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sábado, 12 de marzo de 2011

El miedo a salir con un amigo del mismo sexo

Imagen: todoencelulares.net
"Con Mariana estuvimos en Viña de Mar durante la segunda quincena de enero. Fuimos a un hostel. Estaba lleno de parejas. A nosotras nos dio vergüenza creer que algunos pensaran que éramos lesbianas", contó Verónica el fin de semana último, en una reunión de amigos en el glorioso barrio Ujemvi. Y hace mucho que nos viene contando historias como ésta: que salieron a tomar un café con las amigas, que al principio los hombres las miraban, después que se fueron yendo las amigas hasta quedar una sola -que no tenía plata para el taxi y que ella podría acercarla a casa en su coche - y que finalmente las dos se quedaron mal por cómo eran observadas por algunos prejuiciosos. Todo ésto, ya sea en la Arístides o en el Bonafide de Palmares, o en el Havana de Peatonal. Sea la historia que sea, mientras sean muchas amigas, a beber y a brindar por todos rocíos de miradas picaronas. Pero cuando quedan dos sonamos: apareció el fantasma que te dice que si a los 38 años sos soltera y charlás en la calle con una amiga, seguramente más de uno creerá que sos lesbiana. Esa es la historia de Verónica, ese tipo de mujeres soñadoras, que es capaz de deber un mes de alquiler, con tal de que suene su celular y el que llame sea cualquier voz varonil del mundo, menos la de su hermano y familiares masculinos.

Imagen: recetassimples.com
Hasta los 34 años yo fui un eterno colgado total, con la cabeza puesta en la mujer más linda que viera en la vereda mientras estuviera caminando. También, el típico de los que hacían cola en la fila poblada por alguna chica que le pusiera queso a mi ratonera cerebral, o bien, donde cobrara la cajera más atractiva del supermercado. Solía hacer eso en el Vea de Paso de los Andes, Luzuriaga y Pueyrredón. Es el instinto awebonado de cazador, que intenta rescatar una imagen erotizada por la imaginación para maquillar una siesta con la ratonera poblada. Ahora que empiezo a conocer casos como el de Verónica, ¿cuántas mentes malintencionadas habrán pensado que por estar solo habrán creído que mi elección de vida era el de no recibir el cariño y el afecto de alguna soñadora, que quizás alguna vez intentó encriptar sus deseos en el mapa del sitio erótico de mi cabeza?

"¿Ese amigo tuyo...Matías...está solo?", me preguntó una vez la amiga de una amiga de mi mujer. Le tuve que decir que sí. "¿Es gay?", puso ella la segunda con un embrague que ni se sintió, pero que dolió. Por pensar dos segundos, ella creyó que mi silencio estaba otorgando. "No. Está solo porque quiere estar solo. No todos los tipos quieren formar parejas. Hay gente que la pasa mejor así, en soledad. O quizá nunca le presentaron una mina que le gustara. No sé". Así respondí una y mil veces, que yo recuerde, cuando se presentaron casos como éste.

Imagen: proyectowebmixta.com
Las mujeres -más que los hombres- son las que se mandan los piletazos prejuiciosos, que en la mayoría de los casos terminan incrustadas en el fondo de la piscina sin agua. Yo creo que les preocupan ver hombres que valen la pena en soledad, pero mucho más a aquellos que se cambiaron de bando. Es lógico: son más conocidos los casos de hombres atractivos que doblan la muñeca que de mujeres hermosas convertidas en cazachabombas. A ellas les preocupan que falten hombres, mientras que gran parte de ellos celebran a las lesbianas, como creyendo que también son bisexuales. En el fondo, es una máscara: yo creo que al hombre también le cuesta creer que un sueño de mujer ideal pueda ser sólo un deseo para ellas.

La cuestión está en que ahora los solteros o solteras mayores de 30 se sienten observados, por lo tanto ya no son tan libres. Esos grandes momentos, humanos por cierto, en el que podías hablar a fondo con un amigo en el café o en algún lugar concurrido para darle un buen consejo o algo por el estilo, ahora se ve reducido a la mirada de algunos prejuiciosos que intentan ponerle una carátula sexual a ese tipo de relación interpersonal.

¿Se puede decir, entonces, que tener un amigo hoy es polémico? (se los dejo picando). Yo tengo una fórmula, a la que considero superadora:  prefiero mirar lo positivo de las personas y no lo polémico, lo íntimo,  lo íntimo polémico o de ese tinte.

viernes, 5 de noviembre de 2010

La musiquita

“Apaguen el lavarropas”, les digo en clase y la bobada responde con risas: “Jo, jo, jo, el profesor dijo que escuchamos el lavarropas, jo, jo”. Maldita cumbia. La rectora escuchó un poco y no pudo filtrar las palabras porro, que se repetían en cada estrofa de esas canciones difíciles de detectar estrofas o estribillos. Argentina es el país latinoamericano que más consume cocaína, como lo cuenta esa musiquita (a través de historias de miserables vidas). Y suena en el celular. Escribo un ejercicio en el pizarrón y otra vez el lavarropas. Me doy vuelta y se apaga. Está prohibido, pero hay que romper las reglas para ser adolescente. Lo que me gustaba hacer a mi hace algunos años (algunos no, como 20, ¡vamos Mario!) ahora me repugna que me lo hagan a mi. Y sigue la musiquita.

             Ahora estoy escuchando la radio online “80 Nacional” de Cienradios.com.ar. Dentro del paquete de radios online de esa web es la que más se escucha. Por suerte, dentro de su paquetón –que incluye a Calamaro, Soda, Charly, The Police, Pink Floyd, lo mejor de los 70 y no sé cuántos más- no incluye una radio online que suene semejante a un lavarropas (concretamente, no hay cumbias villeras ni nada de eso).

