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martes, 30 de diciembre de 2008

Vida nueva (el 2008 fue un parto)

Desde el domingo vengo preparándome para el parto. "¿Querés comer algo más?", dijo Caro, la cumpleañera, que en vez de compartir su día con los amigos y parientes que invitó se la pasó yendo del patio a la cocina con bandejitas de sanguchitos, papitas fritas, pizzas cortadas en trocitos cuadrados y empanadas piponas. Iba y venía. Lo único que supe de ella en la hora y media que estuvimos en su cumpleaños fue la frase que repitió más veces que ese viejo disco de vinilo rallado de La Mujer Maravilla y Gabi, Fofó y Miliki que mis viejos me regalaron en la Navidad de 1981 y que luego lo utilicé para hacer la canción de cortina del programa "El Papanicolau del Gallo Aturdido" en la 100.9: "Chicos, ¿quieren comer algo más?". Así que aproveché ese cumpleaños pipón (todos los cumpleaños en Mendoza se caracterizan por ser pipones) para poner mi cuerpo a tono para el parto pronosticado para esta semana.

Esa noche fuimos al Mendoza Plaza Shopping. Allí vi que aún falta mucho para que lleguemos al año 2000, por más que estemos arrancando el 2009 (¿te acordás que hace 20 años el término "año 2000" era sinónimo de "futuro"?). Es que aún hay gente que no sabe andar por las escaleras mecánicas.

¿Cómo una abuelita mendocina puede aprender a bajar por la escalera mecánica del shopping? Fácil; siga estos dos consejos: primero, antes de pisar el escalón mecánico procure individualizarlo con la vista, es decir, fichar el escalón y luego pisarlo. Así uno evita marearse y gana seguridad porque ya sabe dónde va a poner el pie. Y segundo, una vez que ya bajó, no levantar la pata hasta el techo como bailarina porque sí: si levanta la pata sepa que ese será su próximo pie de apoyo (se lo explico bien fácil, señora, para que entienda), por lo tanto que ese pie no le escape a la realidad de tener que "poner los pies en la tierra" (valga la redundancia) y que pise el suelo fijo una vez que termine el descenso.

Ya el lunes empecé a sentir los primeros dolores: fui a la oficina del Registro Civil de la calle Morón para sacar la partida de nacimiento de una pariente geronta. "Vine aquí porque en la calle Buenos Aires un cartel decía que hay que venir aquí". La recepcionista me respondió sin vueltas burocráticas: "tiene que ir a la calle Buenos Aires". Se me cayó el mundo encima: patear y patear por Rioja hasta llegar a la calle BsAs. ¿Cuántas personas habían en esa oficina del Registro Civil? ¿Diez, veinte, cincuenta? No sé. Un millón, creo. Estaba hasta el moño y afuera, casi una media cuadra de cola. Así que entré a los empujones y apenas saqué el numerito empecé a transpirar. "A 42" decía el cartelito electrónico. Yo tenía el "B 68". O sea, tenía que esperar casi...¡150 lugares!. Me fui al joraca ( o sea, a bañarme y a trabajar), porque además de hacer trámites, el tiempo que me queda libre lo aprovecho para trabajar y así mantener a mi familia.

Hoy esperaba el parto. Pero no pudo ser, a pesar de los fuertes dolores de esta mañana: me levanté recontratemprano y fui hasta el Registro Civil de la calle BsAs a la hora que tenía que abrir: llego y otra vez lleno hasta el poto, con una larga cola en la vereda. Volví a transpirar cuando saqué número: tenía que esperar unos 130 turnos, a pesar de que llegué a la hora que abría. Sentí dolores de parto, así que fui a dar una vuelta a la manzana.

Algo me llamó la atención en Rioja y Lavalle: vi unos seis VW Gol, el coche modernito más barato del mercado. Se me vino a la cabeza la cantidad de años que deberé pagar en cuotas (un parto larguísimo, sin dudas) para tener alguna vez un cero kilómetro. ¿No es mejor fabricar muchos coches y a precios bajos, como el VW Gol, que hacer pocos y a precios altos?

