Pasa muchas veces cuando mandamos mensajes de texto que muchas palabras que empezamos a teclear no logran ser adivinadas por el diccionario del SMS. Resulta llamativo que la palabra más importante del mundo, "amor", no esté incluido en este diccionario, que al parecer viene medio fallado porque si ingresamos algunos términos mendocinos nos podemos encontrar con la siguiente sorpresa. Vean:
Palabra tal como es - Palabra adivinada por el diccionario SMS
basurín = Castrió
capachito = Capacigun
carrodilla = Barrod?
celopín = Aflorio
chapecas = Chapecar
chascas = Charcas
chimba = Chinaa
choco = Cinco
chuflín = Citelio
culillo = Bují?
pororó = Porosn
pericote = Seriante
praliné = sra?
sopaipilla = Porcis?
soretito = Posetito
poto = Roto (Pueden ir las dos juntas)
pailón = Pailom
futre = Futre (¡¡aplausos!!)
elastiquín = Elasti?
veteraba = Teteracc
Fuente de palabras mendocinas: LoPandito.com.ar
Imagen: Réplica del primer soretito de la hija que Tom Cruise tuvo con la actriz Katie Holmes.
martes, 12 de agosto de 2008
sábado, 9 de agosto de 2008
Camilo Sexto sigue siendo un hit en los colectivos de larga distancia
"Te quiero, te amo, te extraño, te recontradeseo, te....".
No era una versión remixada de "Atado a un sentimiento" de Miguel Mateos. Era una gota de sonido que tras caer durante 14 horas seguidas en mis oídos terminaba siendo una verdadera tortura china (ahora que ese país es el centro del mundo deportivo).
Generalmente el tormento empezaba en la Terminal del Sol. Siempre viajé en la vieja línea TAC. En San Martín, al bajar la velocidad, el sonido del estéreo se hacía retumbar en los cuatros lados internos de esa suerte de estudio de grabación con forma de hot dog empaquetado que solían ser los colectivos de larga distancia que conectaban Mendoza con Buenos Aires.
"Bueno, eso fue hasta el 96. Ahora la música cambió un poco (para peor porque la cumbia se instaló hasta en los traders argentinos que se criaron en San Isidro y ahora son millonarios de Wall Street), pero bueno, confío en el chofer", me dije cuando subimos al colectivo que nos llevó de Luna de Miel a Camboriú en diciembre de 2006.
Para qué lo habré dicho: peor para peor. Primero, el Bombón Asesino y sus 28 hits que nunca fueron hits pero que tienen que hacer florecer una ottosclerosis para que sean verdaderos hits y de paso, te encajen una receta para hacerte una tomografía sin obra social, algo que se hubiera evitado si se hubiera viajado en avión. Segundo, el chinito que se hizo famoso cantando (gritando) folclore en ese año que ShowMatch empezó a llamarse así en el ex canal de Romay. Tercero, al final, Camilo Sexto, un virrey indiscutido de los sentimientos oxidados de esas ex soñadoras de Sandro, hoy devenidas en amas de casa con muchos sueños por realizar.
Aunque admito que prefiero a Camilo Sexto antes que al Chinito.
Por alguna razón en los colectivos de larga distancia te pasan películas de tres horas, en inglés, donde en cada film perecen más chavones que rusos en luchas encarnizadas con sus enemigos de Georgia. Si te pasan una argentina, seguro que es Esperando la Carroza. ¿Por qué no pasan algo cortito, en español y que entendamos todos, como Los Tres Chiflados?
En muchos videoclubes aún hay videos con diez capítulos seguidos de Los Tres Chiflados. Con eso alegrás el viaje. Pero por esa idea de creer que toda basura es masiva, hasta te pasan películas de tiros y asesinatos en los colectivos que van los 26 de cada mes a ver a la Virgen de San Nicolás (a mí me pasó).
Sin embargo, espero algún día encontrar la respuesta de por qué a muchos mendocinos y mendocinas les encantan las frases monótonas de Camilo Sexto. Recuedo que a mi vieja le encantaba Julio Iglesias, pero al menos ese tipo intentaba innovar en el estilo musical y la poética. Aún así, mi vieja nunca le prestó atención a eso: se contentaba con el sólo hecho de que el español abriera la boca y braveara con su conocido "eeeheh ahh".