              El domingo pasado la Mona Jiménez se despidió de Mendoza para siempre en la cancha del Lobo del Parque. Fue gente, sí, es cierto. Pero es la Mona Jiménez. ¿Y el Videlazo que se hacía en el estadio? Por suerte que “se hacía”. En fin, a lo que voy es que la música….


http://www.infojardin.com/foro/showthread.php?t=122241&page=2
… en la escuela ahora soy un docente-contenedor de alumnos con conflictos familiares. ¿La cumbia de mierda no es más o menos lo mismo? Música que contiene haciendo recordar a la persona lo peor de sí misma: que el porro y el porro. Nunca nada que alimente el corazón, los ideales y el alma. Sólo esa cosa prohibida que termina quitándote la vida al largo plazo (si es que el que lo consume es moderado).

En los 80 y los 90 la música leía el alma y te pintaba el momento más felíz que querías vivir en la vida. A tal punto fue mi caso que tuve la suerte de armar dos bandas de rock, La Tripa en Buenos Aires y La Cachorra en Mendoza. Y parecía que el hecho de tocar un tema propio en una banda se aproximaba a lo que más quería en la vida. No sé por qué lo sentía así pero lo que estaba comunicando con esas canciones tenía mucho que ver conmigo, con esas cosas que justamente no logro comunicarlas con palabras, pero que sé que son cosas buenas y comunes a todos.

¡Y ahí está la diferencia: música vs….musiquita! Soñar porque es posible vs no soñar porque todo huele a cementerio. Soñar porque me esperan muchos años de amar y recibir amor vs soñar con nada porque hoy la sociedad te lo sirve todo en bandeja, inclusive la tentativa oferta de no hacer nada porque siempre porque nada vale la pena.

La música te puede llevar a lo más alta y eso sí que uno se da cuenta. Pero la música también puede decirte lo chato que estás y eso sí que uno no se da cuenta.

La música es el alma. La musiquita es apenas una descripción del cuerpo. Ahí está la diferencia.

lunes, 6 de septiembre de 2010

1耐力1 º ª!


“Uno de mis sueños más importantes es que algún día mi papá vuelva. Pero es un sueño imposible. Ojalá yo nunca despierte. No quiero caer en la realidad de saber que él ya no vuelve más. Es triste, pero todavía lo puedo aceptar”.

Levanté la mirada para buscar a la chica que escribió esa nota. El aula de octavo año en que daba clase por primera vez estaba muy revuelto de adolescentes, que intentaban escapar de esa ratonera que se llama la clase de Lengua. Intenté pero no vi ese rostro. Era cuestión de pescarlo en ese revoltijo de caras, tizas y borradores. Me di por vencido. Miré la planilla:  estaba su nombre y apellido. Listo. ¿Para qué más?

Esa mañana fría, muy fría, desbordaba de sol congelado. Y todos, amontonados en la estufa, me suplicaban quedarse allí. No se dieron cuenta de que a sus espaldas había un sol que me miraba con ganas de reproducir una sonrisa, mínima, pero al menos para recordar que la vida puede ser bella si uno va a la escuela para reescribir esa existencia que hasta ese momento vivió plagada de claroscuros.

Al mediodía bajó el telón y a las 14 volvió a subir. Y en el segundo acto, la máquina del tiempo avanzó mil años. Ya no tenían 13 sino que 15 años. Miraban distinto. Son distintos. Entre tantas cosas dije que la ficción sirve para expresar mejor la realidad. Así lo hizo Jesús con la parábola de los talentos y del buen samaritano, entre otros. Y el color de las almas comenzó a cambiar como por obra de ficción: pasamos del drama a la comedia romántica.

Imagen: srbyte.com
A los 15 ya había visto a Soda Stereo y a Miguel Mateos en Pacífico. No sé si a esa edad compuse “Aixa”, mi primera canción, pero sabía tocar la guitarra (porque aprendí un año antes, en 1984, en el mismo secundario que fui). Pese a que en esos años también hubo muchas tardes adolescentes extremadamentes nubladas y lluviosas, si el sol no estaba afuera lo tenía adentro de mi alma, pero siempre estaba: nunca faltó luz. Si no era luz de realidad era luz de ficción que fabricábamos los sábados a la noche. Historietas y cuentos cortos, que hacía en casa, en el cuarto donde mi hermana estudió arquitectura. Música, música. Deseos. Amor. Optimismo. Ficción. Un tiempo hermoso y libre de verdad. Y con una vida por delante.

…Y así volví a entrar. A compartir. ¿Qué cosa? Sonrisas, ¿te convido una? "Ok, quien termine primero el examen se lleva esas galletas con rostros smiles de frambuesa". Música, sí; canciones de amor y canciones para soñar ¿adentro de la trinchera miedosa del examen trimestral, profe? Es imposible. Pero mi SOL (ese acorde luminoso) se me escapa de las manos. No puedo. “¿Ya todos entregaron el examen?”. “Sí, profe”. “Bueno, vamos a traer la guitarra”. Never say guau guau, Oh, oh, oh, oh, the choca get excited, aha, aha ey! (¿?), Si duermo la siesta que labure mi negra. Podría beber de tus labios y dibujar el cielo en el bosque. Ey, no seas tan cruel, no busques más pretextos. Por más que tengas los volúmenes al taco, exprimiendo tus membranas, saltando como una rana.


“Espere profe: tóquelo de nuevo”. Ok, ahí va. RE: Y ahora tu padre volverá a reír, REsus4: y tu maldito novio volverá a hablar de él (LA), solo de él (MI).  Sí, ya sé. Es un lío. Ya está: se perdió hasta la coherencia y la cohesión…este párrafo se fue a la loma de cochinga.

La vida pudo, es y podrá ser bella.  A los 15 y a los 40. Porque la bella (ficción) desborda siempre, a pesar de los claroscuros que arrancan lágrimas de sangre desde los 13 y mucho antes. Es increíble los límites indescifrables de las palabras compartir y unidad. 


miércoles, 25 de noviembre de 2009

Una noche en la Arístides con la correa y sin el choco


_ ¿A qué hora pasás por mi casa?
_ A la hora que termine de arreglarse tu vieja
_ ¿Qué pasa si tu viejo se engancha a mi vieja y se mandan solos al bolichón vejestorio de Colón y 25 de mayo?
_ Ya le advertí que la cortara con hacerse el adolescente
_ Pasá por mi casa a las 23 (y cortó porque se acabó el crédito)

Desde que aprobaron la ley que impide a los menores andar solos de noche en la calle, la Arístides se convirtió en una permanente fiesta de 15: juventud en una pista de baile, cercada por miradas adultas y formadoras de parejas.