"El negocio es buenísimo: lo que allá te sale 10 pesos acá en Mendoza lo podés vender a 35 pesos: sacás más del 200% de ganancias", me dijo Gonzalo, un amigo que se pidió una licencia de un año en su trabajo (está en OSEP), cansado del puterío que arman las mujeres y ahora está con la vista puesta en el negocio textil de las remeras. Lo que él dijo sirvió para responder por qué hay coches caros cuando pueden ser más baratos (trabajar solamente para llenarse de guita y nada más).

El parto concluirá cuando ya tenga la partida de nacimiento de mi pariente geronte. "Perdón, estamos trabajando para brindarle un servicio mejor. Estamos digitalizando toda la documentación que tenemos desde 18no sé cuánto", decía un cartel dentro de la oficina sauna del Registro Civil. "Ja, ja, ja", me contestó un empleado del IPV cuando esta mañana se lo conté. Esa misma respuesta le volvió a salir de su boca cuando frente a ese organismo público, por calle Lavalle, pasó un trolebús con un chivo de los 50, 60 ó 200.000 años de aniversario del IPV. Después el amigo me comentó que durante 2008 él no recibió aumento salarial y que inclusive a los trabajadores sociales de allí le están descontando hasta 500 pesos de su sueldo "porque hubo un error de liquidación hace un tiempo largo". "Por favor, no sigas, que estoy con dolores de parto", le tuve que suplicar. Lo saludé al viejo estilo Balá ("¡nos vemos, ea ea ea IPV"!) y me vine para el departamento para escribir este post.

Iba por San Martín llegando a Colón y veo a una joven no vidente con una guitarra en una mano y un bastón para tantear los pasos. No vi dolores de parto en su rostro. La vi muy alegre, con una tranquilidad asombrosa. Sin darme acababa de empezar el parto. Es que presenciaba una de las mejores imágenes de este 2008 acabado. ¿Por qué?

Resulta que el domingo en casa alquilamos el film "Gandhi". Quería verlo de nuevo para conocer bien la trama. "Ningún dictador en el mundo terminó bien, al igual que ningún régimen de violencia", decía el Mahatma para justificar su estrategia de poner la otra mejilla, en vez del "ojo por ojo, diente por diente" con que se rigen los judíos ("ojo por ojo terminás ciego", decía el líder espiritual de la India). Después de que su pueblo sufriera demasiados golpes en la otra mejilla logró vencer al imperio británico a través de la declaración de la independencia de la India. Luego lo mataron y nunca más apareció un Gandhi en este mundo.

Si algo voy a recordar de este 2008 es la cantidad de odio, peleas y conductas que ocultan violencia que vi en Nestor Kirchner y su team (Pichetto, Cristina, Jaque, D'Elía, Hebe de Bonafini y otros). Si con la violencia lograron ser hoy en día los líderes políticos menos populares de Latinoamérica -cuando a principios de 2008 estaban entre los más populares- entonces, como dijo Gandhi, esa forma de proceder "no terminó bien".

Al ver a esa chica ciega con corazón alegre sentí que para ser un hombre nuevo tenía que morir dos cosas: el odio hacia los demás y la no aceptación de los mendocinos tal cual somos (también nuestra idiosincracia), ya sea en el Registro Civil, en el Registro del Automotor o en el edificio donde te sacás la cédula de identidad.

Se me ocurrió pensar que si alguien - que es más pobre y más golpeado que vos- se muestra feliz y con mirada tranquila (porque se banca tal como es) entonces estamos ante un hombre nuevo: podés imitar ese modelo de persona o bien tranformar tu "vida vanidosa"
en una permanente canción de protesta.

Quisiera tener la vida nueva de esa chica. Si ella lleva sus dolores de parto con una sonrisa es porque ya nació la criatura. Porque al fin y al cabo siempre habrá dolores de parto, lo que significa darle lugar a algo nuevo o seguir "en la misma huevada", como decimos acá.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Asustadas

Pasó la otra tarde. Eran cuatro mujeres, intelectuales universitarias. Estaban tomando mate y se pusieron a hablar. Una de ellas hizo catarsis con esta declaración: "cada noche tengo miedo de quedarme dormida porque siento que me voy de mi cuerpo, como si fuese teletransportada hacia otro lugar". Las otras tres le aclararon que podía ser parte de un eventual sonambulismo. Pero ella insistió en que su espíritu se va de su cuerpo y puede verse a ella misma dormida, y allí es cuando se desespera porque intenta despertarse a sí misma pero no puede hasta que en algún momento se despierta igual.