Un día se me pasó por la cabeza que el amor indisoluble entre las cincuentonas, sesentonas, treinteañeras y algunas veinteañeras con Camilo Sexto quizá tenga que ver con una natural resistencia a querer escuchar o sentir algo nuevo.
Recuerdo una vez, ya harto de todo esto, que me llevé un cassette con rock nacional. Partimos de la Estación del Sol y como era previsible, el cumpa chofer arremetió con Camilo. Entonces me paré y me fui hasta adelante. Le pedí si podía poner mi cassette. El cumpa fue buen amigo: sacó a Camilo (o a su mejor suplemente, Franco De Vita) y puso mi cassette. ¿Qué pasó? Pasó que no pudo sonar porque el cassette se trabó con el estéreo. Algo raro pasaba. El cassette, si bien lo había comprado en Scala Música de la calle Lavalle, era el menos berreta de los más berreta (tampoco era cuestión de llevar un TDK de cromo al bondi). El chofer fue sincero, intentó como cuatro veces y no pudo. Entonces yo me alegré porque supuse que se había roto el aparato. Error. Apenas di media vuelta ese cassette celeste más arruinado que el que yo tenía volvió a su lugar y como si hubiera querido sorprenderme con un grito en la nuca, me agarró de sorpresa con el "te quiero, te amo, te deseo, no me dejes, por favor amame, estaremos juntos toda toda la vida, y...".
En ese momento soñé con contarte esta anécdota, porque pareciera que de algún modo estamos predestinado a que la música verdaderamente popular sea una suerte de yolibell con pilas Duracell, repitiendo todo frente a tu cara: "te quiero, te quiero, te quiero", mientras tu vieja te dice a la vez "nene cuando seas grande quiero que te cases con una chica así (señalando a la muñeca) de bonita...pero que sea de buena familia y sobre todo viva en la Quinta o en el barrio Bombal".
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miércoles, 6 de agosto de 2008
Los segundos nombres de los chocos
Siempre le puse segundos nombres a los chocos que pasaron por mi vida. No fue así en el caso de mis amigos. Ellos se limitaron a un nombre de fantasía y como segundo nombre, "mi choco" o "choco cul..", o sea.
Al Patán lo tuve desde el 77 hasta el 89, si no me equivoco. Su nombre completo fue Patán Choripán Tulipán Guillermo (este último es mi segundo nombre y el de mis hermanos también). Después vino la Pata, que la tuve desde el 89 hasta a fines del 2006 (desapareció, nunca más la vi). Su nombre completo fue Pata La Loca (al igual que Juana) o Pata La Loca Locataria (convengamos que "locataria" no tiene nada que ver con "loca", pero cuando te acostumbrás a relacionar las dos palabras terminás haciéndola una sola).
Los perros de mi hermano no tienen segundo nombre, seguramente porque son muchos: Rintintín (hijo de Sansón y Dalila), Colita, Ringo y Negrito. Para completar la familia se suma el gato Mingo, que no se asusta por nada y lo único que hace es morfar y dormir. Con la Pata Loca Locataria, Rintintín, mi hermano y sobrinos compartimos hace tres años una maratón para perros: salimos segundos y nos premiaron con una bolsa de cinco kilos de dogui.
Como habrán visto, salvo el cuarto nombre de Patán (que era Guillermo) el resto de los chocos llevan nombres de choco. Eso ha cambiado hoy.
En el barrio UJEMVI, donde vive mi suegra, los chocos de esa cuadra se llaman Delfina, Tork y el famoso Felipe (a quien yo bauticé como Felipe Leopoldo Crisantemo, el perro que habla). Nunca me pintó ponerle nombres de personas a los chocos, pero parece que al menos aquí en Mendoza la tendencia es que sea así.
Al Patán lo tuve desde el 77 hasta el 89, si no me equivoco. Su nombre completo fue Patán Choripán Tulipán Guillermo (este último es mi segundo nombre y el de mis hermanos también). Después vino la Pata, que la tuve desde el 89 hasta a fines del 2006 (desapareció, nunca más la vi). Su nombre completo fue Pata La Loca (al igual que Juana) o Pata La Loca Locataria (convengamos que "locataria" no tiene nada que ver con "loca", pero cuando te acostumbrás a relacionar las dos palabras terminás haciéndola una sola).