_ Si no llegamos temprano, no vamos a encontrar un lugar adentro
_ Y pensar que el vejestorio antes sólo iba a Juan Sebastián Bar
_ ¡Qué es eso del vejestorio, mijito!_ replicó uno de los padres en el asiento trasero del coche, ocupado por una pareja de adolescentes y otra de padres vigilantes y con sobredosis de achanchamiento.
_ Ustedes se quedan en la vereda jugando al ajedrez y nosotros le mandamos un mensajito cuando terminemos de contenernos mutuamente, no sé si soy claro
_ ¿Qué mala onda tu hijo, Ricardo (así se llama usted, no?)? _ chilló la que esa noche le tocaba hacer el papel de suegra.
_ Dejalo, prefiero que hoy mande él, mejor así

Él, al volante, por supuesto, le pidió a ella que acercara su oído para esta breve síntesis del encuentro disputado hasta el momento:


_ ¿Viste? Mi viejo está más dibujado que un teletubi
_ ¿De dónde sacaste esto de teletubi? _ disparó ella, sin sorprenderse, como si fuera habitual que cualquier progenitor fuera un “teletubi”, personaje que su Playstation 3 le impidió conocer en sus 15 años y medio de vida.

Él se hizo el bolú y cambió de tema:
_ ¡Viejo, si nos agarra la cana, vos tenés la culpa de que yo esté manejando!

El tipo, coherente con lo que dijo recién, asintió su cabeza. Y esperó que la parejita cuasifashion ingresara al patio de Taco Tabasco, tras estacionar en Martínez de Rosas y Arístides, para encararle a la mamá de la nena.

_ ¿Me acompañás al cajero?
_ ¿Hay un cajero por acá, Ricardo? (así quedamos en que te llamabas, no?).

Mientras ambos apretaban el embrague para poner la primera en el coloquio disparador de un sábado a la noche, dos nenas –de cumu 8 y 14 años, respectivamente- ladraban a dos canas con hilos de rabia en sus labios.


_ ¡Yo me quedo acá y de acá que me voy con ustedes!
_ Señorita, sus documentos, por favor
_ ¡Déjese de romper todo lo redondo que estoy viendo ahora!
_ ¿Vino acompañada de sus padres o tutores?
_ ¿Qué son tutores? Yo no leí esa ley y no tengo por qué leerla. Como en la escuela y en toda mi casa, voy a hacer lo que solamente a mí se me canta.

A la de 8, muy distinta a la otra, se le ocurrió decir algo:

_ No sé dónde están mis padres. No tengo tutores. Mi tía me puso arriba del colectivo y si no le llevo monedas me da una paliza.

El cana ya sabía el resto del libreto. Lo mismo de siempre. Una Arístides repleta de chicos y adolescentes con la correa atada en sus hermanos mayores, padres o tutores por un lado y los pibitos de 8 años de La Favorita, a la deriva de las migajas de 10 ó 25 centavos, si tenían suerte; hartos de ser menospreciados como "ratas" por los lectores comentaristas de diarios digitales.

El cajero no tenía plata. Así que Ricardo y la mamá de la nena se la pasaron tonteando con las manos en los bolsillos entre Huarpes y Olascoaga, cinco o seis veces, hasta que se hartaron de caminar. Luego llegó el último y maldito mensajito de la noche: “Viejo, dame ya 20 pesos”.

_ Con todo respeto, Ricardo (es su nombre, no?), su hijo le está pasando la factura por el default de autoridad paterna de su parte.
_ Reconozco que soy un pelotudo. Pero los pibes de hoy, a comparación de lo que nosotros éramos en su época, son recontrapelotudos



Llegaron a Taco Tabasco. La mamá de la nena sacó 50 pesos de su cartera y se lo entregó a su hija y ella fue a hablar con el mesero. Tras pagar y recibir los 30 pesos de vuelto, se cruzó con una compañera de facultad de su hermana.

_ ¿Cómo andás? ¿Con quién viniste?
La chica le señaló la puerta y le respondió:
_ Con mi mamá y esos dos pelotudos

Risas del final de un cómix de Maitena, de esas en la que la mujer – por culpa de esos malditos 20 pesos- finalmente también termina vencida.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Juguetes


El fin de semana cumplió dos años mi sobrino más chico. Recuerdo que en una mesa habían muchos regalos. Es el único hijo y por ende, el más mimado. 

Durante la mañana habíamos ido a la juguetería para comprarle el regalo. En otros tiempos se decía "el regalito de cumpleaños" porque un juguete no tenía nada que ver con un electrodoméstico. Ahora, por lo que veo, en Mendoza las jugueterías ahora tienen de todo y por ende, los niños de hoy tienen de todo (y los regalitos ahora son regalones made in you pay euros).

Yo tuve muy pocos juguetes. Recuerdo a Joe El Super Temerario, un barbudo musculoso, de plástico y de buen físico, con manos de goma, y los restos esparcidos de soldaditos y muñequitos. Con ellos armaba dos equipos de fútbol de cinco jugadores cada uno. En el piso hacía un arquito semejante -pero en tamaño mucho más reducido- al que hacíamos en el Parque (allí eran un buzo = un poste, es decir, cuatro buzos de gimnasia = dos arcos). A veces un lápiz de color acostado en el piso era el palo de un arco. La pelotita, un pedacito de papel higiénico mojado. El partido consistía en no mover los jugadores y que para llegar al otro arco tenían que hacer pases, tirando la pelota hacia la posición más cerca del soldadito o muñequito hacia donde caía esa bolita de papel higiénico. Cada jugador tenía un nombre. Con eso solo podía pasarme una tarde entera jugando. El otro juguete que tenía lo armé yo solo: un pedacito de madera, con la punta cortada y un timoncito. Con los chicos del barrio hacíamos carreritas de barquitos en la acequia de la calle Martín Zapata, entre Paso de los Andes y Granaderos. Todo el grupete arrancaba en una esquina y alentaba a sus respectivos barquitos a lo largo de toda esa manzana. Lo peor que podía pasar era que un barquito quedara trabado por la basura de la acequia en algún puente de ingreso al garage de una casa.