Si esa fue la primera bomba, otra de las muchachotas lanzó el segundo misil: "existen espíritus sueltos que andan dando vuelta por ahí". Allí se les acabó la cháchara. Se dieron cuenta de que habían llegado muy lejos. El miedo las abrazó con tanta pasión que parecían cuatro barras de hielo con forma de mujer, o sea.

Una curiosa -de esas que siempre aparecen con sombra de fantasmas en las paredes- irrumpió el escenario para sobarse los labios con mate. Al verlas cómo estaban le salió de adentro estas palabras: "si ustedes están con Dios no les va a pasar nada. Además seguramente ustedes tienen familiares que rezan por ustedes. Yo también rezo todos los días por ustedes, así que estoy segura de que están protegidas".

Ahí nomás las cuatro se levantaron de sus asientos y fueron a abrazarlas. No podían creer que esta última muchacha permaneciera con su rostro en paz tras haber escuchado parte de estas historias de pesadillas.

Y todo volvió a la normalidad

sábado, 13 de septiembre de 2008

"Yo soy amigo del Marciano"


Antes de contarles esta historia les comento que lo del post anterior por ahora va bien pero el resultado final lo sabremos seguramente el próximo viernes. Cambio y fuera.

Hola. Anoche llegábamos al Bustelo como típicos mendocinos, bien impuntuales (cerca de las 23). Había gente afuera, típico de cualquier recital roquero. Estábamos por entrar cuando se interpuso un muchacho que quería hablar con el boletero. Este último le dice "Marciano no dijo que ustedes podían pasar gratis". Ese muchacho y otros más pegaron la vuelta. No parecían ser ex compañeros del Pablo Nogués.

Cualquier cumpa que concurre a toques de bandas mendocinas sabe que este tipo de situación (el del "somos amigos del guitarrista o del cantante, por lo tanto dejame pasar") es de lo más común. El tema es que los Enanos hace rato que no tocan "Nena de 17"  y "Amor callejero" como para decir que cualquier amigo de un amigo entra gratis. Es como haber ido en diciembre último al Monumental a ver a Soda, sin entradas, y haberle cuenteado al boletero de la entrada del estadio que "somos ex compañeros de Cerati de la facultad de diseño, o de lo que sea".

Recuerdo cuando tuve mi bandita que era todo un problema el tema amigos. Por un lado, una solución porque cuando no te conoce ni el gato los amigos son los únicos que te pueden llevar público, porque por más avisos que pongas en el diario o entradas que regales en la Rock & Pop o radio UTN, al final ni siquieran van los concursantes que se ganaron las entradas gratis. Así que el tema amigos es fundamental. Pero el otro lado de la moneda lo constituye el mangueo, es decir, el tener que dejarlos pasar gratis. "Yo te banco siempre donde toqués, ¿cómo me vas a cobrar entrada?". Y luego, cuando hacés la cuenta, te encontrás con 100 pesos de deuda con el sonidista y así empieza la carrera de desgaste que en muchos casos finaliza con la disolución definitiva de una banda, porque al final perdés dinero si tocás.

En fin, el tema amigos + mangueo en los recitales es todo un tema. Pero lo más importante fue ver la clase de público que asistió anoche al Bustelo.

Cada banda tiene su perfil de seguidor. No llega a ser un perfil tan tan definido, com las tribus urbanas, pero al fin y al cabo son personas que tienen la característica de saber entender el mensaje de la banda y disfrutar de su música. Y a ésto se suma un cacho de devoción a ese grupo o intéprete solista. Los seguidores de Charly son un ejemplo.

Ayer me encontré con una audiencia extraña: ninguno sentía bronca, es decir, jamás hubo un "anti" en todo el concierto. Si no sos Cerati, sos Ricotero. Si no sos Luis Miguel, sos Pappo. Si no sos un intelectual sos un consumidor de basura romántica.  Nada de eso. Y a la vez, para nada un público hueco o tonto, o ultrafanático.

Yo me sentí como compartir un rato con la muchachada que entiende lo que son los mejores momentos de la vida y también los momentos más valiosos de la vida. También, con ese tipo de público que admira el buen sonido, ese en el que no se confunden los instrumentos con voces ni los roles protagónicos de los integrantes de una banda. En especial, a los que admiran el buen gusto de la guitarra, de esa que sabe interpretar a Hendrix y a Pink Floyd, como hizo el Felipe anoche.

