantes de este mundo son verdaderamente un solo pueblo. Están unidos por el orgullo de lo que ustedes, argentinos, han hecho”, concluyó.


Desde la tierra de los alimentos, una mujer le respondió al presidente: “Es un gran honor y un gran privilegio ser representantes no sólo de Argentina sino también de los amantes de la paz del mundo entero”.


Y ese día fue la primera vez que se celebró el Día del Amigo sin enemigos.


La imagen es el título de un trabajo de Ignacio Trueba

miércoles, 23 de julio de 2008

No importa el lugar

Desenchufó el pendrive del equipito y la cumbia, gracias a Dios, agonizó un rato. Empezó a sonar una canción con algo más valioso en el cerebro y en el corazón (Amigos, de los enanos).

Por un momento se olvidó de la preferencia hacia su novio y empezó a abrazar a sus amistades por igual. Y produjo un efecto cadena: los que estaban solos y no se conocían se empezaron a mirar como si tuvieran cinco años de pura inocencia. Si no fuera por mi timidez quizá hubiera saludado a todos estos desconocidos (tan tímido que incluyo, por las dudas, la palabra "quizá"). En esto aparece mi mujer, que casi jamás se muestra despistada, y me dice "¿ya son las doce?" (eran las 4.00 am).

Madrugada campestre. Más frío que en Ciudad. No sé si era Corralitos o Colonia Segovia, pero era bien bien campo. Ella se recibió de economista en la UNCuyo y celebraba la noche del sábado con sus amigos allí donde vive. En la mesa había vino patero y empanadas recontracaseras. No sé hacía cuánto que no comía empanadas caseras.

Sin música fuerte. Sólo el viejo radiograbador ahora con un mini MP3, en el medio del garage. Mucha luz. Nada de onda sexys y miradas con doble mensaje. Gente sana, dirían otros.

De vez en cuando viene bien vivir una experiencia que te haga recordar ciertas historias olvidadas de tu vida, como lo fue en mi caso, las fiestitas con baile que hacía en el garage de mi casa a mediado de los ochenta, con la música grabada en un cassette Sony (porque era, junto al TDK, el más caro y el de mejor fidelidad), directamente de un minicomponente básico.

A la vez siento orgullo que una flamante economista, en vez de mirar para arriba y celebrar su graduación en un lugar fashion o que esté a la altura profesional de su vida (el marketing regenera cualquier significado para justificar lo que te haga valer-más porque tenés-más), haga su festejo en donde vive, en el campo, mirando así hacia el costado, es decir, a toda esa gente que conoce muy bien y que quizá alguna vez en su vida tenga la oportunidad de brindarle una respuesta, ya sea desde un ministerio, una secretaría, una fundación o una empresa. Como si aún siguiera siendo amigos por siempre y lo seguirá siendo por siempre así, sólo por la amistad (y no por conveniencia, como algunos suelen hacer cuando obtienen una chapa).