Otra de las cosas que hacía, en tiempos en que no corría mucha agua en la acequia, justamente era hacer diques en la acequia con las ramas que venían por las mismas acequias. Cuando el agua era muy sucia no hacíamos nada, pero eso sólo pasaba cuando venía mucha agua del Parque por alguna lluvia.

Los cumpleaños no eran en peloteros, sino en los quinchos de Regatas o directamente en el jardín de la casa de algún amigo. A mi me encantaban los cumpleaños porque era la oportunidad de tomar Coca Cola o Fanta. En esos tiempos esas gaseosas venían en botellas de vidrio, de un litro, y salían muy caras como para tomarlas en casa. Por otra parte no existían los sobres de jugos de naranja. En casa el único líquido que se bebía era la super jarra de agua y en ciertas ocasiones, el agua con Cremogenado Batalla, un espantoso jugo de naranja que venía en una suerte de tarro de plasticola roja. Eso era lo único barato que había como jugo. Porque el Tang no era el Tang de 80 centavos que conocemos hoy: antes era un frasco similar al de los cafés y salían algo así como 7 u 8 pesos de hoy. Ese frasco, una vez que se abría, había que echar varias cucharadas para hacer sólo una jarra de agua, por lo que ese jugo no duraba mucho, salvo que se tomara la decisión de hacer jugo una vez al día o semana. Entonces los cumpleaños eran para morfar cosas ricas, como esas gaseosas, más papafritas y sanguchitos de migas.

En el cumpleaños de mi sobrinito vi otra cosa que se repite mucho en Mendoza: a los pibes de hoy ya no les impresiona la papa frita o los sanguches de miga. Se la pasan corriendo y no morfan nada. No se sienten felices cuando ven esas comidas ricas (como nos pasaba a nosotros). Entonces pasa lo que siempre tiene que pasar: sobran toneladas de comidas tras finalizar un cumpleaños. Eso también es otra rareza: ¿por qué las madres, en los cumpleaños de sus hijos, hacen comida para 18 orangutanes? Es algo muy de aca, se me ocurre.

Tengo un buen recuerdo de mi infancia. Y eso que fui el menor de cinco hermanos, por lo tanto casi nunca tuve ropa nueva, ya que usaba la ropa que a lo largo del tiempo le iba quedando chica a mis hermanos. No estaba mal eso. Digamos que gracias a eso me convertí en un no consumidor de ropa. Ahora que leo lo que acabo de escribir me siento raro, ya que pareciera que hoy sería imposible vivir así, con pocos juguetes y con la ropa que apenas uno necesita: ayer por la tarde, con mi mujer, repartíamos unas boletas de IPV en el barrio Los Almedros, de Junín, ubicado casi en el campo de ese departamento del Este, y en una zona tan pobre que un olor permanente de cadáver no era percibido por dos niños que -tirados en la tierra- miraban lo que hacíamos nosotros. Recuerdo este gran contraste: la pobreza y suciedad de ese barrio vs un celular con cámara digital y MP3 que tenían los chicos (por cierto, mucho más moderno y caro que el de mi).

¿Por qué muchos 30 y pico special de hoy pudimos crecer casi sin juguetes? Primero, porque sí teníamos juguetes, pero no demasiados juguetes, sino que sólo lo justo y necesario. Y segundo, porque el resto de la obra fue escrita por la imaginación. Con esto último podemos ser felices sin necesidad de depender de cosas modernas.   

domingo, 7 de septiembre de 2008

La Citronave naranja de mi hermano

En aquellos viejos tiempos en que aprendí a tocar de memoria "Aún sigo cantando" (que lo escuché por primera vez en una fiesta en el gimnasio de Regatas en 1984) aún no tenía fotos en aquel cajón donde está tu foto. En su lugar, el motor de la Citronave que a mi hermano le costó 100 pesos argentinos o 100 australes, ya no recuerdo bien. Algo así no podía entrar en un simple cajón, sino que en una cosa grande, como lo era el patio de mi casa.

Recordar la historia de la Citronave en realidad es un premio consuelo al empate de la Selección con Paraguay. Porque haciendo memoria poco me acuerdo de cómo vi en casa los goles de la selección de Bilardo en sus épocas más gloriosas, sino más bien cómo nos subíamos con el Mariano Suárez en el espacio para los pies del asiento de atrás de la Citronave naranja, con la cabeza para afuera, y con el descapotado de cuero plasticoso abierto, nos mandábamos a San Martín y Vicente Zapata para los festejos, con mi hermano MFede al volante.

Nunca aprendí a manejar bien ese coche por la forma en que se hacían los cambios. Realmente difícil de entender los cambios de esos coches. Tampoco supe cómo hacía para andar. Un invierno entero quedó el motor al descubierto en el patio hasta que un domingo apareció un aviso clasificado en el diario: mi hermano se lo quiso sacar de encima. Al poco tiempo apareció un flaco, cara de estudiante de ingeniería, de esos que cualquiera como vos diría "hermano, yo empecé de abajo con este hermoso que para siempre llevaré en mi corazón", con un billete de cien (no recuerdo si también eran los pesos de ahora o los australes) y se lo llevó a su casa. El día anterior, Mfede sacó el motor del patio, lo encajó en el coche como una pieza del Rasti y sinceramente nunca supe si lo probó o no: la cuestión fue que apareció el chavón, puso los cien mangos, se sentó en la Citronave y con cara de "me falta un escarabajo y el Ford T de mi bisabuelo y me gano la lotería" se fue nomás, en una trayectoria zigzagueante como hacía ese coche cada vez que salíamos a festejar un partido de la Selección al Centro.