Es verdad que el tiempo me volvió más duro y algunas canciones -todas ellas baladas- si bien reconozco que son excelentes melodías, no alcanzaron a martillarme la dura piedra de la pasión prejuiciada -para definir así ese difícil vínculo entre "lo que yo soy" + "lo que es bueno" + "lo que me gusta". Pero algunos segmentos con más bajos de fondo, cambios sorpresivos de ritmo y con esos solos de viola que nada más los pueden hacer no más de cinco tipos en este país sin dudas que alcanzan llegar a la raíz del "yo soy así, aguante la música" (otro estado también difícil de decirlo con palabras, pero fácil de percibirlo cuando escuchás un segmento de esos intérpretes que te vuelan la cabeza y te terminan diciendo "y bueno, aún can`t get satisfaction, o sea").

Más allá de lo que fue este resumen de 30 años de música con ganas de escuchar más (porque nadie quiso irse del Bustelo al cierre del concierto), sinceramente siento gratificación y hasta te diría tranquilidad, cuando veo que hay buena gente compartiendo buenas cosas en nuestro medio. 

Además, en esta época, qué bien que se siente cuando ves gente que puede vivir sin bronca (demasiado prejuicio positivo, si querés llamalo así, pero igual es algo para detenerse a pensar).

Fotos: Paulo Páez (UNO)

martes, 9 de septiembre de 2008

Doña's Spirina

Aún quedan en Mendoza seres únicos, que se resisten a los microondas, a los TV con pantalla plana y ... aunque parezca mentira, ¡a los antidepresivos! 

La vamos a llamar como titula este post. Es una señora que vive en uno de esos tantos barrios mendocinos que empiezan con siglas indescifrables, como UTMA, COVIMET y así, otras nominaciones cuasitécnicas de sudoku, ideal para que George Lucas los tome con una caña de pescar para así nombrar a eventuales flamantes personajes de Stars Wars, si es que el cineasta quisiera transformar su exitosa zaga en un culebrón de suspenso interminable, como lo fue el Montecristo de los mafiosos Lombardo de Lombardía. Podemos esta rama que ya nos fuimos muy lejos. En todo caso en otro post nos dedicaremos a descifrar los nombres sudoku de los barrios mendocinos.

En los últimos 30 años no tomó ni un resfrianex, paracetamol, novalgina, benadryl o paratropina. Ni mucho menos un antibiótico. Tampoco tuvo que pasar por un hospital para que le sacaran sangre o le quitaran una várice. Nada de nada. Ni siquiera una radiografía ni mucho menos, un odontólogo.

"Yo tomo una aspirina y enseguida se me pasa", suele decir cada vez que ve a sus hijos con el doble de abrigo cada vez que cambia el clima. Y ni le vayan a decir que con la vacuna para la gripe no te enfermás. "Siempre que me pasa algo tomo una aspirina y listo", repite con una sorprendente lejanía de dependencia  a drogas medicinales, así sea para quitarle algún momento de mal ánimo o falta de sueño.

¿Y qué pasó en el año 31? Le vino una gripe. Sus hijos tuvieron que perderle el respeto natural que desde hace mucho ya no existe entre un hijo con su madre para exigirle que se callara la boca, mientras llamaban a la emergencia de la obra social -que nunca necesitó en los casi 31 años anteriores.

Llegó el médico. Doña's Spirina sufrió el duro cocacho de caer en la realidad. El último bastión de la independencia de los remedios, mediante sus agónicas palabras "yo siempre me curé con la aspirina" fue cediendo ante un médico joven que con buen humor no aflojaba en ordenarle a la mujer que abriera la boca para ver su garganta colorada. No supe cómo hizo pero igual logró hablar mientras su boca estaba más abierta que una sombrilla extendida. 

Al final todo terminó en una receta en manos de uno de sus hijos. Cuando el médico se retiró, lo único que recordé fue la serie de respuestas sorpresivas (para el médico, no ya para nosotros): ¿cuándo fue la última vez que fue al médico? "No sé, cuando tuve a mi hijo", ¿usted es alérgica a algún medicamento?, "yo creo que sí porque lo único que me hace bien es la aspirina" (¡¡mentirosaa!!), ¿quién es su médico de cabecera?, "no sé, creo que mi hijo sabe más de eso"; bueno, veo que tiene una faringitis grave, tendrá que estar en reposo tres días y deberá tomar cada doce horas este antibiótico, ¿cuál es su número de OSEP?, "numero ¡quééé!".