Los perros de mi hermano no tienen segundo nombre, seguramente porque son muchos: Rintintín (hijo de Sansón y Dalila), Colita, Ringo y Negrito. Para completar la familia se suma el gato Mingo, que no se asusta por nada y lo único que hace es morfar y dormir. Con la Pata Loca Locataria, Rintintín, mi hermano y sobrinos compartimos hace tres años una maratón para perros: salimos segundos y nos premiaron con una bolsa de cinco kilos de dogui.
Como habrán visto, salvo el cuarto nombre de Patán (que era Guillermo) el resto de los chocos llevan nombres de choco. Eso ha cambiado hoy.
En el barrio UJEMVI, donde vive mi suegra, los chocos de esa cuadra se llaman Delfina, Tork y el famoso Felipe (a quien yo bauticé como Felipe Leopoldo Crisantemo, el perro que habla). Nunca me pintó ponerle nombres de personas a los chocos, pero parece que al menos aquí en Mendoza la tendencia es que sea así.
martes, 5 de agosto de 2008
Los buenos desconocidos
El domingo, con mi mujer, recorrimos la zona rural de Guaymallén, por una changa que hacemos cada dos meses. Muchas instantáneas para ver y recordar: un cachorrito que apenas podía caminar jugando a evitar que mi sobre no pudiera pasar por debajo de la puerta principal de una casa, un choco con doble personalidad que me mordió la mano cuando lo acaricié; un caballo de carreta tirado casi boca arriba, totalmente extenuado (siempre vi a los caballos durmiendo parado o apenas recostados), un loro parado arriba de una silla, un pibito de dos años muy querido llamado “Michael” (Maicold, le decían), una vivienda rural totalmente aislada y en extrema pobreza, y así otros más de la calle Buenos Vecinos y específicamente, Colonia Segovia.
Pero lo que más me llamó la atención fue Corralitos. Tras pasar por la estación de servicio del pueblo y ver que el jefe de esa estación Repsol se disculpó tres veces porque el baño estaba sucio (sin que yo me quejara), empecé a prestar atención en la letra chica de lo que iba a suceder y levanté el pulgar varias veces: en la calle Severo del Castillo ningún coche cruzó la doble línea amarilla, no vi ninguna maniobra rara con los automóviles, noté limpieza y orden en el pueblo, pasamos por dos barrios de clase media que parecían barrios privados, en los dos semáforos que pasamos –a una hora con bastante tránsito- ningún coche arrancó de rojo cuando estuvo por cambiar a verde y ninguno cruzó en rojo cuando acababa de pasar del verde al amarillo y de este último, al rojo (como es habitual aquí). Pero faltaba la frutilla del postre.
Cerca de las 20, ya de noche, teníamos que buscar unas viviendas de una tal calle Grenó y Tabanera, o Miralles y Ferrari, un lío. Intenté pasar el coche por un puente que cruzaba un zanjón y …el coche quedó inclinado unos 20 grados hacia el zanjón cuando la rueda derecha delantera quedó totalmente suspendida hacia adentro. El dueño de la casa adonde fuimos nos había dicho que no hacía mucho se había matado allí un jóven que había caído directamente al zanjón. La cuestión fue que decidimos no llamar a ningún familiar hasta que la grúa del seguro hiciera lo posible. Por supuesto que los nervios se desbordaron cuando la telefonista de la empresa de seguros –que atendía en Buenos Aires- empezó con la letra chica del asunto y además el tiempo que se perdió brindando los detalles de siempre (“mirá, Guaymallén es lo que ustedes dirían que es un Partido. Y Corralitos vendría a ser el sub-partido o la localidad o distrito que pertenece a ese partido –que acá le llamamos Departamento o municipio- que es Guaymallén. El tipo de la grúa lo va a entender porque es de acá”) (“Bueno señor, entre 50 y 60 minutos llega la grúa”) (“Si te dijo eso es porque va a llegar a la medianoche”, me dijo después el dueño de la casa del zanjón).