Entre los 18 y 19 nos pasa que vivimos un romance con los coches principiantes y usados. Algunos son extremistas y van en busca de aventura más romántica que tuerca en el circuito de Papagayos. Quizá es una motivación que nos viene por creer que ya podemos disponer de algo que no podemos comprarlo con nuestra propia plata, pero que seguro que haremos lo posible para comprárselo a los viejos el día que terminemos de juntar esos 100 mangos de antes.

Mfede ahora tiene un Corsa que lo terminará de pagar en 248 años. Pero si llegara a ver esa Citronave naranja por la calle Paso de los Andes, seguro que no pararía de soñar nuevamente. 

viernes, 29 de agosto de 2008

La primera vez sonó bien

Los buenos recuerdos logran borrar las letras chicas de los malos recuerdos, en algunos casos, y a olvidarse de que uno no percibió esa letra chica mala, en los mismos casos. Me refiero al concierto que en el 85 dio Miguel Mateos en Pacífico cuando presentó "Rocas Vivas". ¿Qué pasó allí? Sinceramente, lo único que recuerdo es que estaba hasta el poto de gente (por suerte casi todos los mendocinos conservamos este modismo para expresar cosas exageradas) y salté como el Chapu Nocioni ante Lituania durante dos horas seguidas. Luego pasaron los años y empecé a ir menos a Pacífico, por culpa del eco metálico de las chapas del techo, que hicieron de ese lugar un escenario rockero con sonido jodido (el único concierto con sonido como la gente fue uno de Manu Chao porque colocaron los parlantones uno al lado de otro y no arriba del otro, del modo que con eso se logró sonar bien, diría otorringo con buen olfato, tras revisar su pañuelo humedecido).

Ese concierto de Zas arrancó con "Dulce Ana" y cuando todos los ñatos empezaron a saltar como muerciélagos ante una ráfaga de luz de linterna, mi 1,96 metros no me sirvió ni para cantar el aleluya, por lo que también tuve que empezar a saltar para poder ver lo que tendría que ver naturalmente por mi agrandada estatura.

Para mí todos los temazos sonaron como temazos: "Extra", "Un gato en la ciudad", "Perdiendo el control", "Sólo una noche más", "Mujer sin ley", "Tirá para arriba", "Mundo feliz" y "Tengo que parar" (qué temazo era "Tengo que parar"). Seguro que ese sonido no fue el mejor, te diría casi seguro. Pero esa letra chica seguramente fue demasiado chica.

Con el tiempo reconozco que anduve tonteando por varios recitales (dos veces Rolling Stones y Aerosmith, cinco veces Soda Stereo, qué se yo, otros como INX, Duran Duran, Living Colours, Los Aguirre (callate Mario), Midgnith Oil, Eletric Light Orchestra, Paul Mc Cartney, Keith Richards, Sting, U2, el famoso Amnesty en el Estadio, Paralamas, Los Redonditos de Ricota, Los Fabulosos y qué se yo, otros no muchos más). No voy a dejar de lado al rock mendocino: cómo no recordar a La Jarillera cuando presentó Rupestre en el teatro Universidad, por decir uno de los tantos que fui.

Pero como que la cosa cambia, porque o vas a divertirte o vas como periodista-director-técnico y te convertís en un crítico de espectáculo, una suerte de pseudo periodista que tiene la fortaleza de seguir un concierto recaliente con absoluta frialdad racional y dentro de esa personalidad de hielo, lograr rescatar las fibras más sensibles de los artistas sobre el escenario, del mensaje de las canciones y del estado febril del público.

Conclusión: por pensar con esta mente perfeccionista muchas veces perdí la capacidad de divertirme porque sí en un concierto. Y eso me jugó mucho en contra en aquellos días en que hacía radio en la 100.9 (perdón, en la Emisora del Sol) y Rock And Pop Cusho. Sobre todo cuando iba a Pacífico con la idea fija de que lo primero que tenía que decir sobre ese recital a la hora de escribir o relatar una crónica era que "con el pésimo sonido con el que estamos acostumbrados a escuchar en Pacífico, anoche Spinetta demostró su talento (y no sé cuánto otros más discursos) ...".

En fin, he vivido conciertos realmente emotivos, como el Gracias Totales de Soda en la primavera cero del 97 o aquel que dio ante 150 mil personas en la 9 de Julio de BsAs, pero ese Rocas Vivas de Mateos tuvo tres cosas que lo diferenció de los otros: 1) las ganas de ir al recital a ver a Zas, 2) las ganas de vivir por dentro lo que es ir a un recital con audiencia full papa y 3) olvidarme que el sonido de Pacífico era similar al que se escucharía adentro del tacho-hogar del Chavo del 8.

Sinceramente yo creo que todos hemos experimentado esta primera vez mágica. Porque en aquellos tiempos no existían TV plasmas, ni MTV, ¡ni siquiera videoclips onda MTV!, ni sonido cuadrafónico; es decir, no había forma de imaginárselo sino estando frente al escenario.

miércoles, 27 de agosto de 2008

"No tengo para zapatillas" (pero uso una Nike)

No seamos hipócritas: gran parte del problema de la inseguridad tiene como punto de partida la renuncia indeclinable de muchos padres a su función como padres, fortalecido con la muerte definitiva de la responsabilidad con el hijo y el olvido, también definitivo, a ponerle límites a los hijos, al punto de no saber o mejor dicho, no entender el asunto de poner límites.

Esto pasó la semana pasada en un rancho de Colonia Segovia.

Una docente de una escuela pública de la calle Mathus Hoyos de Guaymallén fue a hacer una visita a la casa de los padres de una alumna, al parecer, con problemas de aprendizaje y muchas cosas más que ella fue detectando.

"Mire, mi hija no tiene zapatillas para ir a la escuela", fue una de las primeras respuestas del padre de la adolescente, que miraba escondida y con miedo desde su habitación. "¿Usted dice que mi hija tiene depresión? Ella se ha acostumbrado a estar encerrada en su cuarto y a no ver a nadie nunca. No creo que eso sea algo grave". "Usted sabe que somos pobres. A veces no tenemos para comer".