Hizo cama y tomó el antibiótico. Pero no cada 12 horas sino cuando se le daba la gana. Después llegó a decir "bueno, podría comprar más de ésto (el antibiótico) por si me pasa de nuevo" (claro, tal cual, ya que estamos, incluyamos un dannette blanco y lo que entre en el carrito, tal cual, es lo mismo).

Pasó el tiempo y volvió a ser la mujer de la aspirina y del nunca entender cómo funciona un microondas y un radiograbador digital.



viernes, 5 de septiembre de 2008

¿Me saco el carnet o no?

En los últimos tiempos escuché varias historias de treintañeros que sacan por primera vez el carnet de conducir. Quizás todos creen que lo normal es sacártelo a los 18 apenas cumplido. No es así: muchas veces los fantasmas ocuparon las conexiones in / out de la mente y lograron postergar la decisión de ir al Registro para buscar el carnet.

A mi me pasó que cumpliendo los 18 no quise sacarme el carnet por dos razones: no quería complicarles la vida a mis viejos con arruinarle lo único valioso que había en casa y por otra parte, no hubo una mina que impulsara a mi superyo ser un superhéroe mendocino que necesitara su propio vehículo para llevar a pasear a su supermina. Pero en el fondo me di cuenta de que lo primero pesaba más que lo segundo: se trataba de un miedo escondido.

Me hizo bien vivir cuatro años en Buenos Aires para sacarme ese miedo a dominar un coche que no cerraba. Recuerdo las veces que me tocó cruzar la avenida Paseo Colón como la ranita de los flippers que va esquivando a los coches para que no te atropellen. Inclusive aún recuerdo cómo partían los coches tras la bajada de bandera de cuadros con el semáforo verde en la esquina de la Casa Rosada, por el lado de Paseo Colón, como si fuese un tramo de la pista de Fórmula Uno que los Rodríguez Saá están construyendo en Potrero de los Funes. Algunas veces tuve que cerrar los ojos, quedarme rígido como una farol de San Telmo y dejar que los coches voladores esquivaran mi cuerpo a escasos centímetros de mi.

Cuando volví a Mendoza todo me pareció más tranquilo que la avenida Mitre de San Rafael, a la altura de la cancha de Huracán de esa ciudad. En cuestión de quince días aprendí y saqué el carnet. Todo el miedo se deshizo en unos instantes y el manejar se convirtió en algo habitual como lo fue andar en la Aurorita en su momento.

Ahora veo que muchos treintañeros, hombres y mujeres, cobran un sueldo que les permite pagar una cuota de un círculo, entonces deciden meterse en esta aventura de comprar un coche abonando la hipoteca de sus almas en cuotas interminables. Muchos de ellos directamente van a una academia y también, en 15 días aprenden. Algunos reconocen que ese miedo no se les va, otros admiten que no les gusta manejar pero lo hacen obligados por las circunstancias y otros afirman ser de maderas y prefieren chocar la cabeza con la pizarra del profesor todas las veces que sean necesarias hasta que el casco de proteccióna finalmente pueda entrar sola en el marote. Ellos inalmente aprenden y manejar se convierte en una cosa más.

Sorprende que al menos aquí en Mendoza las mujeres prácticamente casi ni figuran en las noticias policiales sobre accidentes viales como responsables o conductoras del coche que causó la tragedia.  Bueno, razones hay: casi no figuran mujeres al frente de los camiones y colectivos de larga distancia, y sólo algunas en los taxis.  Quizás valga la pena hacer un intercambio de camisetas en estas funciones para ver si los resultados nos dan una esperanza de vida al volante mayor al actual.

jueves, 21 de agosto de 2008

Mentiras en casa

"Ayer le dije a mi esposo que la semana pasada metí la rueda del coche a la acequia". "¿Te retó?". "Sí y no, se enojó un poco por no haberle avisado en su momento". "Yo directamente le miento. Siempre le miento en estupideces que puedan ocasionar una discusión".