Pasó una hora y nada. Por el frío, cuatro dedos se me pusieron grises. La cuestión fue que cayó un tipo con su mujer e hijos en un Falcon rural viejo. Muy tranquilo me explicó que podía sacarlo de allí. No fue fácil decirle que sí: por más cosas lindas que dije de Corralitos, ese buen tipo en realidad podía ser un chorro que luego se podría llevar mi coche una vez que lo corriera del zanjón, ya que iba a seguir amarrado. Mi mujer me pasó una buena señal: como te dije, venía con su mujer y sus hijas (una de ellas me ofreció un abrigo). Cinco minutos después todo terminó: mi coche salió del zanjón y estaba como si no hubiera pasado nada. Nos despedimos y volvimos a Mendoza.
En los 30 minutos que recorrimos el carril Godoy Cruz no podía dejar de pensar en esto último que viví. Es que por esta papa de la inseguridad nos hemos acostumbrado a alejar a cualquier individuo de nuestras propiedades. Además, luego del caso de la familia asesinada en Campana, lo que menos se te pasa en la cabeza es que existen gente desconocida y buena. Mi mujer me comentó que ese hombre le estaba dando un buen ejemplo a sus hijas, que estaban allí viendo lo que hizo, y por esas cuestiones del pensamiento crítico de los periodistas automáticamente se me vino ver a todos esos padres que delante de sus hijos hacen abusos de autoridad, que van desde lo sexual hasta la explotación infantil en la calle, como lo son, por ejemplo, los padres de los mendigos que esperan en las esquinas que sus hijos terminen “de trabajar”. En un barrio una señora nos había dicho que “mi marido nos abandonó y ahora yo no puedo trabajar porque o sino me hacen una denuncia por abandono de los hijos” y lo que allí se me vino a la cabeza fue el recuerdo que tendrán esos hijos de sus padres, por el tamaño gran mal ejemplo que les había hecho.
Sentí que aprendí una lección para vivirla (que es no agrandar demasiado los problemas) y que la gente buena existe y siempre va a seguir existiendo.
sábado, 2 de agosto de 2008
Lo salvó De la Rúa
Estó pasó la noche en que el ex presidente Fernando De la Rúa se fue en el helicóptero de la Rosada.
Aquí en Guaymallén, en el Pereyra o el Sauce, no recuerdo bien, un hombre estaba internado con una profunda depresión. Cuentan los familiares que por aquellos días su único deseo era morir y lo repetía constantemente.
Por alguna razón, aquel 19 de diciembre su depresión se agravó y convocó a sus familiares para anunciarles que acababa de tomar la decisión de suicidarse. Esto no fue para nada lindo y para el colmo, el país se estaba hundiendo en serio.
Dicen que en un momento su esposa lo reprendió y el hombre insistió con más tristeza rabiosa que se iba a matar. De repente alguien apretó el control remoto del televisor. La primera imagen fue la del ex presidente dejando la Rosada en el helicóptero. Y ese hombre, que lo único que deseaba era pegarse un tiro, lo vio y exclamó: "a ese hijo de p... yo lo voté, ¡qué está haciendo!".
Al parecer, no se despegó del televisor hasta que el conductor de Crónica TV apagó la lámpara de su mesita de luz.
Finalmente...fue un día más en su vida (todavía vive).
Aquí en Guaymallén, en el Pereyra o el Sauce, no recuerdo bien, un hombre estaba internado con una profunda depresión. Cuentan los familiares que por aquellos días su único deseo era morir y lo repetía constantemente.
Por alguna razón, aquel 19 de diciembre su depresión se agravó y convocó a sus familiares para anunciarles que acababa de tomar la decisión de suicidarse. Esto no fue para nada lindo y para el colmo, el país se estaba hundiendo en serio.
Dicen que en un momento su esposa lo reprendió y el hombre insistió con más tristeza rabiosa que se iba a matar. De repente alguien apretó el control remoto del televisor. La primera imagen fue la del ex presidente dejando la Rosada en el helicóptero. Y ese hombre, que lo único que deseaba era pegarse un tiro, lo vio y exclamó: "a ese hijo de p... yo lo voté, ¡qué está haciendo!".
Al parecer, no se despegó del televisor hasta que el conductor de Crónica TV apagó la lámpara de su mesita de luz.
Finalmente...fue un día más en su vida (todavía vive).
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