Al retirarse de esa casa, la docente después me contó que ese hombre -el padre de la chica- tenía puestas unas zapatillas Nike de las más caras (de esas que vos sabés que jamás podremos comprarla), un televisor de por lo menos 29 pulgadas y... una antena de Direct TV que sobresalía de las chapas del techo.

La misma docente sintió impotencia al ver que los padres inventan excusas fantásticas y que en realidad se desconciertan cuando uno les plantea que le tienen que poner límites a sus hijos. Y para peor, algunos ven como normal las conductas tristes y confusas causadas por la revuelta hormonal de la adolescencia y sinceramente jamás van a saber si sus hijos se meterán en la droga, porque directamente prefieren no meterse en las vidas de ellos.

"Yo le decía a la nena que fuera a la escuela porque sin la secundaria terminada hoy es muy difícil meterse en la vida laboral", explicó la docente.

Un caso me alarmó: una chica no mayor de 16 años que está faltando a la escuela porque está bajo tratamiento psiquiátrico. La chica se duerme siempre en la escuela y decidió no ir (¿el médico no podría cambiarle la medicación?). Pero lo peor fue un dato que ella largó: ya no hay turnos para el área de psiquiatría para el sector infanto juvenil del hospital de El Sauce hasta por lo menos fines de octubre. Una cosa es un adulto que necesita hacerse un tratamiento y otra cosa es un adolescente hipermedicado, con la droga y el alcohol a pocos centímetros de él porque sus padres decidieron "respetarlo demasiado".

Creo que la generosidad es incompleta cuando uno no se deja ayudar. Esto lo digo porque nos gusta reclamar políticas de fondo y cuando se empieza a hacer algo, algunas de las víctimas mismas -que reclamaban inclusión social- son las que primero cierran la puerta. Entiéndase que no me refiero a todos los que reclaman inclusión social, pero reconozcamos esta anécdota para entender que los argentinos -muchos argentinos- queremos ser así de mediocres y decadentes.

martes, 29 de julio de 2008

En defensa del Opus

Debido ( y no De Vido) (cortala, Mario) a la nota Una polémica novela sobre el Opus Dei escrita por un conocedor, quería brindar un comentario sobre este tema, basado en la experiencia de conocer bien la Obra (así también, la llaman) en Mendoza y Buenos Aires.

En la Facultad nos enseñaron que el periodismo construye la realidad, lo que significa que es una realidad hecha en base a los hechos que son considerados como noticia. Por ejemplo, una clase de catecismo visitando a las familias de La Favorita (algo que solía hacer con los del Opus en Mendoza) no es noticia, pero sí lo es un cura que cometió una pedofilia. Podríamos así ennumerar más hechos que por ser simplementes hechos normales (como una tarde con acciones solidarias de Conín o Cáritas) en sí no son noticias. El resultado de este superclásico noticia vs no es noticia es lo que termina siendo la realidad construida de una determinada entidad. En el caso de este ejemplo, la Iglesia Católica. En síntesis, nunca encontraremos noticias de las cosas buena que hace la Iglesia porque simplemente no son noticia y por ello estas buenas acciones nunca encontrarán un lugar en la realidad construida que sirva para desequilibrar el prejuicio que la opinión pública tiene de la Iglesia.

Todo este palabrerío sólo para indicar que el Opus tiene una imagen negativa en quienes no lo conocen, producto de lo que al periodismo le ha interesado publicar sobre esa Prelatura Personal. La nota que publicamos hoy en el diario es un ejemplo y aunque parezca contradictorio, es natural que sea así: no somos autores materiales de los prejuicios que se hace la gente, pero es entendible que muchas veces no ayudamos a reflejar lo que un movimiento realmente es, simplemente por este criterio de definir lo que es noticia. ¿Y por qué no es noticia toda la labor solidaria que hace el Opus Dei de Mendoza en La Favorita y Colonia Segovia, por ejemplo? Porque los periodistas sabemos que si publicamos una noticia así vos ni ningún otro lector lo van a leer, porque en caso contrario nos dedicaríamos a hacer periodismo de investigación de las cosas buena que hace la Iglesia, te lo aseguro.

En mi opinión, el periodismo aún no encontró la llave creativa que permita construir una buena noticia con éxito. Nos gusta lo que es comentable, polémico, trascendente y curioso. Y creo que a vos y al resto de los lectores, también.

Mi experiencia en el Opus

Empecé a ir en el 84 y dejé en 1992.

A los 15 empecé a ir a la residencia El Carrizal (calle Gutiérrez) y un año después, a los Portones (Quinta Sección). En estos días, después de conocer otros movimientos católicos como Focolares y Carismáticos, reconozco que en el Opus tuve la oportunidad de formarme y de encontrar respuestas que años después le reclamé a la vida (en especial, cuando tuve crisis).

Algo de lo que cuestiona el artículo es que "el castigo físico se utiliza como inhibidor y sustituto del deseo sexual". Yo no conocí castigo físico ni mucho menos como inhibidor y sustito del deseo sexual. Para serte sincero, todo lo contrario. Allí aprendí -como parte de la formación que me dieron- el valor de la pureza en Dios y en consecuencia, en los hombres y mujeres. Durante esos años lo que más deseaba era amar a una mujer, porque en el fondo estaba conociendo el Amor de Dios.

Te cuento que me casé virgen a los 36 años. Vos dirás "sonamos, este tipo era un reprimido, como me esperaba". Mi respuesta es que a partir de conocer el valor de la pureza mi deseo más grande -y que más me motivaba sexualmente- era entrar de lleno en el Amor a una mujer. Que sea primero amor y luego sexo, para decirlo en criollo. No fue fácil aguantar hasta los 36 pero cuando me casé con mi mujer y tuve mi primera experiencia sexual, lo que más sentí fue que soy dueño de una mujer y esa mujer es dueño de un hombre, y que por suerte no tengo que reclamarle al pasado que entierre recuerdos "de la intimidad" que pudieran obstaculizar la exclusividad y entrega máxima que siento ahora. Y otra cosa más, que parece mentira porque nunca fue un sentimiento que anhelé, pero me di cuenta de que es ese sentimiento es el que constituye el mayor deseo: la paz, como sentimiento. Al Opus le debo el que haya perseverado en esta decisión que tomé cuando tenía 15 años: que el mayor amor de mi vida sea con la mujer a quien elija para toda la vida. Por otra parte siempre me sentí más libre al no tener que depender de algo para ser yo mismo.