Ella se sintió medio estúpida por haberle confesado a su amiga que nunca le miente a su marido, aunque tenga que decirle la verdad mucho tiempo después.

"Claro, la mentirita se ha institucionalizado", se atrevió a comentarle otra amiga. "Además no pasa nada, o te creés que ellos tampoco lo hacen", agregó.

Recuerdo cuando en agosto de 2006 viví el fin de semana de novios del movimiento Encuentro Matrimonial (un taller de comunicación católico) que aprendimos que "el amor es una decisión" y esa decisión implicó entregarme del todo a ella y ella del todo a mi, como más tarde aprendí de las innumerables charlas de Guillermo y Graciela Martínez, de los Focolares.

Suena muy lindo decirlo. Pero la peor decepción es cuando lo ponés en práctica y tropezás. A veces me he preguntado si conviene compartir todo o no, o bien, ocultar cosas que sé que pueden caer mal en mi pareja. Siempre está esa idea porque se trata de pensar con estrategia, pero confieso que cuando lo he hecho terminé sintiéndome muy mal, porque descubrí que ella igual te entiende y que se sentirá mejor si no le ocultás la mentira, por más pequeñita que sea. Es verdad que a veces son cosas tan estúpidas que ni siquiera tienen sentido (como lo puede ser ver algo sensual y desnudo en Youtube) pero cuando lo hacés una vez y se te ocurre pensar cómo sería la cosa si a vos te estuvieran ocultando algo, realmente no me sentiría para nada bien, y lo entiendo así, siempre y cuando se entienda que nada de todo esto altera la decisión de amar.

Ahora, supongamos que aceptemos que las mentiras pequeñas son saludables para evitar los despelotes, ¿cómo podría transmitir autoridad moral a mis hijos cuando yo sea padre? Como aún no lo soy zafo por poquito, pero eso es ser hipócrita, porque o sos un mentiroso o no definitivamente no lo sos. No tengo hijos pero sí tengo muchos sobrinos y realmente me da vergüenza cuando sé que puedo darles un buen consejo pero no se los doy porque no tengo autoridad moral dara darlo (ésto significa ser coherente con lo que decís, algo que quien lo escucha lo entiende porque alcanza a detectar la tonalidad de tu conciencia). Podrás decir que "la sociedad está acostumbrada a la mentira", sobre todo después de escuchar a Cristina cuando en su conferencia de prensa dijo que no se arrepentía de nada de lo que había hecho. Ahora, ¿institucionalizando la mentira zafamos de los que nos dice la conciencia? Supongamos, que en definitivamente sea así (un ateo inteligente te diría que la conciencia es una construcción cultural), ¿nos sentiríamos tranquilos si la mentirita se institucionaliza?

Creo que todos estamos de acuerdo con que preferimos que nos traten como a nosotros nos gustarían que nos traten, así que no creo que la mentirita institucionalizada tenga vía libre aquí. Pero parece, por lo que veo, (y vos también lo ves, supongo) que está muy institucionalizado en Mendoza.

Creo que la solución consiste en aceptarse uno tal como es y reconocer esas debilidades, saber detectar lo negativo que resulta esto a largo plazo (muchos, muchísimos divorcios se iniciaron a partir de pequeñas mentiras) y desde allí trabajar el diálogo hasta el fin, ya que si los dos aceptaron el amor como una decisión y la entrega mutua, el diálogo se hace sabiendo que siempre habrá momentos de ganar y momentos de perder.

Éste no es un tema lindo ni tampoco me gusta dar consejos; sólo es una opinión. Pasa que tengo la impresión de que no le damos bola cuando pasa porque, al igual que nos sucede cuando manejamos sin cinturón y a velocidad alta, creemos que no nos va a pasar nada.

jueves, 14 de agosto de 2008

Algo que no cierra


Pasa. Fue anoche, en la Arístides. Lo que vimos fue un cierre abierto de una falda de una cuarentona fashion, onda Bangles. No sabíamos que hacer.


"Reconozco que sos una mujer muy abierta pero conviene que los empleados de tu kiosco no hagan horas extra".


Son casos difíciles. Recuerdo una vez, en quinto año del Martín Zapata (año 1985) que caí al colegio con un mocasín marrón y otro negro. Recién me di cuenta en el recreo, cuando el preceptor me llamó y sin decir una palabra empezó a mirar mis zapatos. Yo respondí con la cara roja y me dieron permiso para volver a casa para cambiarme los zapatos.


Al final nadie encaró la mesa de la señora o señorita con el cierre abierto en su cadera. No la vi cuando se levantó, pero cuando salió a la vereda el cierre abierto quedó en la historia.


Esta anécdota forma parte de un tabú mendocino y quizá también universal. La realidad es que nadie quiere hacerle un daño a la víctima, pero se le hace un daño cuando se empieza a hablar mucho de ella, es decir, de este tema. Pueden suceder dos cosas:


1) Que cuando se lo digas ella te lo agradezca y sienta una gran vergüenza por lo que no se dio cuenta de lo que hizo.


2) Que cuando se lo digas ella te mire con cara de decirte "te voy a arrancar los pelos".


3) Que cuando se lo digas sea tan egocéntrica que apenas te responda "ya lo sé".


4) Que te responda algo así como "soy un memo, estoy deprimida y cuando hay luna llena me visto así para que la influencia de los astros ingrese en mi sin intermediarios", lo cual te estarás agradeciendo por no haberla encarado antes para otros fines, como lo es invitarla a tomar un café.


5) Que ella sea tan tímida que cuando se lo decís empieca a llorar, por lo que vos sos directamente culpable de haberle arruinado la noche.


6) Por último, que cuando apenas termines de decirle "mirá, creo que el cierre de tu pollera está abierta" salga corriendo hacia el baño, junto a toda la tropa de sus amigas, por lo que corrés peligro de ser arrasado por un malón.


Ya vieron que son más las probabilidades negativas que las positivas, ya que justamente no existen probabilidades positivas, salvo la siguiente:


7) "Gracias, sos muy amable, ¿querés tomar algo conmigo?" (Game Over)

jueves, 3 de julio de 2008

¿Qué tal sos como amante?

Así se llama uno de los artículos del nº 38 de Para tener una salud vital plus Como el título lo sugiere, es un test. Tras completarlo advertí los siguientes cuestionamientos (de mi parte):

1. “…no estamos hablando sólo de amor, un sentimiento tan complejo como para reflejarlo con pocas palabras. En este caso nos referimos sólo a lo sexual”.

¿Por qué hay que separar el amor del sexo? ¿Por qué no pueden ir juntos? Para eso hacemos un test para seres humanos y otro test para muñecas inflables. En fin, es contradictorio y ridículo que yo vea a mi mamá y hermanas como un tipo de mujer y al resto de las mujeres como sólo objetos sexuales.

2. Velada social en un salón, invitados, copas y buena música. Vos:

- charlás con tus amigos y de vez en cuando buscás al otro/a con la mirada
- no te separás ni un minuto y seguís a tu pareja a todos lados
- permanentemente estás susurrando cosas al oído del otro
- mientras tu pareja va de aquí para allá, vos te quedás en un rincón

Ok, muy buenas las opciones, pero ¿por qué tiene que ser así? Por ejemplo, en el primero dice “copas y buena música” y la verdad es que la buena música ya no existe en ningún escenario de la noche mendocina, salvo que sea el bar irlandés de la calle Colón o uno nuevo que pusieron en una ex playa de estacionamiento en la calle Arístides. Con un “¿cumbia nena?” lo primero que hacés es contar cuánto tiempo resta para volver a casa. La opción segunda (charlar con amigos y pispear un poco) en realidad lo que sucede es que con la misma pareja compartís la charla con amigos, por lo tanto no es necesario mirarla si la tenés a 20 centímetro de distancia. La última opción (quedarse en un rincón) no le pasa a uno, sino a los dos, ya que si ponen música kitch, automáticamente te marginás a la mesa de los morfis y ella te va a seguir siempre, y como mucho te dirá “saludo a las chicas y en 20 minutos nos vamos”. Vamos a otro punto del test.

3. Viajan largo tiempo en un auto en una ruta desierta:

- a veces buscás la mirada de tu acompañante
- buscás tocar temas que tengan que ver con el sexo
- aunque el momento pueda parecerte erótico, dejás que tu pareja haga o diga algo al respecto
- hacés continuas alusiones sensuales.

Con el mayor de los respetos, ¿cómo va a ser erótico andar en una ruta desierta mientras manejás un coche que sabés que es un arma letal, a la velocidad que vas?