Después, en otro post, hablaré más de este tema porque reconozcamos que hoy nadie lo hace y hay quienes quisieran saber más de este tipo de opción.

La nota también afirma que el protagonista de esta historia advirtió que "la conciencia no es algo personal, sino un elemento supervisado por otros".

Me cuesta encontrar un momento así en mi experiencia como asistente a las reuniones de la Obra (nunca fui miembro, aunque sí lo son o lo han sido hermanos y primos). Puedo intuir que se trata de los ejercicios espirituales llamado "Plan de Vida", que consiste en anotar -como los diabéticos anotamos las mediciones de glucosa- si tal día cumpliste con el plan, que consiste -no recuerdo bien cómo era, pero más o menos así- en ir a Misa, rezar el Rosario, rezar el Angelus,... En fin, pienso que al acudir al confesionario o a la charla con el director espiritual (el cura), ese papelito servía para corroborar que las cosas anduvieran bien y si no era así, atacar la dificultad (pereza, falta de voluntad, desánimo, etc) que pudiera dificultar el concretar esa parte del Plan de Vida. Por lo que ven se trata de extraer herramientas de la vida para aplicarlo en lo espiritual. No es nada del otro mundo y efectivamente, esto apunta a mejorar el rendimiento del alma y por lo tanto, la amistad con Dios. No lo veo como una apropiación de la conciencia.

Otra parte de la nota afirma que una vez le dijeron que "la mujer es para los hombres sinónimo de pecado y en el hombre es para las mujeres el mismo diablo".

No es algo que se corrobore con la realidad. Justamente las familias que son de la Obra (supernumerarios, se llaman así) son muy conocidas porque tienen muchos hijos y el tipo de relación que hay entre ellos es excelente, en general. Entiendo la intención de hacer esa afirmación, pero lamentablemente no se corrobora con la realidad, sino que todo lo contrario. Por otra parte, a mí jamás me dijeron eso cuando iba a las charlas, sino que todo lo contrario: me enseñaron a amar a una mujer en su integralidad y aprendí vidas de santas, como Santa Rosa de Lima, que son ejemplos de mujer. Además la Virgen María está muy presente en la Obra.

En la obra, Vicente es atraído a la orden guiado con engaños, primero le invitan a jugar unos partidos de fútbol, luego charlas sobre música rock, más tarde a tomar unas cervezas y luego, poco a poco, empiezan las charlas espirituales y le dicen "tú eres el elegido". "Eso me pasó a mí cuando tenía 16 años, de pronto sin darme cuenta, ya estaba pasando por infinidad de horrores como amarrarme en las piernas unos collares con puyas (cilicio) hacia adentro para pagar mis pecados y ganarme el cielo".

Lo de la tortura y todo eso me cuesta imaginarlo. Es verdad que en algunos casos intentan plantearte la idea de formar parte de la Obra. En mi caso, al principio iba a las "meditaciones" charlas de oración y formación, cada viernes. Después, cada año hacíamos el retiro (ellos le llaman Curso de Retiro) y luego, ayudar a las catequesis rural. Por ahí un partido de fútbol o salida.

Una vez, un numerario llamado Juan, me propuso analizar la posibilidad de entrar en la Obra como numerario. No me dijo "tu eres el elegido". Me dijo que intentara escuchar a Dios para saber si me estaba pidiendo eso. El padre Aníbal (periodista recibido en la Complutense de Madrid) me sugirió que antes de tomar esa decisión llevara el Plan de Vida durante un mes, para ir viendo si se producía el llamado a esa vocación de laico consagrado. Recuerdo que fui a Misa tres días seguidos y el cuarto día ya no pude más. Me costó muchísimo. El mismo padre Aníbal fue quien me sugirió que dejara de un lado el Plan de Vida y que quizá mi vocación no era la de laico consagrado. En más, me dio una mano: me animó a que siguiera la carrera de Comunicación
Social. Me facilitó el contacto con la Universidad Austral, de Buenos Aires (que pertenece a la española de Navarra, considerada una de las mejores del mundo en habla hispana) y al año siguiente me fui a estudiar comunicación social a la Austral, con media beca. Sinceramente ese cura uruguayo me salvó la vida y aún hoy se lo agradezco.

Ya que nombré la Austral, esa universidad tiene algo que ver con el Opus Dei, también, en cuanto a la formación religiosa. La pregunta es ¿qué te metieron en la cabeza?

Te cuento que de toda mi promoción sólo uno es del Opus. El resto, gente común y corriente. De hecho que mi compañero de estudios fue un judío gay (y eso que hasta ese momento me costaba entender a un homosexual). Jamás tuve una hora libre en esa universidad, una experiencia creo yo que aún no se ha visto aquí en Mendoza, que por más privada que sea una universidad siempre hay horas libres. Además no leíamos Cristo Hoy: Página 12 era uno de los diarios de cabecera. Cualquier cosa lo podía charlar con cualquier autoridad y lo que sentí (o sentimos) muchas veces fue discriminación del mismo ambiente periodístico, que no se abría con nosotros. Un caso fue Jorge Lanata, que aún estando en Página 12, se resistió a visitarnos por tratarse de una universidad del Opus. Con el tiempo la sociedad fue conociendo a la Austral y eso ya cambió. Seguramente por ese prejuicio construido por las noticias que para nosotros son noticias, como les comentaba al principio de este post.