Pongamos como escenario la Ruta 40, en La Tosca, a 60 kilómetros al norte de San Rafael. Si estoy manejando, mi mujer o estará leyendo una revista o estará apolillando (o como mucho preparando el mate). Y más que en huevadas eróticas, lo único que estás pensando es llegar rápido a San Rafael, pero sin exceder la velocidad máxima y además, rogar para que no se te aparezca un camión con damascos, que te obligue a reducir la velocidad a 40 kilómetros por hora. No podés manejar con el bocho en paños interiores. Eso es lo que sucede en realidad. No conozco a nadie que haya hecho los juegos eróticos de Alexandra, la sexóloga, en un Fiat Spacio, en el medio de la parte más desértica de la ruta 40, a 110 km por hora. Otro bochazo para el test.

4. Comenzás a desabotonarle la blusa, ella se resiste:

- vos no insistís
- le sujetás las manos y continuás
- fingís aceptar para volver a la carga
- aunque interiormente dolido, hacés como si nada hubiera pasado

La verdadera respuesta es que vos llegás fulminado a la cama (porque manejaste mucho y llevaste a todas las amigas de tu mujer a sus respectivas casas, porque los taxis estaban de paro y no había colectivos a esa hora), te ponés el pijama y prendés el televisor o agarrás la revista Selecciones (¡qué viejo!).

Y lo que hace ella es desvestirse sola, porque a vos ya te está agarrando el sueño. Ahí la mirás un poco y encendés una luz de alarma con el siguiente mensaje: si te sacás el maquillaje en menos de diez minutos, yo aguanto; si tardás diez años, me duermo. Y la verdad es que ellas siempre escogen la segunda opción. Así es que cuando ella sale del baño, ya lista para acostarse, si no pusiste el despertador del celular, habrá que esperar para otra ocasión.

En fin, este tipo de test suelen olvidar algunas respuestas que sólo te lo da la experiencia de la vida que no todos viven. Por ejemplo, no conozco algún test de pareja que incluya como opción “ella me transmite paz y confianza” a la hora de calificar por qué te enamoraste o por qué hay amor. Es que este tipo de respuesta la encontrás por sorpresa cuando te llega el momento y te da a entender que en el fondo (tanto de lo sexual como de lo amoroso), lo que vos querés es una solución y no un problema, y también alguien que esa transmita paz que silenciosamente te conquista para siempre y ayude a que los dos sean uno.

Las veces que he charlado de este tema con este tono pareciera que la gente se aburre (porque estos casos no hay razones para reírse de alguno de los dos).

domingo, 8 de junio de 2008

La fanática que Chayanne jamás imaginó

Ella vive en una villa de emergencia, quizá la más peligrosa de Mendoza. Pero pertenece a la gente que trabaja, no a los que más difundimos los periodistas en los policiales. Trabaja como empleada doméstica en tres lugares distintos y siempre se la ve tranquila y agradecida en la vida. Alguna vez me dijeron que eso significa tener experiencia en la vida.

Pero siempre aparece una anécdota que rompe los esquemas: esta vez fue mientras planchaba en mi departamento, me comentó que la última vez que vino Chayane a Mendoza lo fue a ver. Todo bien pero…

…ese día se levantó a las 6.30. Se tomó el colectivo que la llevó de la villa al barrio donde trabaja. Se desocupó como a las 17 y se fue a mi departamento del Centro. A las 19 se fue caminando hasta el Estadio. Entró, se metió bien adentro y no descansó en todo el concierto. Terminó la función, y le escapó a los puestos de choripanes. Esa noche no cenó. Se fue caminando del mundialista hasta el Centro y de allí siguió paso a paso, hasta la villa, que queda en el Gran Mendoza, a unos 15 kilómetros de Ciudad. Por lo menos esa noche se acostó a las 4 am.

No me dijo si le faltó el dinero para tomar un colectivo o comer un choripán. Creo, sinceramente, que se sintió tan agradecida de la vida que se olvidó de que tenía que caminarse todo y de que...tenía 60 años. Creo que eso pasa en los que son pobres y humildes (cada vez menos, en la actualidad), que saben sobrellevar la vida de tal manera que lo que para nosotros es una cosa grande e imposible, para ellos es algo simple.