¿Qué le puedo criticar al Opus? En sí a la institución, nada. Aunque con el tiempo me di cuenta de que a mi me faltaba "sentir" más a Dios y como que la Obra no me facilitaba eso, como sí lo viví después en los encuentros que participé de Focolares. Creo que los carismáticos son los que más viven el sentimiento de la fe. Por otra parte noté que siempre predominaba una "formalidad" del cual nunca encajé. Es como que si sos un poco Peter Capussoto, lo sos toda la vida, y me parece que la obra tiene que trabajar en eso de cómo acompañar a un informal "Peter Capussoto", como lo somos muchos de nosotros . También vi -y esa es una gran duda- que pareciera que todos los del Opus son porteños, o mejor dicho, hablan como porteños. Creo que en el fondo la intención es ser educados y sueltos en el lenguaje. Por ahí lo negativo de hablar a lo porteño relajado es que se pierde un poco de credibilidad cuando lo que se muestra es una personalidad que pareciera que "está todo siempre bien". Yo creo que si te mostrás tal cual sos, con los golpes de la vida y también con las batallas ganadas, terminás siendo más creíble. Pero bueno, esto último es algo que corresponde a mi opinión. En el fondo, lo que ellos hacen es ofrecérselo a Dios y ponen toda su vida (o todo lo más feo de la vida de uno) en sus manos, por lo que esos rostros de satisfacción, de que "siempre estoy bien" lo que intenta es demostrar que se tiene fe y confianza plena en Dios. Yo nunca pude ni tampoco quise ser así. Por ahí cuando agarro la guitarra y compongo una canción, muy difícilmente escriba algo que demuestre que "está todo bien". En los vaivenes anímicos, como lo es "Viernes 3.00 AM" de Charly, también está la belleza, como también lo está en el rostro sufriente de Jesús.

Más allá de que todo este palabrerío surge porque así lo he vivido yo en mi experiencia en medios mendocinos, también reconozco que las ideologías sacan provecho del mensaje de Jesús de poner la otra mejilla, en lugar del "ojo por ojo, diente por diente", que siguen a regla otras religiones. Para mí es lamentable ver enemigos de la Iglesia, que no son muchos, pero más lamentable es ver a los tibios-católicos-para-cuidar-la-imagen que terminan siendo idiotas útiles de los anteriores.

viernes, 18 de julio de 2008

Videoclub

Si en algo somos muy diferentes los mendocinos es en las preferencias por las películas, hasta el punto de que es muy común que jamás nos pongamos de acuerdo con los tipos de películas que quisiéramos alquilar si nos juntamos a ver un video en la casa de alguien y mucho menos cuando salimos en grupo diciendo "vamos al cine, ¿te parece?"

Esto se da porque hay dos tipos de personas: las sencillas y las intelectuales. No es más que esto, así de simple. ¿En qué consiste la diferencia? Yo creo que a una psicóloga le coparía hablar de este tema: porque al elegir una película en el fondo no sabemos si una persona está desnudando sus deseos o simplemente empaqueta su ser (o sea, ser careta) para demostrar que esa persona está a la altura de las audiencias de las películas con mejores críticas por parte de los inentendibles críticos de cine. Para dar un ejemplo es normal que si a uno le gustan las comedias universitarias, al otro le gustarán las de acción y violencia; y si a otros le gustan las comedias románticas, del otro bando reclamarán el cine de autor de Hungría, España o Mongolia.

¿Y qué para preguntarle a la psicóloga? Habría que preguntarle si a la hora de elegir una película es sólo una cuestión de gustos o una cuestión de apariencias. Si es esto último podríamos decir que estamos ante un grave problema porque la apariencia significa no bajar las barreras y por lo tanto hacer las cosas por la imagen y no por la identidad de uno mismo, diría un especialista en comunicación corporativa.

Cuando era soltero fui fanático de las comedias universitarias como La Venganza de los Nerds 1, 2, 3 y otras parecidas, como Despedida de Soltero. Viéndolo ahora por qué quizá una de las razones creo que fue porque en esas películas pude autorrealizarme en lo que es el deseo de la joda máxima y de las minas máximas. Después, cuando me puse de novio, empezamos con mi mujer a frecuentar las comedias románticas. Claro, eso significa desear que todos los instantes de tu vida fueran como las partes más lindas de esas películas. En fin, estamos hablando de sentimientos y eso es bueno.

Lo que me llama la atención -y alguna vez me pasó cuando era soltero- que una buena salida con una chica podía consistir en ir al cine a ver una comedia romántica. Para qué. Ni una vez. En realidad me he sorprendido de ver a diosas en la puerta del cine desesperadas por ver películas de violencia o terror. Así, ni siquiera tenés un margen para hacerte el bocho. Lo mismo cuando intentamos ver un video con una pareja de amigos que no sé por qué siempre se alquilan esas películas que parecen filmadas en Tiro Federal de la calle Boulogne Sur Mer. Y si es en la casa de alguno o alguna que aún están solteros, peor: las de cine de autor inentendibles, que para tener la dignidad de ser consideradas como una película buena no tiene que aparecer ni un matrimonio o familia normal (todos divorciados), ni un personaje entero y con paz interior (todos confundidos) y siempre con anormalías de todos los tipos. Yo creo que si en algo la serie "Friends" tuvo éxito fue porque los seis protagonistas se parecían bastante a la gente común y corriente, lejos de los conflictos extremos que te plantean como algo "normal" las películas e inclusives comedias argentinas de Suar o de Telefé.

En fin, no es fácil. Inclusive me ha pasado que voy al videoclub y saco una película cuyo argumento leído en el estuche me pareció espectacular, a la hora de verlo resulta ser un film donde se habla permanentemente del pito, del poto y del resto de las palabras que se combinan con esas dos consonantes y el resto de las vocales.

Me imagino que ahora cuando vos vayás al videoclub todo esto que te estoy diciendo seguramente lo vas a pensar. Por ahí creo que no está mal que todos tengamos diferencias extremas en los gustos por las películas, porque al menos siempre este escenario nos permite plantear el diálogo como estrategia de supervivencia. Y estamos en una época en donde es saludable cultivar el diálogo para salvar las diferencias, diría don Cleto.